El Paredazo
Con Paredes como gran figura y goleador, Boca le rompió el invicto al River de Coudet y se sigue haciendo fuerte en todos lados.
Es una diferencia enorme que no se ve reflejada en el resultado por una sencilla razón: si bien no hay nadie como él en River, tampoco lo hay en Boca y habría que ver si Boca hubiera ganado sin él. Ojo: el 5 ha potenciado a su equipo, le ha inyectado calidad y fiereza, ha sido clave en el manejo del grupo -para darle una mano enorme a Úbeda-, ha sabido dejar de lado sus discrepancias con la conducción anteponiendo su sueño, el de ser campeón con Boca. Nadie asegura que pueda cumplir con ese deseo, pero por lo que se ve partido a partido, sólo cabe agradecimiento. Le ha dado al equipo su impronta, dejando de lado una Europa que ya lo reclama de nuevo a gran escala y está mostrando en Boca esa faceta de líder que no tenía por obvias razones -era un chico- cuando se fue. Europa nos entrega una versión mejorada, más completa y moderna, el modelo de mediocampista de élite. Y Boca tiene la fortuna de tenerlo entre sus filas, de contarlo como jugador franquicia.
Cuando llegó, inútilmente se intentó sostener al capitán ausente, Cavani. Paredes le ganó el mando con acciones y tomó el poder como se lo toma, por peso propio. Al final del partido, Ander Herrera, que tiene algunos kilómetros recorridos en el primer nivel, se apuró el devolverle la cinta que había heredado en el cambio para que fuera el 5 quien apareciera con ella en los festejos. Es apenas un gesto, un reconocimiento, todos saben quién manda.
Lo insólito es que, conociéndolo como se lo conoce, River haya jugado tan mal, haya sido tan pasivo, tan inocente como para dejarle tiempo y espacio. No marcó lanzador ni receptor, dos veces seguidas en un par de minutos, y lo pagó carísimo. Con la derrota y el invicto en el partido menos deseado.
Por supuesto, Paredes necesitó de un Merentiel que se inspira particularmente contra River -acaso porque Boca en esos partidos alterna el protagonismo y le quedan más espacios- y que fue a buscar esas dos pelotas y una más al principio. Una terminó en penal, en el penal que Paredes puso lejos de Beltrán antes de hacerle el Topo Gigio a la hinchada de River, que lo había silbado mucho -siempre uno ataca al que lo puede dañar, al dueño de sus temores.
También necesitó, Leandro, de una defensa como la que tuvo. No sólo los defensores sino todos, pero especialmente los dos centrales, fieras absolutas, que cerraron todo. Con Di Lollo quizá en su mejor actuación individual. Hubo jugadas en las que perdieron (Salas le ganó un cabezazo a Costa), sí, pero las virtudes del rival también cuentan. Flojo Weigandt, Blanco cometió al final una torpeza que podría haber costado carísima con ese empujón innecesario, un empujón verde boludo, no verde limón ni verde manzana. Si Herrera lo cobraba, y River empataba, hubiera sido responsable máximo. Por suerte el juez compensó la barbaridad del primer tiempo, cuando no echó por doble amarilla a Rivero en la mano del penal.
Y los demás también aportaron lo suyo: Bareiro los enloqueció hasta que salió, Zeballos revolcó tres veces en las contras a Beltrán, Ascacíbar y Delgado tuvieron sus chances. Visto de este modo, la cantidad de situaciones de contra del segundo tiempo parecen darle la razón a la postura que eligió Úbeda, pero la verdad, siempre es riesgoso pararse tan atrás porque siempre hay alguno que se manda una boludez verde. Boca es mucho más que lo que mostró en el Monumental, pero nunca se desprecia un triunfo de estos por lo que significan en sí mismos y para lo que viene. Además, le rompió el invicto a su rival de siempre y encima conservó el propio.
Coudet eligió no esconderse detrás del árbitro por la falta de inteligencia o la pobreza de su equipo y cortó con la dulzura de los que nunca largan la mamadera. Y en definitiva, y a pesar de que pudo haber sufrido mucho más si Boca acertaba todo lo que desperdició, la diferencia fue Paredes. Sólo Paredes. Autor desde hoy, 19 de abril de 2026, de lo hemos de recordar de ahora en más como El Paredazo.


