Imágenes satelitales revelan el alcance de la crisis en Cuba tras un nuevo apagón total en la isla
Con la mayor parte de la electricidad generada a partir de petróleo extranjero, la isla queda expuesta a una vulnerabilidad extrema que paraliza sectores clave y pone a prueba la estabilidad social
InfobaeCuba atraviesa una de las peores crisis eléctricas desde que los revolucionarios de Fidel Castro tomaron el poder hace 67 años. El lunes, el Ministerio de Energía informó una “desconexión total” de la red nacional tras semanas de apagones frecuentes. Toda la isla queda sumida en la oscuridad casi absoluta.
La mayor parte de la electricidad en Cuba se genera a partir de petróleo. Desde hace casi tres décadas, el suministro venezolano ha sido vital. La administración de Donald Trump ordenó en enero la suspensión de estos envíos tras la captura del dictador venezolano, Nicolás Maduro. Posteriormente, México también detuvo sus despachos por presión estadounidense. Hasta ahora, ningún otro país ha abastecido a Cuba con petróleo.

El deterioro de la crisis eléctrica se refleja en la vida cotidiana. La capital, La Habana, que suele ser priorizada por albergar al gobierno, tampoco ha escapado a los cortes. La acumulación de basura se agrava porque los camiones recolectores no cuentan con combustible. Sin refrigeración, carnes y lácteos se descomponen en hogares y mercados.


La red de agua depende de bombas eléctricas y buena parte de la población debe hacer filas en cisternas comunitarias para abastecerse, según Jorge R. Piñon, experto de la Universidad de Texas. Las autoridades sanitarias han pospuesto decenas de miles de cirugías y pacientes oncológicos han visto interrumpidos sus tratamientos por la falta de electricidad y medicamentos refrigerados.
Las zonas turísticas como Varadero, Cayo Coco y Cayo Santa María mantienen el suministro gracias a generadores propios y una prioridad en la entrega de combustible, junto a los hospitales. Esto responde a la necesidad de preservar el turismo como fuente crucial de divisas, aunque algunas aerolíneas suspendieron vuelos a la isla por falta de combustible en los aeropuertos.


El contraste es notorio: mientras trabajadores de la hostelería llegan desde barrios sin energía ni agua potable a hoteles con aire acondicionado y bufés refrigerados, el acceso a estos complejos turísticos está estrictamente controlado por el ejército.
En otras zonas del país, la crisis golpea con mayor fuerza. En Morón, tras semanas de apagones, cientos de personas salieron a las calles y atacaron la sede local del Partido Comunista, incendiando muebles y documentos. En Holguín, la empresa eléctrica provincial solo ofrece tres horas de electricidad diaria en los barrios residenciales. Las plantas procesadoras de níquel han reducido su actividad, lo que afecta las exportaciones nacionales.


En Santiago, la segunda ciudad más grande, los cortes de electricidad y agua son severos, y la población ha iniciado protestas nocturnas conocidas como cacerolazos.
Para Cuba, la crisis ha dejado al descubierto los riesgos de depender casi totalmente del petróleo extranjero bajo un sistema económico centralizado. Mientras otros países diversifican su matriz energética, Cuba continúa atada a un modelo del siglo XX, lo que la hace vulnerable a shocks de suministro.
El último gran cargamento de petróleo llegó al puerto de La Habana el 9 de enero a bordo del Ocean Mariner, con 86.000 barriles procedentes de México. Desde entonces, la isla depende de su escasa producción de crudo extrapesado, suficiente solo para cubrir el 40% de la demanda. La escasez amenaza con llevar al límite no solo al sistema eléctrico, sino a toda la estructura económica del país.


