La ampliación de la Bombonera, entre el impulso de Riquelme, la ilusión de los hinchas y la grieta
El club proyecta un estadio para 80.000 personas; Nación y Ciudad siguen el plan, al que deben aprobar o rechazar
LA NACION, Leandro Contento
Durante años, la ampliación de la Bombonera fue una promesa repetida en campañas electorales y discusiones de sobremesa entre hinchas. El anuncio de la dirigencia encabezada por Juan Román Riquelme la convierte por fin en un proyecto concreto. Pero también abre una etapa compleja: la de los obstáculos. Porque para que el proyecto avance, Boca deberá atravesar una serie de aprobaciones técnicas, legales y políticas que involucran tanto al Gobierno nacional como al de la Ciudad, dos administraciones de signo político distinto al de la conducción del club.
Este lunes, la directiva xeneize convocó a un grupo de periodistas para contarle detalles del plan y mostrarle más de un centenar de imágenes de la iniciativa mediante la que Boca procura aumentar la capacidad del estadio de 57.000 a 80.000 espectadores.
La obra contempla, como ejes principales, la construcción a nuevo del sector de palcos, derribando los que levantó la gestión de Mauricio Macri, inaugurados en 1996 en una recordada derrota por 6 a 0 frente a Gimnasia La Plata, y reemplazándolos por dos nuevas bandejas de plateas preferenciales y seis niveles de palcos. También prevé agregar una cuarta bandeja, en voladizo sobre la tercera, extendida detrás de los arcos y a lo largo del perímetro de la zona de plateas; la colocación de un techo que cubrirá al 100% del público –aunque no al campo de juego– y la instalación de cuatro torres de ascensores y escaleras distribuidos sobre los terrenos del ferrocarril Roca, por donde hoy circulan los trenes de carga de la empresa Ferrosur, propiedad de la cementera Loma Negra.

La presentación estuvo a cargo del arquitecto del club, Germán Mainero; del secretario general, Ricardo Rosica, y del director de Prensa y Comunicación, Santiago Carreras. Boca anunció la obra con entusiasmo, teniendo en cuenta que se propone saldar una deuda histórica que se arrastra desde el origen mismo de la Bombonera y que ninguna dirigencia logró resolver en décadas, ampliando el estadio sin necesidad de comprar las casas de las dos medias manzanas linderas, sobre la calle Del Valle Iberlucea. La propuesta tuvo buena recepción entre los hinchas, pero después de tantos proyectos aún se percibe cierto escepticismo. Cerca de Riquelme cuentan que el objetivo principal de su gestión siempre fue ganar la Copa Libertadores. Pero, a medida que avance el mandato y se acerquen las elecciones de 2027, la reforma de la Bombonera podrá convertirse también en una carta fuerte para mostrar resultados.
Sin embargo, hubo prudencia al hablar de plazos, y desde un primer momento se dejó en claro que todo dependerá de los permisos que el club obtenga. En el Boca creen que el camino no será sencillo, sobre todo porque en el proceso se cruzan intereses que exceden al fútbol.
Mientras en Brandsen 805 se especula con una posible conferencia de Riquelme para anunciar oficialmente el proyecto, tanto en el Gobierno nacional como en el de la Ciudad empezaron a seguir el tema con especial atención. La primera dificultad aparece en el ferrocarril, ya que la reforma del estadio involucra terrenos donde hoy hay vías en uso. Se trata de un ramal de cargas que corre paralelo al paredón de la platea, a poco menos de dos metros. Ese ramal forma parte de una red de una gran actividad productiva, que a lo largo de unos 3100 kilómetros conecta Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires, La Pampa, Neuquén y Río Negro, lo que lo convierte en uno de los corredores logísticos más importantes del país.

Por eso, la idea de Boca es construir las torres de ascensores en la franja de terreno que queda junto a la vía y conectarlas con el estadio mediante una pasarela que cruce por encima del tendido. El problema es que allí el espacio también escasea: muy cerca, del otro lado del muro, están las casas de la calle Pinzón, y además en ese sector se encuentra el único cambio de vía del trazado, por lo que el ferrocarril exige un margen mínimo para maniobras.
Boca, mientras tanto, ya envió a Ferrosur el anteproyecto de la obra, que actualmente es evaluado por su área técnica. Pero la empresa no tiene la última palabra: esa decisión corresponde al Poder Ejecutivo nacional, a través de la Secretaría de Transporte, que a cargo del arquitecto Fernando Herrmann, asumido el 21 de enero.
Uno de los puntos clave es la inspección de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), que también cambió de titular este año y quedó bajo la conducción de Maximiliano Patti, hijo de Luis, excomisario y exintendente de Escobar. Patti es hoy el principal referente de La Libertad Avanza en ese distrito. En el oficialismo nacional, además, Javier Milei es un conocido detractor de Riquelme: en las elecciones de Boca de 2023 el ya presidente de la Nación apoyó a la fórmula opositora integrada por Andrés Ibarra y Mauricio Macri, y llegó a decir que dejó de ser hincha del club cuando Daniel Angelici volvió a contratar al ídolo, en 2013, luego de que pasara seis meses inactivo.

