La última amenaza de Verstappen

El desencanto con los nuevos F1, sus intereses en otras competiciones y la crisis de Red Bull acercan, más que nunca, la retirada de ‘Mad Max’.

Jesús Balseiro
As
Más allá de la negatividad de los pilotos alrededor de los nuevos F1, la superioridad de Mercedes o el batacazo de Aston Martin, las primeras tres carreras de 2026 convierten a Verstappen en protagonista involuntario. No por sus triunfos o podios, no hubo ninguno, sino por sus comentarios sobre las características de los nuevos monoplazas y el flirteo constante con la posibilidad de una retirada anticipada. El cuatro veces campeón ha dejado bien claro que si no disfruta al volante, no tiene necesidad de estar en la parrilla. Y como los grandes dirigentes de la FIA y la F1 no pueden permanecer ajenos a estas demandas, deben escuchar a los pilotos y poner en marcha cambios, desde Miami, para suavizar el impacto de las baterías.

El cuatro veces campeón ya lanzó la piedra en pretemporada calificando a los F1 de 2026 como “un Fórmula E con esteroides” y en los últimos años ya había sido abiertamente crítico con el concepto de motores híbridos al 50%, por lo que sentía en los simuladores. La escalada en sus comentarios recientes le ha llevado a afirmar que este estilo de pilotaje conduce a las “anticarreras, quien disfrute de esto no entiende de automovilismo, es el Mario Kart”.

A estas alturas, nadie duda que el holandés, de 28 años y en su 13ª temporada de F1, dice la verdad cuando amenaza con marcharse. Y las informaciones de la prensa holandesa son certeras cuando deslizan que la retirada es una posibilidad. Es su entrevista con la BBC tras el GP de Japón puso condiciones: “Depende de lo que decidan para el próximo año. Para este año sé que están intentándolo lo mejor que pueden, pero esto es algo político que también depende de otros fabricantes. Solo quiero que sea más divertido de pilotar. Este año con pequeños cambios no espero una gran diferencia, pero sí espero cambios grandes para 2027”.

En Red Bull este escenario genera máxima preocupación. La empresa energética ha eliminado progresivamente a todas las figuras con liderazgo y ascendencia sobre Max, como Horner, Newey y Marko; y la estructura del equipo perdería casi todo su sentido sin Verstappen. Hadjar, Lawson o Lindblad son pilotos con más o menos proyección, pero no pueden ocupar el espacio del campeón más dominante de los últimos tiempos. Tampoco es cuestión de buscar un cambio de aires: a pesar del interés de Mercedes, no muchos equipos pueden plantearse pagar más de 50 millones de euros por temporada a Verstappen. Y ninguno, más allá de Red Bull, podría satisfacer todas sus demandas dentro del garaje, como piloto prioritario, y fuera, con sus escarceos constantes en los GT o las 24 Horas de Nurburgring. Ni tampoco consentir con mala cara el reciente desplante a un periodista.

La última amenaza de Verstappen Max Verstappen, entrando al box de Red Bull en el GP de Japón.Getty Images / Red Bull Content Pool

Sin embargo, hay un factor latente que no debe pasarse por alto: Verstappen tampoco está mostrando su mejor versión en 2026. Se escucha incluso en el paddock, desde sectores cercanos al holandés. Hadjar ha partido por delante en las parrillas de Australia y Japón, y en China apenas se quedó una décima por detrás. El casi medio segundo que asestaba por decreto a sus compañeros se ha evaporado. Ni siquiera en carrera se aprecia esa versión agresiva e implacable, se pasó el domingo de Suzuka persiguiendo al Alpine de Gasly. No ayuda la mediocridad del Red Bull, sexto o séptimo coche. Mekies, jefe del equipo, está convencido de que “Max sería mucho más feliz con un coche mejor”. Aunque el relato de Verstappen desmiente ese supuesto. Y mientras ni la F1, ni el equipo, ni el piloto muestran su mejor versión, las tres partes se acercan a un peligroso punto de no retorno.

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