El plan del Madrid no cambia: ‘Thiagos’ y grandes ventas

El Madrid tiene muy clara su filosofía con la cantera, casi opuesta a la del Barça: seguirá mezclando la prioridad de ingresar con aportar joyas al primer equipo. Y todo, con unas directrices peculiares a ojeadores y formadores.

Alfredo Matilla
As
Son dos filosofías diferentes. Por momentos, casi opuestas. Independientemente de gustos, ninguna ha demostrado ser mejor que la otra. Y ambas han resultado ser más que efectivas. En la eterna comparación entre los planes del Barça y el Real Madrid con sus canteras, podría decirse que en la Masia se cuecen futbolistas a fuego lento, y sobre todo centrocampistas, para ganar títulos con una forma de jugar concreta. Mientras, en La Fábrica se eleva un punto más esa cocción y a veces se apuesta por el grill, con diversidad de estilos, para ganar dinero además de gloria.

Se celebra la aparición de Thiago Pitarch y la Quinta que lidera porque mejorar al primer equipo es una obsesión. Pero la estabilidad no se negocia. Por eso, en Valdebebas no se inmutan cuando se cuestiona la apuesta por la cantera, se dice que va por oleadas o se habla de fuga de talento. Algo que, por el contrario, en Can Barça escuece a diario. Véase Dro. El hecho de haber ingresado más de 500 millones de euros en este siglo en el traspaso de promesas no sólo es motivo de orgullo en el Madrid, sino uno de los pilares estratégicos. “Es importante vender para progresar y lo realmente vital es formar futbolistas que lleguen al Castilla, que toquen fútbol profesional, para que puedan ser vendidos y la maquinaria siga funcionando. Si luego alguno llega y se consolida en la casa, pues mejor, pero eso no es sencillo. Ahí ya están los mejores jugadores del mundo en cada puesto”.

El gasto anual presupuestado de la cantera del Madrid es de 42,6 millones de euros para esta temporada y fue de 37,2 la pasada. El de ingresos, por ventas, será de 60 millones en la campaña 2025-2026. Así que en el club celebran que el filial sea una mina de oro por la que ha ingresado más de 40 millones desde el verano de 2025 con los traspasos de Miguel Gutiérrez (7, al Nápoles), Chema Andrés (5, al Stuttgart), Víctor Muñoz (5, a Osasuna), Obrador (5, Benfica), Yusi (3, Alavés), Javi Hernández (3, Al Arabi), Jacobo Ramón (3, Como), Álvaro Rodríguez (2, Elche), Marvel (0,8, Leganés) y Álex Jiménez (8, Bournemouth). La rentabilidad y el balance son claves. E igual que hay clubes profesionales que ponen coto a los agentes y espías en sus instalaciones deportivas, en el Madrid están encantados con el baile y con el hecho de que, por ejemplo, haya decenas de peticiones para ver de cerca a las joyas que están en rampa de salida. Hasta 10 clubes de la Serie A vigilan a los chavales cada 15 días. Y a ellos se unen ojeadores de las otras grandes ligas. De hecho, y según desveló AS, si el Madrid quisiera ahora mismo podría vender ya a casi la mitad de la plantilla dirigida por Julián López de Lerma a Primera, Segunda o al extranjero. Las ofertas de cesión y traspaso se acumulan.

En este modelo es fundamental que tanto los ojeadores como los entrenadores tengan libertad de actuación para formar cracks y no sólo se obsesionen con sacarse de la manga jugadores que puedan tener encaje en el primer equipo. Así, apuntan desde el corazón de la Ciudad Deportiva, se evita que la tendencia sea apostar por centrales contundentes, promocionar a laterales que sean balas y centrarse en crear algún delantero centro a la vieja usanza. Alternativas más sencillas de foguear como plan B por la falsa creencia de que en el resto de demarcaciones no habrá sitio en la élite al quedar reservadas para las estrellas donde el club se vacía económicamente.

Así, preguntando en Valdebebas por la eclosión de Thiago Pitarch, la explicación a cómo se trabaja con los centrocampistas en concreto resume a la perfección el plan y los objetivos. Una maquinaria que sigue su curso independientemente de la dictadura de los resultados, más que nada porque funciona. Si en el Barça, la fábrica de Bernales centra el tiro en exprimir las condiciones del Fútbol 7, donde la hoja de ruta la diseña Marc Serra, y tiene la filosofía del mapa mental como bandera, en la cantera del Madrid se trabaja de una forma muy diferente. “Hay más libertad y, por tanto, más diversidad”, recalcan desde dentro.

