Científicos alertan de un posible colapso de la corriente Atlántica: “Es muy preocupante”

La circulación meridional de vuelco del Atlántico funciona como una cinta transportadora de calor y regula las temperaturas en Europa y el hemisferio norte.

Almudena García Felipe
As
Un nuevo estudio científico ha encendido las alarmas sobre uno de los sistemas más importantes del planeta: la circulación oceánica del Atlántico. Los investigadores advierten de que su colapso es ahora mucho más probable de lo que se pensaba.

La llamada circulación meridional de vuelco del Atlántico (AMOC) ya se encuentra en su punto más débil en al menos 1.600 años. Y ahora, los datos apuntan a que podría estar acercándose a un umbral crítico.

¿Qué es la AMOC?

La AMOC es un sistema de corrientes oceánicas que funciona como una enorme cinta transportadora de calor en el planeta. Transporta agua cálida desde las zonas tropicales hacia el norte del Atlántico, especialmente hacia Europa, donde se enfría, se vuelve más densa y se hunde, regresando después en profundidad hacia el sur.

Este proceso es fundamental para el equilibrio climático global. Gracias a él, por ejemplo, Europa occidental disfruta de temperaturas mucho más suaves de lo que le correspondería por su latitud.

Sin embargo, este delicado mecanismo depende de factores como la temperatura y la salinidad del agua. Cuando estos cambian, como está ocurriendo con el calentamiento global, el sistema puede ralentizarse o incluso colapsar.

Un sistema al límite

La nueva investigación, publicada en Science Advances, concluye que los modelos climáticos más pesimistas —los que preveían una mayor desaceleración— son en realidad los más fiables. Al combinar datos reales del océano con simulaciones, los científicos han reducido la incertidumbre.

El resultado es preocupante: la AMOC podría debilitarse entre un 42% y un 58% para el año 2100, un nivel que la acercaría peligrosamente a un punto de no retorno.

El investigador Valentin Portmann señala que esto implica que el sistema está “más cerca de un punto de inflexión” de lo que se pensaba. En la misma línea, el climatólogo Stefan Rahmstorf advierte: “Cada vez me preocupa más que podamos superar ese punto de inflexión a mediados de este siglo”.

Consecuencias globales

La importancia de esta corriente va mucho más allá del océano. Su colapso tendría efectos en cadena en todo el planeta.

Entre las principales consecuencias, los científicos apuntan a inviernos mucho más fríos en Europa occidental, alteraciones en las lluvias tropicales —clave para la agricultura en muchas regiones— y una subida adicional del nivel del mar de entre 50 y 100 centímetros en el Atlántico.

El debilitamiento está directamente relacionado con el calentamiento global. El aumento de temperaturas en el Ártico ralentiza el enfriamiento del agua, mientras que el deshielo de Groenlandia introduce agua dulce que reduce la salinidad, dificultando aún más el hundimiento del agua.

Aunque el sistema es complejo y difícil de predecir con exactitud, el consenso científico es claro: el riesgo de colapso ya no es remoto. Y evitarlo dependerá, en gran medida, de la capacidad global para frenar el calentamiento del planeta.

Entradas populares