Finalissima Infierno antes de la Finalissima
Qatar sufre avisos diarios de ataques aéreos. La frontera aérea está cerrada. La mujer de De Tomás, atrapada con un bebé de 3 meses. La de Pablo Sanz, con una necesidad médica.
A las 03:43 de la madrugada del jueves al viernes los teléfonos móviles qataríes recibieron una alerta de emergencia. Lo mismo ocurrió la tarde anterior. El motivo: ataques con drones y misiles hacia bases norteamericanas que fueron interceptados por la defensa militar de Qatar.
En estas circunstancias, jugar un partido internacional de esta relevancia (más otros cinco que están planificados en lo que se ha denominado como Qatar Football Festival) parece inviable. Los expatriados están intentando huir del país, pero el espacio aéreo está cerrado. Solo se puede volar desde Riad o Dubái, para lo cual hay que atravesar la frontera terrestre. Una decisión que corre por cuenta y riesgo de cada uno.
Hay mucha gente, entre ellos 5.000 españoles, varados en Doha. Algunos son residentes allí; otros, simplemente se encontraban de paso. El mundo del fútbol no es ajeno a esta crisis. La mujer de Raúl de Tomás y su bebé de tres meses no pueden regresar a España; la de Pablo Sanz, ayudante de Lopetegui en la selección, tampoco puede hacerlo a pesar de tener una necesidad médica en Sevilla.
Mohammed SalemUn infierno al que se está tratando de buscar solución. La embajada española en Qatar aprieta para poder sacar a los españoles que lo requieran cuanto antes y también la RFEF ha puesto un buzón disponible para jugadores, entrenadores y trabajadores del fútbol con el que poder ayudarles en caso de necesidad.
En estas circunstancias, en esta auténtica pesadilla, con los futbolistas y las ligas locales parados, la Finalissima sigue en pie en Doha a falta de una decisión definitiva que, según la UEFA y la CONMEBOL, no llegará hasta la semana que viene. Cambiar de sede o forzar al límite para embolsarse los millones que paga Qatar a cambio de un riesgo mayúsculo. Es la situación actual.