Una filosofía clara

Para empezar, los captadores no siguen un patrón fijo en el que fijarse como sí sucede en el mundo blaugrana (importancia de los perfiles, visión de 360 grados, juego de posición…). Teniendo en cuenta que hay que buscar variedad entre mediocentros, interiores y mediapuntas, no hay un formulario por el que guiarse. Las condiciones de cada jugador se asocian a cada puesto, el físico ha de ser relevante en ese gusto por el modelo francés, pero sin seguir muchas más directrices. Si acaso, que el talento siga siendo primordial. No hay un manual al uso. La idea es que los buenos siempre tienen cabida, sea cual sea el modelo de juego que utilice el primer equipo. Thiago, repescado del Atleti, llegó de esta manera. Así se justifica en cada uno de los informes y así se defienden también las decisiones cuando los jefes piden razonamientos de peso para afrontar una inversión.

El plan del Madrid no cambia: ‘Thiagos’ y grandes ventas0-1. Vinicius celebra el tanto al City con Thiago Pitarch.JAVIER GANDUL

Los entrenadores, una vez que llegan los talentos reclutados, también lo tienen claro. Mientras que se les enseña para inculcar los valores deseados y en este apartado el club es inflexible, hay autonomía e independencia para lo técnico-táctico. De hecho, cada equipo juega con un sistema diferente, el que crea el cuerpo técnico en cuestión, que nada tiene que ver con lo que propone en estos momentos Arbeloa. Si coincide, mejor. Pero no hay ninguna imposición. La variedad de fórmulas, lejos de ser un problema, en el Madrid se ve como una virtud que desvela claramente sus intenciones: lo crucial es saber adaptarse a la forma de jugar de cualquier equipo (y comprador) del mundo. Un lema que se convierte en dardo contra el Barça cuando recuerdan que mucho producto culé que sale de la Masia no triunfa allá donde no se apuesta por el toque, los triángulos holandeses y la posesión como religión fundamentalista.

En el Madrid prima tanto la perfección individual —en muchas ocasiones por encima del colectivo— que existe la Unidad del Rendimiento en Valdebebas para pulir las virtudes de las promesas y corregir sus defectos. Desde benjamines hasta juveniles hay entrenamientos específicos por líneas que complementan a los entrenamientos habituales de cada semana. Y estas sesiones, en las que coinciden futbolistas de diferentes hornadas, suelen estar dirigidos por diferentes entrenadores de la casa. Por ahí pasan en algún que otro momento del curso todos los futbolistas de la cantera. Y no dejan de aparecer caras nuevas.

El Madrid, según diversas fuentes consultadas, renueva sus equipos con entre 50 y 60 fichajes nuevos por temporada sólo en los equipos de Fútbol 11. La inercia en el Fútbol 7, donde hay más pruebas, compromisos que atender y menos certezas, desnivela aún más la contabilidad. “Esto es como una empresa; si funciona lo que hay se sigue el plan a rajatabla y se promociona, y si no, se cambian las piezas con normalidad”, coinciden varios técnicos consultados que hace años salieron promocionados de la casa. En el Barça, sin embargo, cuesta mucho dar bajas. Los fichajes en el Fútbol 11, en el mejor de los casos, se cuentan con los dedos de las manos. Hace un par de años, por ejemplo. fueron 10, y de ellos cuatro o cinco eran de Cataluña. Es un proceso y un modelo que necesita mucha más continuidad.

Son dos maneras distintas de pensar. En el Barça, pese a felicitarse continuamente por formar Guardiolas desde el siglo pasado, se hacen sangre cuando se producen errores o aparecen taras en esta cadena de producción. Pasó cuando tuvieron que salir Cesc, Thiago, Olmo o Nico, o no cuajaron entre otros cientos de proyectos fallidos como Jonathan, Oriol Romeu, Aleñà, Denis, Gumbau o Riqui Puig. Y todo, pese a haber sacado a Gabri, Xavi, De la Peña, Iniesta, Busquets, Sergi Roberto, Rafinha, Gavi, Casadó, Fermín, Bernal… Cada proyecto inacabado es una punzada en el corazón.

En el Madrid se viven las entradas y salidas de personal con mucha más naturalidad. Es más, hay quien presume de Granero, De la Red, Parejo, Odegaard, Javi García, Antonio Blanco, Torró, Mascarell o el atlético Marcos Llorente, que dejó 40 millones en las arcas, como de la familia. Aunque hayan disputado más partidos con otra camiseta. Por eso, en el vivero del Real Madrid tiene sentido una frase por la que se frotan las manos y engrasan cada día la caja registradora: “Thiago Pitarch es muy bueno, y ojalá se quede para siempre en el primer equipo. Ahora, Manuel Ángel y César Palacios son iguales o mejores. Quedarse con unos y vender a otros es lo que da sentido, equilibrio y rentabilidad al club y a su cantera”. Falta por ver quiénes seguirán su carrera en el Bernabéu y qué chavales lo harán más lejos.

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