La dictadura de Daniel Ortega consolida a Nicaragua como “la Corea del Norte” de las Américas
The Economist la señala como el caso de mayor deterioro democrático acumulado desde 2011 y el informe V-Dem la ubica entre los cinco países más autocráticos del mundo
InfobaeDistintos expertos en diferentes ocasiones han calificado a Nicaragua como la Corea del Norte de Latinoamérica. En los últimos días, tanto el informe de V-Dem 2026 como el índice de democracia de la Unidad de Inteligencia de The Economist han colocado al país como el más cerrado y autocrático de América, compartiendo el sótano a nivel mundial con regímenes como Myanmar, Corea del Norte y Eritrea.
El Democracy Report 2026 del V-Dem Institute, de la Universidad de Gotemburgo, Suecia, coloca a Nicaragua en el puesto 175 entre 179 países en el Índice de Democracia Liberal. Su puntuación es de 0.02. En esa tabla solo aparecen peor Myanmar, Corea del Norte y Eritrea, mientras Afganistán queda apenas un escalón arriba o a la par, según el componente que se observe.
El informe V-Dem dice que en Nicaragua Daniel Ortega y el FSLN “socavaron la calidad de las elecciones, abolieron los límites a la reelección presidencial y cerraron o silenciaron a la oposición, a los medios y a las organizaciones civiles”. Añade que la Constitución aprobada en 2025 “cimentó aún más su poder”.
El índice de democracia 2025 de la Unidad de Inteligencia de The Economist, publicado esta semana, llega al mismo foso por otra ruta. Mide el deterioro acumulado desde 2011 hasta 2025. Y ahí Nicaragua aparece como el país que más ha empeorado en democracia en el mundo.
Su puntaje general es de 1.97, dentro de la categoría de “régimen autoritario”, y el desplome se concentra en tres zonas decisivas: procesos electorales y pluralismo, participación política y libertades civiles.

Corea del Norte de América Latina
La politóloga guatemalteca Gloria Álvarez advirtió este desplome desde 2017 cuando bautizó a Nicaragua como “la Corea del Norte de América Latina”.
Álvarez señalaba entonces los riesgos del “absoluto compadrazgo” entre el sector empresarial y el régimen, una sociedad de conveniencia que, a su juicio, bloqueó la aparición de élites con voluntad real de confrontar el poder.
Para Álvarez, Ortega aprendió de sus errores de los años ochenta y dejó de pelearse con todos a la vez. En vez de eso, negoció, cooptó y administró un orden de miedo más silencioso. Lo definió como un “dictador del socialismo del siglo XXI, pero con maestría y doctorado”.
La expresidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla reaccionó en términos similares cuando en 2021, Daniel Ortega y Rosario Murillo cerraron cualquier salida electoral a la crisis del país y apresaron a todos los candidatos de oposición y proscribieron los partidos políticos que les podían hacer competencia.
“Cada vez es más claro que Nicaragua es la Corea del Norte de América Latina, si no es que la está superando por creces en un régimen despótico, un régimen cargado también de nepotismo, claramente, y un régimen cada vez más aislado de la comunidad internacional”, expresó en esa ocasión en entrevista a la plataforma Confidencial.
Juan Pappier, subdirector para las Américas de Human Rights Watch, también hizo la comparación con la dictadura asiática en febrero pasado. “Hoy Nicaragua es la Corea del Norte de nuestro hemisferio, el país más represivo que hay en nuestra parte del mundo”, dijo.
Pappier señaló dos fenómenos nuevos incorporados en 2025: la Constitución que legalizó la concentración absoluta del poder en la presidencia compartida de Daniel Ortega y Rosario Murillo, y la profundización de las denuncias de represión transnacional, incluida la muerte de Roberto Samcam en Costa Rica y los señalamientos del Grupo de Expertos de la ONU sobre acoso y persecución más allá de las fronteras.
Para el nicaragüense Douglas Castro, especialista en Ciencias Políticas, la comparación con Corea del Norte sirve para dimensionar el cierre del espacio cívico, aunque aclara que formalmente Nicaragua sigue celebrando elecciones multipartidistas y por eso algunos índices todavía no la catalogan como autocracia cerrada.

Considera que colocar a Nicaragua en esos listados le genera un sentimiento “positivo”. “Ayudan a darle magnitud real a lo que pasa”, dice. En Europa, agrega, se habla mucho de Viktor Orbán (Hungría) o de Recep Tayyip Erdogan (Turquía) como ejemplos de autoritarismo, pero “ya nos gustaría tener (en Nicaragua) la situación que tienen en Hungría o en Turquía”, ironiza.


