Real Madrid-Manchester City / Valverde se hace leyenda

Un hat-trick del uruguayo pone nombre a la hazaña del Madrid ante un City desconocido. Vinicius falló un penalti. Noche de enorme emoción en el Bernabéu.


Luis Nieto
As
La cuestión en el Madrid andaba entre ganar tiempo, a la espera de que en la vuelta sume a Mbappé y los que puedan, o aprovecharlo con lo que había, que no era demasiado. Y los que quedaban, siguiendo la bandera de Valverde, autor de un hat-trick, optaron por una defensa heroica del escudo y del himno, del equipo castizo y generoso, todo nervio y corazón, para escribir una hazaña quién sabe si histórica sin necesidad de remontar. Parecía imposible encontrarle tal encanto a un partido de ida.

Fue una noche especialmente emotiva, en la que lo que aún andaba en pie del Madrid no se ahorró una gota de sudor, la bravura que admira el estadio, y construyó una victoria encomiable desde la adversidad, la solidaridad, la inteligencia y el buen fútbol. Sucedió ante un City al que dejó en poca cosa, especialmente en defensa. Fue la noche gloriosa de Valverde, pero también de Thiago, de Tchouameni, de los centrales, del grupo, lo que sueña un entrenador. Arbeloa, más que nadie.

Noche histórica en el Bernabéu con tres golazos del uruguayo en la primera parte. Los de Arbeloa ganan 3-0 al conjunto de Guadiola. Vinicius falla un penalti.

La garra blanca

Con el Madrid convertido en caso clínico, en sentido literal, Arbeloa se decantó por el riesgo: Huijsen en lugar de Asencio, decisión a contracorriente del Bernabéu, público muy desconfiado con el hispano-holandés; Thiago, de 18 años, para desembarcar en Normandía antes que Camavinga, internacional francés con callo en la competición; y Brahim, muy desaprovechado tras su regreso de la Copa de África, por Gonzalo, nueve hecho en casa. Esta última decisión tuvo mucho que ver con las previsiones sobre el partido: Gonzalo es útil en un equipo dominante, volcado sobre el área, el territorio que tan bien conoce, y Brahim está más capacitado para el contragolpe. En definitiva, el Madrid daba por perdida la pelota de salida, aunque este City ha abandonado esa obsesión integrista por ella. También esa capacidad de intimidación de antaño.

Valverde se hace leyendaValverde marca el 1-0 a puerta vacía.Angel Martinez

Y eso que Guardiola quiso plantar en el área del Madrid un cuerpo de ejército, con todo tipo de especialistas: organizadores (Rodri y Bernardo Silva), regateadores (Savinho y Doku) y martillos (Semenyo y Haaland). Un equipo teóricamente muy mejorado respecto al que ya ganó en el Bernabéu en la liguilla sin tener demasiado de qué presumir.

Pero desde el arranque se encontró un Madrid que no esperaba, orgulloso, nada acobardado y más intenso de lo habitual, activado en modo Champions, más inclinado hacia la esperanza que hacia el pavor. Eso no le libró de que el peligro se colase en los primeros minutos por donde se esperaba, la banda izquierda, con un supredriblador, Goku, auxiliado por un lateral de larga distancia, O’Reilly. Antes del primer cuarto de hora pasearon tres centros cruzados por el área blanca que no encontraron a Haaland, el hombre que siempre debió estar ahí. Demasiada fuerza de asalto para Trent, hasta que el superhéroe de la noche, Valverde, acudió a rescatarle.

El gol que lo cambió todo

Con todo, estuvo más cerca del gol el Madrid, en un pase picado de Vinicius a Brahim que este, apremiado, estrelló en Donnarumma. Y entonces llegó el gol que lo cambió todo, casi por sorpresa. Courtois le mandó un pelotazo a Valverde, que arrancó en el propio campo, le ganó la espalda a O’Reilly, esprintó, salvó al meta con un autopase (el italiano se aturulló y no quiso tocar el balón porque creyó, equivocadamente, que estaba fuera del área) y marcó a puerta vacía. Un gol de cabeza y pulmones justo en el momento en que el City se había vuelto más invasivo. Valverde dignificó su brazalete y decidió meterse el partido en el bolsillo.

Valverde se hace leyendaValverde cruza su disparo para marcar el 2-0.OSCAR DEL POZO

Para entonces el estadio ya había abandonado la depresión previa. En realidad, le duró hasta que empezó a rodar la pelota. Luego fue una retaguardia estupenda, porque la Champions aviva la fe en este club. Ese baño de autoconfianza condujo al Madrid al segundo gol. Fue en una arrancada de Brahim, que pareció no encontrar compañía, pero buscó a Vinicius, que trazó una diagonal hasta meter un balón raso al corazón del área y ahí volvió a aparecer Valverde para, con la izquierda, como nueve interino, cruzar el tiro a la red. Dos bofetadas a un City que había seguido la pista falsa de tener enjaulado al Madrid.

Lógicamente, el resultado obligó al equipo inglés a espabilar y al Madrid a refugiarse. Nadie duda de que las posibilidades blancas, con un equipo tan mermado, pasan por defender extraordinariamente bien. Con Ancelotti supo hacerlo, bien lo sabe el City.

El sombrero uruguayo

Así que aguantó a Doku, el revoltoso de la noche, y llamó por tercera vez a Valverde, para que este metiese uno de los goles de su vida. Picó Brahim una pelota en el área para que el uruguayo hiciese una especie de sombrero de artesanía para limpiarse a Guehi y batiese por tercera vez a Donnarumma. Una definición extraordinaria, de seda, de un futbolista que ha construido su carrera desde la potencia. Él se proclama centrocampista y sus entrenadores no se atreven a tanto, porque le ven magnífico allá donde le pongan.

A partir de ahí sí se vivió el partido que figuraba en los pronósticos: un City volcado, ya con un centrocampista más (Reijnders), y un Madrid meciéndose en su ventaja, aunque lo primero que se supo en la segunda mitad es que Brahim rozó el cuarto, tras un enorme quiebro en el área. Su disparo lo salvó Donnarumma.

Valverde se hace leyendaValverde fusila a Donnarumma para anotar el 3-0.Angel Martinez

Y a la primera parada de Courtois, tras tiro de Semenyo, le sucedió una contra de Vinicius que concluyó en penalti del propio Donnarumma. El italiano expió algunos de sus pecados deteniendo el penalti lanzado sin demasiado convicción por el brasileño. Era la oportunidad de rematar al City y el Madrid la dejó pasar. Vinicius pidió perdón y se lo concedió el Bernabéu, pese al jarro de agua helada. Ojalá no tenga que echar de menos ese gol en el Etihad.

Luego Courtois salvó a Thiago, que en un error de recluta le había regalado un gol a O’Reilly. Fue una imprudencia que nadie le tomó en cuenta por la parada milagrosa del belga. Fue la última gran ocasión de un City que olvidó el mensaje previo de Guardiola. El Madrid siempre es el Madrid, incluso cuando no lo parece.

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