El control de juego de Boca contra la verticalidad de River

Se viene un Superclásico con equipos en buen nivel. Dónde sacan ventajas unos y otros y qué debilidades los exponen. Estilos distintos, un mismo objetivo: ganar.

Hugo Balassone 
TyC
Se viene un superclásico distinto. Ambos llegan cerca de la plenitud futbolística. Boca se expande a partir de Paredes. River muestra algunos trazos que identifican al estilo Coudet. El calendario los ubica en un lugar de mayor estabilidad, algo inimaginado hace un par de meses cuando River despedía a Gallardo y la Bombonera reclamaba por la salida de Ubeda.

En los análisis de los equipos, hay cuestiones conceptuales que pueden influir y puestos de la cancha donde uno luce, en principio, más fuerte que otro.

El mediocampo de Boca pareciera tener mejor presencia con ese doble cinco que componen Paredes y Milton Delgado. A éste último el respaldo del campeón del mundo le permitió jugar con más libertades y sumar virtudes en el pase al conocido despliegue con el que irrumpió en primera división. Los desplazamientos de Santiago Ascacíbar le permiten llegar por sorpresa a la zona de definición (se observó repetidamente frente a Barcelona de Guayaquil por la Copa Libertadores), y la aventura de Tomás Aranda le aportó a Ubeda un puente entre el mediocampo y el ataque.

En esa zona River tiene otro diseño. Aníbal Moreno es el mediocampista central y Fausto Vera (descartado por un esguince de rodilla) era el que se desprendía. Galván le ha dado verticalidad al mediocampo, especialmente por el costado derecho. Ante la posible baja de Vera, se abre el juego de opciones que van desde Juan Cruz Meza, Giuliano Galoppo y hasta el resistido Kevin Castaño. La otra disyuntiva es si Chacho sostiene a un oscilante Ian Subiabre o apuesta por la frescura del ecuatoriano Kendry Páez, que le cambió la cara a River para la victoria ante Carabobo.

Será un superclásico de arqueros debutantes. Beltrán llega más afirmado en el puesto que Brey. Al joven arquero de Boca la lesión de Marchesín lo pone ante una prueba de fuego para determinar si Boca necesitará o no un arquero para el próximo mercado de pases.

El contraste de delanteros de uno y otro es marcado. Tanto Bareiro como Merentiel son de características distintas respecto de Colidio y Driussi. El paraguayo jugará para demostrar que en River se equivocaron en ponerlo poco y su compañero de ataque tiene buenos antecedentes en los clásicos.

Respecto de los delanteros de River, hay un ajuste interesante de Coudet sobre Colidio. A diferencia de las etapas de Demichelis y Gallardo, donde partía como extremo izquierdo, ahora juega centralizado y tiene libertades para moverse en el centro del ataque. Driussi llega al superclásico con flecha para arriba: rompió la sequía goleadora coincidentemente con la última serie de triunfos del equipo (marcó 5 goles desde la llegada de Coudet).

En el aspecto defensivo, ambos tienen matices. Montiel tiene otro voltaje respecto de Weigandt para proyectarse. Y tanto Blanco como Acuña pasan al ataque con mucha suficiencia. En la dupla de centrales hay paridad. Mientras en River, Martínez Quarta está más afirmado que Rivero, en Boca Di Lollo y Costa aventajan por poco margen a Figal y Pellegrino en esa competencia interna.

Boca hace tiempo que no va a la cancha de River a imponer condiciones, más allá de haber ganado 1-0 en 2022 con gol de Villa. La fisonomía de juego que ha conseguido le permitir adueñarse de la pelota y controlar el juego. Con Coudet, River tiene un equipo más dinámico y vertical, y consiguió un efecto anímico distinto a partir de los triunfos.

Se viene un duelo de encumbrados. De equipos que se están desarrollando y no sabemos cuál será su techo. Este partido les marcará de qué están hechos. Si el camino a la cima puede cargarlos de dudas o convencerlos del rumbo correcto.

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