En una ráfaga, Boca puso en pausa sus problemas, volvió a ganar en la Bombonera y mira la Copa con otros ojos

Le alcanzó un gran inicio de segundo tiempo para doblegar a un ordenado Instituto

LA NACION, Leandro Contento

En un parpadeo, Boca puso en pausa buena parte de los problemas del semestre y se regaló un triunfo celebrado en su último partido de local antes del inicio de la Copa Libertadores. Le alcanzó un inicio de complemento a puro vértigo para que el chico Tomás Aranda se luzca con su primer gol en Primera, para que Adam Bareiro rompa por fin la sequía tras varios gritos anulados y tiros en los palos, y para que Claudio Ubeda tome una bocanada de aire en la previa a la fecha FIFA, la que parecía su límite. Aunque está obligado a dar un salto claro en su rendimiento si quiere competir en el plano internacional, Boca sumó un triunfo que vale más en lo anímico que en lo numérico, cortó la racha de cuatro empates seguidos como local y se fue, por fin, aplaudido por su gente.


El pedido de los hinchas de Boca no se hizo esperar: “Quiero la Libertadores…”, se cantó apenas el equipo movió del medio. Y el equipo pareció estar en otra sintonía: desconectado, impreciso y con pocas ideas, le costó generar peligro y dejó la cancha contrariado, ante la indiferencia de su gente, que había pasado del aliento inicial al nerviosismo de los últimos partidos.

Tomás Aranda, de 18 años, festeja su primer gol en Primera: este sábado, el chico de Ciudadela recibió su primera citación a la selección argentina Sub 20.
Tomás Aranda, de 18 años, festeja su primer gol en Primera: este sábado, el chico de Ciudadela recibió su primera citación a la selección argentina Sub 20.ALEJANDRO PAGNI - AFP

Boca tuvo un 74% de posesión en la primera mitad, pero le faltó juego, dinámica y precisión en velocidad para generar peligro. En ese sentido, se notó la ausencia de Santiago Ascacibar, que fue baja por un desgarro y apunta a llegar en forma al debut en la Libertadores, frente a la U Católica. En su lugar, Ander Herrera ofreció otra vez una versión deslucida, frágil en lo físico, algo desordenado y errático en el manejo de la pelota, el que debería ser su fuerte. El español, que se movió por derecha en un 4-3-1-2, no fue el socio que precisa Leandro Paredes: perdió casi todos los duelos y tampoco pesó en ataque, con envíos largos y frontales, bien resueltos por el fondo de Instituto.

Antes de la reacción, Boca, prolijo en exceso, se volvió previsible: abusó de la tenencia en el fondo y llevó el trámite a un ritmo lento, el que más le convenía a la Gloria. Plantado con cinco hombres en defensa, el conjunto cordobés ocupó bien el ancho de la cancha, ajustó la marca contra el doble nueve y puso a sus laterales a defender mano a mano con los de Boca, más la ayuda del central que se cerraba sobre ese sector. Así, ni Lautaro Blanco -especialmente- ni Marcelo Weigandt lograron romper por afuera, y ante la falta de volantes que pisen el área -algo que Boca también perdió sin Ascacibar-, todo se redujo a la inspiración aislada de sus individualidades.

En ese tramo, Aranda, recién citado a la selección sub 20, mostró pinceladas de su técnica pero sin terminar de pesar en el juego; y en su lucha cuerpo a cuerpo con los zagueros, Miguel Merentiel y Adam Bareiro lograron más córners que jugadas de gol. Aún así, el uruguayo dispuso de dos chances claras para marcar: la primera, tras un buen pase de Aranda, ahogado por un gran achique de Manuel Roffo; la segunda, luego de un fenomenal pase de Paredes, que lo dejó cara a cara con el arquero y que la Bestia, con borde interno, definió por arriba del arco.

Instituto, diseñado para contragolpear, fue acomodándose mejor con los minutos y generó dos situaciones nítidas. Comandado por Alex Luna, contó con sus opciones de pelota parada y también con las escapadas de John Córdoba, aunque el colombiano se encontró con un atento Agustín Marchesin que, tras lucirse también en el complemento, sobre el final encendió una luz de alarma al abandonar el campo con una molestia física.

Cuando el clima empezaba a volverse espeso, Boca suplió con carácter y empuje lo que le faltaba en el juego. Sobre todo, en los primeros minutos del segundo tiempo, en los que generó dos tiros en los palos -el primero, de Merentiel, tras un toque sutil de Aranda; el segundo, de Bareiro, de cabeza- y el gol del juvenil, que definió con pie abierto para ubicarla junto a un palo. En ese lapso, en el que Boca salió decidido, también sufrió, con una atajada clave de Marchesin.

Lejos de resignarse, el Xeneize supo asumir el riesgo y fue por más. Aranda, encendido, se volvió impredecible con sus gambetas; Boca en general leyó el contexto y, a diferencia de otros partidos, entendió que era momento de resolverlo, aun desprotegiéndose. Y lo consiguió con una aparición de goleador del paraguayo, que hacía rato merodeaba el gol y no convertía desde su debut, cuando marcó un doblete por la Copa Argentina.

Claudio Ubeda también celebró: su equipo volvió al triunfo justo antes de la fecha FIFA, la que asomaba como su límite.
Claudio Ubeda también celebró: su equipo volvió al triunfo justo antes de la fecha FIFA, la que asomaba como su límite.Marcos Brindicci

Luego de la gran goleada ante Lanús, y de dos empates seguidos ante San Lorenzo y Unión, donde el equipo había dado un paso atrás, Boca volvió a cerrar después de mucho tiempo un partido tranquilo. Aunque Leandro Brey dejó algunas dudas en el tiempo que estuvo en cancha, e Instituto insinuó algún intento de descuento, el Xeneize manejó el trámite y hasta hubo tiempo para darle rodaje a Alan Velasco y para que Paredes y Aranda reciban su ovación en el final.

Tras el parate, vendrá Talleres en Córdoba y luego el estreno en la Libertadores, el gran objetivo del año, donde se verá la verdadera medida de este Boca.


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