Italia repite su pesadilla, vuelve a quedarse sin Mundial

JNN

Italia amaneció, otra vez, sin Mundial. Esta vez el golpe llegó desde Zenica, donde Bosnia y Herzegovina la expulsó del camino a 2026 y alargó a 16 años la pesadilla de una cuatro veces campeona condenada a ver la Copa por televisión.


La noche de Zenica y el eco del desastre

En Bilino Polje, Italia se adelantó con un gol de Moise Kean, pero la expulsión de Alessandro Bastoni cambió el guion y empujó al equipo al abismo que ya conocía. El 1-1 llevó el partido a los penales y allí, frente a una Bosnia mucho más serena, la Azzurra se desmoronó con un 4-1 que la dejó fuera del Mundial United 2026.

La prensa italiana no tardó en dictar sentencia. “Vergüenza, drama y desastre”, resumió un análisis que habló de una “pesadilla alargada al menos a 16 años” y de un fútbol italiano que “pierde potencia en Europa” cada vez que se mira al espejo de los grandes torneos. El tono no era de sorpresa, sino de agotamiento: la sensación de estar viendo, por tercera vez, la misma película de terror.

Voces de la prensa italiana: del “shock” a la “pesadilla”

Los diarios que ya habían cargado contra la selección tras la debacle ante Macedonia del Norte en la repesca rumbo a Qatar 2022 desempolvaron palabras que parecían archivadas. Corriere dello Sport había definido entonces la caída como “desastre” y subrayado: “Los azzurri perdieron increíblemente en casa ante Macedonia del Norte… ocho meses después las noches mágicas se han convertido en una pesadilla. Una eliminación increíble, tan inesperada como asombrosa”.espn+1

Gazzetta dello Sport, en aquella noche de Palermo, había escrito: “Burla de Macedonia al minuto 92. ¡Nos volvemos a quedar fuera del Mundial!”. Y remataba con una frase que hoy suena premonitoria: “Italia no estará allí, por tercera edición consecutiva, durante 12 interminables años y nosotros también lo merecemos”. El eco de esas líneas vuelve ahora, amplificado: ya no son 12, sino 16 años; ya no son dos Mundiales, sino tres.

Medios italianos que en 2022 hablaron de “catástrofe” y “tragedia” repiten la misma semántica para 2026, pero con un matiz aún más oscuro. La ausencia por tercera Copa del Mundo consecutiva “redimensiona el desastre del fútbol italiano”, se lee en análisis que describen a la Azzurra como una campeona de Europa incapaz de sostener su estatus fuera de un torneo corto, atrapada entre la nostalgia y la incapacidad de renovar sus estructuras.

Tras el 4-1 en los penales y la tercera ausencia consecutiva, Corriere dello Sport abrió su crónica con una frase que condensa el drama: “Los azzurri están fuera del Mundial por tercera vez consecutiva; es el resultado que se quería, y se debía, evitar a toda costa”. En la misma línea, otro análisis sentencia: “Italia saluda al Mundial por tercera vez seguida y convierte la palabra ‘fracaso’ en una costumbre intolerable para una tetracampeona”.

La Gazzetta dello Sport, que en la previa hablaba del riesgo de “una tercera apocalipsis seguida”, recuperó ese concepto tras el partido: “No hemos evitado la imperfección del número tres: tercera apocalipsis mundialista seguida, que significa también soledad; seremos los únicos campeones que se quedarán en casa”. La palabra “soledad” aparece varias veces en las piezas de opinión para describir a una Italia aislada del club de las grandes potencias que siempre están en la Copa.gazzetta+1

Críticas al partido y a los jugadores

Corriere dello Sport subrayó el desarrollo del encuentro en Zenica: “Italia lucha y lo intenta, pero en el Bilino Polje llega exactamente lo que se quería evitar: la eliminación, con una segunda parte de sufrimiento, media hora en inferioridad numérica tras la expulsión de Bastoni y dos penales fallados por Pio Esposito y Cristante”. En otro pasaje, la crónica remarca: “No supimos gestionar la ventaja de Kean, no supimos gestionar la presión y, al final, ni siquiera supimos gestionar la tanda desde los once metros: es un resumen perfecto de este ciclo”,

Gazzetta también personaliza responsabilidades: “Los errores decisivos desde el punto penal de Pio Esposito y Cristante son la imagen cruel de un grupo que se derrite cuando el partido se convierte en una cuestión de nervios”. Y añade un matiz más estructural: “No es culpa de dos chicos: es el sistema el que los ha dejado solos frente al abismo, sin la jerarquía ni la costumbre que se forjan en partidos grandes que Italia ya no juega”.gazzetta+1

La figura de Gattuso y la Federación

En clave política, La Gazzetta dello Sport pone el foco en el presidente federativo: “El presidente de la Federación ha resistido muchas tormentas, pero ahora, después de la derrota con Bosnia, está en el ojo del huracán; esta vez el junco puede romperse”. El mismo texto enlaza los últimos fracasos: “Primero Mancini y Spalletti, ahora Gattuso: Italia suma un tercer fracaso mundialista, y ya no basta con cambiar de entrenador; es el proyecto entero el que está en discusión”.