En ese sentido, el papel de la CNRT será determinante, ya que el ente deberá inspeccionar los planos y supervisar los trabajos para garantizar la seguridad ferroviaria. De todos modos, más allá de ese control técnico, la definición final sobre si se autorizará el proyecto será tomada más arriba, y en Boca no descartan que llegue un revés. “Para el Estado, aprobar la obra podría condicionar decisiones a futuro: si el día de mañana quisiera destinar esas tierras a otro uso, ¿cómo haría que Boca retirara los ascensores?”, se pregunta una fuente que tiene llegada al Gobierno.
En caso de superar ese filtro, Boca deberá elevar el proyecto a la Dirección General de Interpretación Urbanística, ya que la Bombonera, al igual que el resto de los estadios de fútbol de la ciudad, está catalogada como “Equipamiento Especial”, lo que implica que no se rige por las normas urbanísticas comunes del barrio, sino por una normativa particular diseñada para el predio o la institución en cuestión.
En ese sentido, Boca tiene una ventaja: a diferencia de las otras propiedades del área, donde están permitidos edificios de no más de 9 o 15 metros, según la calle, el club puede seguir aumentando la altura de un estadio que hoy alcanza los 32 metros. Pero para hacerlo necesita una autorización específica, ya que no puede construir libremente.

La ficha urbanística del Alberto J. Armando, en el apartado “EE-56 - Estadio y Complejo Deportivo del Club Atlético Boca Juniors”, incluido en el Anexo II de Áreas Especiales Individualizadas del Código Urbanístico de la Ciudad, establece para la Bombonera una altura máxima de 45 metros y una capacidad constructiva de 109.000 metros cuadrados, aunque cada intervención debe contar con un permiso especial.
En esa situación, el Gobierno analiza distintos aspectos: el cumplimiento de los parámetros del propio Equipamiento Especial; la evaluación urbanística del proyecto (volumetría, relación con el ejido urbano, accesos y circulación); el impacto ambiental, y las condiciones de seguridad, normativa técnica e infraestructura.
Si la Ciudad no autoriza los trabajos, Boca tiene una vía alternativa: presentar un proyecto en la Legislatura para pedir un cambio de zonificación. Se trataría de una ley de doble lectura: la Legislatura aprueba el proyecto en primera instancia por mayoría; se convoca a una audiencia pública obligatoria a residentes, especialistas y organizaciones para que opinen sobre la propuesta y, luego de esa instancia, el expediente vuelve al recinto para la votación definitiva.

Sería entonces cuando se correría el riesgo de que quienes viven sobre la calle Del Valle Iberlucea, donde Boca pretende construir los nuevos palcos, intentaran frenar las tareas, aduciendo, por ejemplo, la pérdida de luz solar. Son los mismos vecinos que firmaron un compromiso para negociar con el club la venta de sus casas, a quienes Riquelme prometió acercarse en caso de ganar las elecciones y finalmente no fue a ver.
“Puede caer una lluvia de amparos”, dicen los menos optimistas. Con que uno solo llegue a la Justicia, todo se demoraría más de la cuenta. En Boca esperan poder comenzar las obras este año, sobre todo las vinculadas con los ascensores, para luego encarar las demás etapas, aunque prefieren ir paso por paso, conscientes de este tipo de contratiempos.
Los antecedentes muestran que estos procesos suelen ser largos. En 2020, Argentinos Juniors recurrió a la Legislatura para pedir la rezonificación del Diego Armando Maradona, con la intención de levantar una tribuna sobre la calle San Blas. La audiencia se realizó en 2022 y recién en 2024 se aprobó la modificación.

Por otra parte, Boca deberá asegurarse de que la nueva zona de palcos no invada el límite permitido sobre el espacio aéreo. El Código de Edificación de la Ciudad permite que partes de un edificio avancen sobre la vereda, pero no sobre la calzada. Actualmente, ese sector llega justo hasta el límite del cordón.
De acuerdo con lo informado por Boca, el proyecto no incumplirá esa regla. La intención es correr el campo de juego cuatro metros hacia la zona de las vías, con el objetivo de ganar lugar y construir las dos bandejas de plateas y los palcos sin ocupar áreas que la normativa no permite.
En el archivo de PDF que el club distribuyó de manera extraoficial se aclara que “la intervención se desarrolla íntegramente dentro del terreno del club, ocupando el espacio aéreo sobre la vereda, tal como hoy lo permite el Código de Edificación”, aunque el bosquejo todavía deberá atravesar varias revisiones administrativas, técnicas y también políticas.
El operativo ampliación ya está en marcha, pero su avance no depende solo de Boca sino además del tren, los permisos del Estado y una grieta política que atraviesa también al fútbol.


