Paolo Berlusconi: “Cuando estoy triste me pongo vídeos de Ronaldinho con el Milán”

Cuarenta años después, la herencia de Silvio Berlusconi sigue iluminando al Milan: una revolución estética y competitiva que cambió el Calcio para siempre.

As

Han pasado cuarenta años, pero el firmamento Milán sigue ligado a la figura indisoluble de Silvio Berlusconi, tótem que se resiste a mutar en efigie. Está salvaguardada, tutelada por la historia, que comenzó a escribir en los albores de 1986. Lo que vino después -hasta que el club rossonero fue vendido en 2017- es prácticamente gore: un puñado de scudetti y Champions League (29 trofeos en 31 años), fútbol revolucionario y profético, carrusel de Balones de Oro. También entrenadores herejes que hoy siguen estudiándose en las escuelas.


Sí. El matrimonio supuso un capítulo determinante en la enciclopedia de un deporte que él embelleció cual hedonista. Es cierto que en su obra pictórica también hubo manchas sumidas en presuntos enjambres de corrupción o conflicto de intereses (llegó a ser varias veces Primer ministro y controlar hasta seis televisiones), pero también que enalteció el Calcio como nadie.

Tuvo ayuda en la sombra. Ordas inseparables. Por un lado, estaba Galliani -director deportivo-; por el otro su hermano menor, Paolo Berlusconi (Milán, 1949), que atiende al diario AS por teléfono. Además de ser empresario y editor, también fue vicepresidente del club lombardo, otrora dotado de unas ínfulas divinas dispuestas a cambiar las reglas del juego. Para siempre. Lo recuerda así.

- Este año es el décimo aniversario de la muerte de Johan Cruyff. Su hermano Silvio se sacó de la manga una operación de marketing fantástica. Corría el año 1981, y para llevar el gran fútbol a Canale 5 incidió en un acuerdo entre Milán y Ajax para que el holandés jugara 45 minutos con los rossoneri en un Mundialito. Enfrente, el Feyenoord. El resultado (0-0) fue lo de menos. Fue un pionero. ¿Lo recuerda?

Sí, ahora me viene a la cabeza, pero ese no era nuestro Milán aún. Sirva todo esto para que no olvidemos algo importante, y que siempre tenía presente mi hermano: “el fútbol es un juego, y no una competición. Así debería ser siempre. Parece una tontería, pero no podemos olvidarlo porque es clave para entender todo”.

- Pretendía agradar el alma. Uno de los mejores episodios futbolísticos de ese Milán inmortal fue precisamente contra el Barça en Atenas. Supuso la defunción prácticamente del Dream Team.

Un día increíble. Recuerdo que llegamos allí en nuestro avión privado con Baresi y Costacurta, que no pudieron jugar ese partido. Estábamos preocupados inicialmente, pero con los goles de Massaro, Savicevic y Desailly terminamos de concretizar una superioridad en el campo aplaudida por todo el mundo. Respecto a lo que dices del declive de ese Barça… No sé. Lo veo de otra manera, y es que todo eso quizás anticipó el resurgir nuevamente del conjunto blaugrana. Hoy, sin duda, uno de los mejores del mundo. La vida es un ciclo, y lo importante es tener la fuerza para comenzar nuevamente.

Paolo Berlusconi: “Cuando estoy triste me pongo vídeos de Ronaldinho con el Milán”Silvio BerlusconiSTEFANO RELLANDINI

- 1986. Se produce la compra del Diavolo. Usted, enseguida vicepresidente. ¿Les gustaba el fútbol o todo era un negocio?

Siempre hemos sido del Milán. Desde pequeños. El club estaba atravesando un momento decadente. Recordemos que incluso estuvo en Serie B (1982-83). El presidente Giuseppe Farina estaba prácticamente llegando a su fin en 1986, y entonces Silvio pensó que había llegado del momento de devolver a la ciudad lo que, precisamente, Milán le había dado a él. Nuestra candidatura era algo natural. Teníamos clara esta operación. Existía la opción de entrar en sociedad con un petrolero italiano, pero no prosperó…

- ¿Por qué?