La idea se repite en otras columnas: “La Azzurra no puede seguir cambiando de técnico como si fueran parches de una rueda que ya está desgastada; necesitamos revisar la carretera entera”. Esa línea dura apunta tanto al banco como al despacho: la prensa habla de un ciclo dirigencial agotado y de una selección atrapada en decisiones cortoplacistas que no resuelven la raíz del problema.

El contexto del “video de la arrogancia”

La secuencia de la eliminación ya venía caliente por el famoso video de los jugadores italianos celebrando que Bosnia sería el rival en la final del repechaje. Gazzetta recordó ese episodio con dureza: “Miren qué falta de respeto de los italianos. Y qué arrogancia. Celebraron nuestra victoria en los penales: lo tendremos en cuenta en Zenica”, recogía la reacción bosnia, convertida luego en premonición.foxdeportes+1

Varios comentaristas italianos reconocen que esas imágenes se volvieron contra la propia selección: “El vídeo de la ‘arrogancia’ se ha convertido en el tráiler de nuestra caída; provocamos a un rival que necesitaba una motivación extra y le regalamos exactamente eso”. Después de la eliminación, algunos articulistas hablan de una “derrota doble: deportiva y moral”, por la combinación de prepotencia previa y derrumbe posterior.gazzetta+1

De la previa al naufragio

En la víspera, Gazzetta había escrito casi en tono de advertencia: “No hay tercera vía: o hacemos de verdad de Italia y vamos al Mundial, o nos rendimos a la imperfección del número tres, tercera apocalipsis seguida”. La frase se ha reciclado como prueba de que la prensa ya olía el peligro: “Sabíamos que el margen de error era cero, pero el equipo jugó como si aún hubiera una red debajo; ahora descubrimos que hace años que no la hay”.gazzetta+1

Otros medios hablan de “caos” y “tormenta perfecta” para describir el clima postpartido: una combinación de fracaso deportivo, desgaste institucional y furia pública. En suma, la prensa italiana construye un relato en el que la eliminación no es solo un resultado, sino el capítulo más reciente de una historia de soberbia, falta de reformas y acostumbramiento a la ausencia mundialista que ya lleva tres Mundiales y, como ellos mismos escriben, “16 años de pesadilla alargada”.

Una crisis que viene de lejos

La eliminación rumbo a 2026 no es un accidente aislado, sino la continuación de un declive que se arrastra desde hace casi dos décadas. Desde que levantó su último trofeo mundial en Alemania 2006, Italia encadenó una caída constante: fases de grupos en Sudáfrica 2010 y Brasil 2014, ausencia en Rusia 2018 y Qatar 2022, y ahora este tercer Mundial consecutivo sin siquiera entrar a la fase final.ondacero+2

En 2022, ya se hablaba de “segundo Mundial consecutivo sin Italia” y de que la Azzurra “pasa por su peor momento y repite el drama de 2018”. Hoy esa frase queda corta: la secuencia Rusia 2018–Qatar 2022–United 2026 dibuja una línea temporal que, como bien señalan en Italia, “agiganta la catástrofe de casi dos décadas”. No se trata solo de resultados; es la confirmación de que el campeón de Europa puede ser, al mismo tiempo, un ausente crónico en el escenario más importante.as+1

Por qué Italia se volvió a quedar afuera

La prensa italiana ha ido construyendo un expediente de culpas que explica por qué la selección se ha quedado fuera de tres Mundiales seguidos. Hay, primero, un problema estructural: un calcio que produce menos talento local, que importa veteranos y apuesta poco por los jóvenes italianos, lo que reduce el abanico de opciones para los seleccionadores en posiciones clave.

En segundo lugar, los ciclos de entrenadores han estado marcados por un desequilibrio entre la idea y la materia prima. Mancini fue capaz de encadenar una Eurocopa brillante con un camino de clasificación al Mundial lleno de empates, falto de gol y de soluciones ofensivas, hasta desembocar en la trampa de la repesca. Gennaro Gattuso hereda esa inercia y, aunque logra competir, se ve atrapado en los mismos vicios: dificultad para dominar partidos que se complican, incapacidad para gestionar la presión, dependencia de chispazos individuales como el de Kean y, finalmente, derrumbe mental en los penales ante Bosnia.

La tercera capa del análisis tiene que ver con la gestión del éxito y el fracaso. Italia supo tocar el cielo en la Euro 2020, pero la prensa insiste en que nunca transformó ese triunfo en una reforma profunda: ni en la federación, ni en la liga, ni en la formación. El resultado es una selección que parece vivir de destellos, capaz de ganar un torneo corto pero incapaz de sostener un rendimiento estable a lo largo de un ciclo de clasificación, donde los errores se pagan con años de ausencia.

Finalmente, los periodistas italianos apuntan a una pérdida de jerarquía competitiva. La Azzurra ya no intimida; Bosnia y Macedonia no la ven como un gigante inaccesible, sino como un campeón frágil, vulnerable en los momentos límite. Los titulares que hablan de “vergüenza”, “drama”, “desastre”, “catástrofe” y “pesadilla alargada” no solo describen un resultado, sino un cambio de estatus: Italia ha dejado de ser una garantía en los Mundiales y se ha convertido en un caso de estudio sobre cómo un gigante histórico puede acostumbrarse, peligrosamente, a quedarse afuera.

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