Difícil de ver en la Copa Sudamericana: River paga sus pecados
Al igual que en Río Cuarto, el equipo de Coudet confirmó en el accidentado partido ante Blooming que no tiene problemas en jugar feo de visitante, casi en simbólica solidaridad con los hinchas que no pudieron seguir el partido por TV.
Lógicamente condicionado con 10 futbolistas, lo que siguió fue un River posible, no el River ideal, que se trajo un empate que antes del partido parecía muy poco y que durante el accidentado desarrollo subió en la valoración como el petróleo cada vez que Donald Trump hace una de las suyas. En todo caso, el valor real del punto se sabrá cuando Bragantino visite a Santa Cruz de la Sierra: todo lo que no sea River primero en el grupo será otro fracaso.
Son tiempos, tras un ciclo -el segundo de Marcelo Gallardo- que hizo casi todo mal, en el que Coudet trata de reducir los daños al mínimo posible, a veces sacrificando el buen gusto que suele emocionar al hincha. Si tiene que ser un River feo -como en Río Cuarto y como en el segundo tiempo en Bolivia-, lo será. Tras perder con Riestras, Sarmientos y Gimnasias, River también debería valorar más lo que poco que suma que lo mucho que deja de sumar.
En un campo de juego muy pesado, Blooming le demostró a River que tendrá que ensuciarse en el barro para volver a ser: a la Sudamericana también hay que ganársela. Si en 2025 fue un equipo -o un club- que subestimó, en 2026 no deberá volver a hacerlo. Con una actuación de 5 puntos no le alcanzó para ganar.
Desgastado
físicamente, especialmente en un segundo tiempo en el que River perdió
la pelota y se aferró al empate como si fuera un viaje de negocios y no
de placer, Coudet inició cambios durante la noche boliviana -algunos de
ellos extraños- que seguramente repetirá el domingo en Avellaneda ante
Racing, el punto de inicio de una semana que seguirá luego con Carabobo y
Boca.
Será tiempo, entonces, de saber si River ya terminó de pagar todos sus pecados de 2025.