Su propósito era el de vender los emblemas: Baresi, Maldini… Las joyas de la corona. Decidimos que con un socio así no íbamos a ningún sitio. En definitiva, la adquirimos nosotros. Silvio, enseguida, dijo esto: “Esto no basta. Este Milán debe ser ahora el mejor equipo del mundo”. La gente no le creía, pero al final no tuvieron más remedio que darle la razón.

- ¿Cuánto costó ese Milán, a punto de quebrar?

No lo recuerdo bien. Creo que treinta billones de las antiguas liras (quince millones de euros, aproximadamente). Lógicamente, entonces los precios eran completamente diferentes a los de hoy.

- Aproximadamente, Fininvest (holding de la familia Berlusconi) gastó novecientos millones de euros por un botín preciado: 29 títulos en total durante más de tres décadas. Quizás, la primera gran intuición es fichar a un técnico de provincia del todo desconocido. Arrigo Sacchi, un visionario que llegaba del Parma. A punto estuvieron de quemarle en la hoguera, como a Giordano Bruno.

Sin duda un éxito. Jamás había entrenado grandes equipos, pero en su club sorprendía y maravillaba con un fútbol moderno. Silvio se enamoró de él. Sacchi, ídem con mi hermano Silvio. Todo salió perfecto.

- Construyó un Milán con italianos (muchos de ellos canteranos) y varios estetas llegados de Holanda, como Gullit, Van Basten y Rijkaard.

Si tuviera que nombrar una característica principal era la calidad total que teníamos. Al menos diez de los once eran técnicamente enormes. Esto ya no se ve, al menos en Italia. Era un mecanismo que funcionaba. Teníamos consciencia de ser muy buenos. Piensa que a mi hermano no le bastaba con ganar, sino convencer a través de un fútbol fantástico. Quería divertir. El fútbol de hoy es muy lateral, con menos gol. Antes, verticalizábamos sin parar. No parábamos de marcar goles. Es lo que más fascinaba a mi hermano. Sin duda.

- No había distinción entre jugar en casa o fuera.

Otra de las cosas que obsesionaba a Silvio Berlusconi. Teníamos que ir a ganar sí o sí donde fuera. Atacar, mandar, cero especulaciones. Nada de calculadora, fórmulas matemáticas… Antes, por ejemplo, la lógica decía que en casa se gana, mientras que fuera se empata. Con esto se tenía la certeza de ganar un campeonato, pero no nos valía eso. Quedaba obsoleto. Otra idea era la de enseñar al mundo que Italia no era un catenaccio construido con defensa y contragolpes. Quería romper moldes y clichés. Nuestro Milán no paraba de atacar. ¿Recuerdas nuestros duelos contra el Madrid en Copa de Europa? No había distinción entre San Siro y el Bernabéu. En Madrid nos aplaudían también, porque estaban acostumbrados al buen fútbol.

- ¿Cuáles fueron los sueños prohibidos de Berlusconi? Esos deseos que no pudo materializar en tema de futbolistas. No sé, recuerdo que una vez se entusiasmó de Guti en un amistoso de verano. Algún fichaje fallido. Un gatillazo.

Tuvimos estrellas increíbles. Había veces que jugábamos con tres Balones de Oro en el campo. Papin, por ejemplo, era suplente. Con esto te puedes hacer la idea. A él le encantaban los holandeses, pero también Savicevic, Baresi, Maldini… Es que no quiero dar nombres, porque tengo miedo a olvidar alguno. Shevchenko, Ronaldinho… ¡Qué jugador el brasileño! Regaló su fantasía al universo Milán.

- Mi pregunta era otra.

Quizás, Maradona y Totti. Les admiraba. Jamás intentamos ficharles, porque Silvio creía y defendía los emblemas de clubes. Sabía que ellos lo eran de Nápoles y Roma, respectivamente. Berlusconi decía que esos no se tocaban.

- También con Platini y la Juve de su amigo Agnelli ¿Qué relación tenía con otros presidentes españoles como Florentino, Mendoza, Núñez o Gil? Creo recordar que el Barça intentó varias veces el fichaje de Marco Van Basten. ¿Es cierto?

Mira, te confesará una cosa. Citas a Van Basten, pero vale para otros. Cuando un jugador se encontraba bien en el Milán de mi hermano no existía club el mundo que pudiera arrebatárselo. No es presunción, sino la realidad.

- ¿Por qué?

