El triunfo electoral de Péter Magyar abre una nueva etapa política en Hungría
La reciente votación legislativa concede al líder del partido Tisza un respaldo amplio, que traduce el descontento popular hacia la gestión anterior e introduce una agenda enfocada en el fortalecimiento democrático y la recuperación económica
InfobaeEl economista de 45 años y exfuncionario gubernamental Péter Magyar fue elegido como nuevo primer ministro de Hungría tras imponerse en las elecciones parlamentarias del domingo, poniendo fin a dieciséis años de gobierno de Viktor Orban. El triunfo de el partido Tisza le otorgó la mayoría absoluta en el Parlamento, en un resultado que el propio Magyar vinculó al hartazgo social frente a la corrupción y el deterioro económico que afecta al país. Describió la victoria como “el comienzo de una nueva era” para la nación centroeuropea y señaló que Hungría se encuentra entre los países más afectados por escándalos de corrupción y dificultades económicas.
En su primer mensaje como jefe de gobierno electo, declaró que el país fue robado y endeudado, y que está “entre los más pobres y corruptos de la UE”. Atribuyó el resultado electoral a una demanda popular de ruptura con el modelo anterior y prometió una “transición corta y rápida” para desmontar el régimen asociado a Orban. En tanto, afirmó que “los húngaros no votaron solo por un cambio de gobierno, sino por un cambio de régimen completo”.
Como primera medida institucional, solicitó al presidente Tamas Sulyok la pronta convocatoria del Parlamento y estableció como prioridad la implementación de reformas anticorrupción, así como la reapertura de negociaciones para liberar los fondos europeos congelados. Subrayó la intención de “construir un país basado en el Estado de derecho democrático, que respete a los mayores, proteja a los menores y la propiedad privada” y acusó al saliente primer ministro de alentar una “propaganda de odio” responsable de fracturar la cohesión social.

En el plano internacional, el nuevo líder anticipó una política exterior distinta y anunció el restablecimiento de relaciones con la Unión Europea y Ucrania, asegurando que Hungría seguirá alineada al bloque y gestionando la restitución de los fondos bloqueados por Bruselas. El jefe de gobierno electo también prometió que “Hungría volverá a la Corte Penal Internacional (CPI)”, organismo del que Orban había retirado al país. A nivel diplomático, se comprometió a que el gabinete no aceptará “ninguna forma de antisemitismo” y agradeció a Moscú y Beijing su voluntad de mantener una cooperación pragmática.
Respecto a la relación con Kiev, garantizó que su equipo no bloqueará el préstamo de 90.000 millones de euros de la Unión Europea para apoyar a Ucrania ante la invasión rusa, aunque reiteró su rechazo a la participación húngara en el envío de ayuda militar comunitaria o en respaldar una adhesión acelerada de Ucrania al bloque: “Estamos hablando de un país en guerra. Es completamente impensable que la Unión Europea admita a un país en guerra”, dijo y sostuvo que Ucrania aún no cumple los requisitos para su ingreso.
En materia de justicia, el primer ministro electo propuso que Hungría se integre a la Fiscalía Europea y anunció la creación de una oficina dedicada a investigar posibles desvíos de fondos europeos durante los mandatos de Orban. Denunció que allegados del saliente primer ministro, incluido el canciller Péter Szijjártó, están destruyendo documentos relacionados con Rusia.
A nivel interno, planteó que el puesto de jefe de gobierno se limite a dos mandatos, con efecto retroactivo para los periodos de Orban. Confirmó la vigencia de la política antiinmigración y la permanencia de las vallas en la frontera sur, instaladas en 2015. También buscará un acuerdo con la Unión Europea para detener la “multa diaria de un millón de euros” por incumplimiento de las normativas sobre asilo.
En el ámbito de los derechos civiles, adoptó un tono más moderado respecto a la comunidad LGBTI, al afirmar que “todo el mundo debe vivir como quiera y amar a quien quiera, mientras no dañe a otros”. Además, se comprometió a formar un gabinete con verdaderos expertos y garantizar el acceso regular de los medios de comunicación a los ministros. La recuperación de la libertad de prensa —deteriorada según listados internacionales— figura entre las prioridades de su administración.
El propio Magyar calificó la situación de Hungría como una crisis económica y política, y recalcó que el resultado electoral implica


