La NASA alerta: una nave espacial está a punto de caer sin control a la Tierra y estos son los riesgos

La agencia espacial confirma que los restos de una antigua sonda impactarán contra la atmósfera años antes de lo previsto.

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El espacio exterior está a punto de devolvernos un “viejo conocido” mucho antes de lo que los científicos habían calculado. La NASA y la Fuerza Espacial de Estados Unidos han emitido una alerta confirmando que una enorme sonda espacial inactiva de más de 600 kilos está a punto de precipitarse sin control contra la atmósfera terrestre. Aunque la fricción desintegrará la mayor parte de la nave convirtiéndola en una bola de fuego, la agencia espacial advierte que algunos componentes metálicos podrían sobrevivir a la reentrada y acabar impactando contra la superficie.


Un regreso provocado por las tormentas solares

La nave en cuestión es la Van Allen Probe A. Este satélite fue lanzado en el año 2012 junto a un vehículo gemelo (Van Allen Probe B) con una misión muy específica: estudiar los cinturones de radiación de la Tierra.

La sonda cumplió su trabajo con creces hasta que se quedó sin combustible en 2019. En aquel momento, la NASA calculó que la nave se quedaría flotando inerte y no caería a la Tierra hasta el todavía lejano año 2034. Sin embargo, el Sol ha cambiado los planes. Los científicos explican que estamos atravesando un ciclo de máxima actividad solar. Las intensas tormentas solares que se repiten sucesivamente calientan y expanden las capas más altas de la atmósfera terrestre, lo que aumenta la fricción sobre los satélites “muertos” y los frena mucho más rápido de lo habitual, arrastrándolos hacia nuestro planeta de forma prematura.

El riesgo de que los restos caigan sobre la población

Según los cálculos de la NASA, el impacto contra la atmósfera es inminente y podría ocurrir en cuestión de horas. La agencia espacial ha querido mandar un mensaje de tranquilidad, calculando que las probabilidades de que un fragmento de la nave golpee a una persona son de 1 entre 4.200.

Aunque pueda parecer una cifra improbable, algunos expertos señalan que este riesgo es bastante más alto que el de otros episodios similares a este. Por ejemplo, cuando la estación espacial china reentró sin control en 2018, manteniendo en vilo a medio mundo, realmente el riesgo de que golpeara a alguien era de menos de uno entre un billón. Afortunadamente, en aquel caso los restos cayeron en el océano.

El creciente problema de la basura espacial

El final de esta sonda espacial pone de manifiesto un problema cada vez más grave y habitual por culpa de la privatización y el abaratamiento de los viajes al espacio. Los expertos avisan de que la órbita de la Tierra se está llenando de chatarra de manera descontrolada y es urgente cambiar la forma en la que se diseñan estas misiones.

La normativa actual exige a las agencias que sus aparatos inactivos se destruyan en la atmósfera o se envíen a una órbita cementerio (una zona del espacio mucho más lejana y aislada, reservada exclusivamente para “aparcar” los satélites viejos y evitar que choquen con los que sí están funcionando). Sin embargo, los analistas de basura espacial aseguran que no es suficiente, ya que en los últimos años hemos llegado a ver restos de cohetes de empresas privadas perforando el tejado de una casa en Florida o apareciendo en playas y propiedades privadas, demostrando que “lo que sube, casi siempre termina bajando”.

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