Es que se instauraban relaciones de estima y cariño. Te pongo el ejemplo de Shevchenko, prácticamente un hijo (lo ayudó sacándolo del Chelsea). Respecto a las relaciones con Barça o Madrid… Muy buenas y sanas. Nuestro embajador era Adriano Galliani, hombre clave.

- Ariedo Braida también lo fue. Luego estuvo varios años en Can Barça, pero con poco margen de maniobra.

Ariedo representaba el brazo ejecutor de una mente brillante: Galliani. Nuestra entidad era una familia, y esto lo notaban los jugadores. El Milán de Silvio ha cambiado el modo de percibir el fútbol en Italia.

- Otro momento clou de su Milán fue la final de Copa de Europa contra el Steaua de Bucarest. La primera con ustedes al mando. Camp Nou, 1989. Enfrente un bloque, ya con Hagi, que tres años atrás había doblegado al Barça de Venables en Sevilla. La final de Duckadam, héroe en la tanda de penaltis. Se abrió la veda.

Mira, acabábamos de ganar del campeonato. El primero de la era Berlusconi. Por suerte, pudo verlo nuestro padre (Luigi, directivo de Banca). Falleció meses antes de esa cita que nombras en Barcelona. Ese partido fue increíble. Fue un éxodo de tifosi milanistas. Diría que setenta u ochenta mil. Creo que nunca veremos nada igual. Muy pocos rumanos por diferentes motivos. Ese fue el inicio de una gran aventura.

- ¿Usted qué momento elije para explicar su etapa al frente del Milán?

La precuela es cuando llega a Milanello en helicóptero con, de fondo, sonando la cabalgata de las Walquirias (Richard Wagner). Ahí todos se preguntaron esto: “¿Qué está sucediendo aquí?” … Después, por este orden, pondría el primer scudetto, la victoria contra el Steaua…

- ¿Y después?

Una serie televisiva larguísima con cuatro Champions más y numerosos campeonatos.

- Cinco Orejonas en su haber con tres entrenadores: Sacchi, Ancelotti y Fabio Capello.

Los hinchas tienen que saber una cosa. Se vive no solo el presente, sino también el futuro y el pasado. El nuestro, en este caso, es quizás el mejor de toda la historia. No creo que haya muchos que puedan decir esto.

- ¿Fernando Redondo fue, quizás, uno de los renglones más torcidos?

Mira, Silvio amaba a los más grandes. Por eso aquí han venido, después, Rivaldo, Ronaldo, Ronaldinho, Redondo, Beckham… Sí, puede parecer que en algunos casos llegaban en el eclipse, pero qué importa… Por cierto, Ronaldinho no, porque su contribución fue clave. Tenía mucho fútbol aún. ¿Sabes qué hago cuando estoy triste? Me pongo vídeos pasados del Milán. Con Ronaldinho, los holandeses…

- ¿Qué ve? ¿Qué piensa?

Ver esos nombres… Rui Costa… Muchos más. Me da alegría, basta. No sé qué más añadir.

- Lo de Redondo me refería que apenas disputó partidos, masacrado por las lesiones.

Aquí me viene a la cabeza Van Basten, que con apenas 28 años tuvo que retirarse. Esto es parte de la vida, y hay que aceptarlo también.

- Hoy la entidad rossonera está desnortada. Pertenece a un fondo americano llamado RedBird Capital Partners. Dentro está Ibrahimovic, pero hace tiempo se cargaron a Paolo Maldini. ¿Qué diría su hermano si viviera?

Tengo que corregirte. Silvio Berlusconi está aquí todavía. Sí, en el corazón de toda la afición milanista. Nos mira desde el cielo, y viendo esto estoy convencido que algún consejo daría.

- De hecho, siempre fue un gran entrenador. Obsesionado con los dos delanteros. A Carletto le decía que tenían que jugar Sheva y Pippo Inzaghi. Atrás: Seedorf, Pirlo, Gattuso… Fútbol de culto.

Siempre dialogaba con nuestros técnicos. Eran independientes, aunque atentos a los consejos del presidente. Hoy este Milán… Qué quieres que te diga… Un problema técnico grande. También grave. Dicho esto, la vida es cíclica. Hay que creer, porque vendrán tiempos mejores.

Entradas populares