Del amor a la obsesión: señales de una relación tóxica y cómo salir del círculo

Especialistas consultados por Infobae describieron cómo funciona el mecanismo que lleva a muchas personas a permanecer en vínculos que alteran su tranquilidad y la autoestima

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“Estamos condenados a ser libres”, escribió el filósofo Jean-Paul Sartre. Pero hay días en los que la libertad parece un horizonte lejano. El despertador suena y, mucho antes que el hambre o el cansancio, aparece el pensamiento de esa persona.


El nudo en el pecho se instala antes de abrir los ojos, y la mente enciende una película que se repite: un mensaje que no llega, una promesa que se desvanece, la esperanza de que hoy, quizás, todo cambie. No se trata solamente de fuerza de voluntad, sino de un mecanismo emocional que atrapa incluso a quienes desean salir.

“El ser humano no siempre ama para su bienestar. Con frecuencia ama también para repetir, para sostener conflictos inconscientes o incluso para sufrir”, afirmó Jorge E. Catelli, psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina y profesor e investigador de la UBA.

El amor y el daño, una confusión aprendida

El psiquiatra Sergio Grosman de la Asociación de Psiquiatras de Argentina señaló a Infobae que muchas personas quedan atadas a relaciones dañinas porque el cerebro aprendió, desde la infancia, a asociar el amor con el daño. Crecer con adultos que consuelan y, al mismo tiempo, hieren o abandonan, enseña una lección silenciosa: “el amor es indistinguible del daño”. Así, el consuelo y la herida se entrelazan, y buscar refugio en quien lastima se vuelve un patrón que se arrastra hasta la adultez.

“El sufrimiento no siempre basta para romper una relación: el vínculo puede funcionar como un escenario donde se repiten viejas expectativas de reconocimiento, reparación o pertenencia”, explicó Catelli.

Con el tiempo, esta confusión se transforma en una brújula interna incapaz de distinguir el norte. El miedo a perder el afecto se mezcla con la necesidad de sobrevivir, y aunque el instinto impulsa a huir del peligro, algo más profundo obliga a quedarse.

Según el especialista: “Cuanto más intenta una persona resolverlo haciendo algo que no funciona, más se consolida el problema”. Hablar, explicar, confrontar, perdonar: cada intento parece lógico, pero solo refuerza el vínculo. “Muchas relaciones amorosas se sostienen incluso cuando generan sufrimiento intenso”, subrayó Catelli.

Asociar amor con sufrimiento es
Asociar amor con sufrimiento es una enseñanza silenciosa que condiciona las relaciones adultas - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Soltar una relación tóxica no es cuestión de decidirlo una vez y para siempre. Cada año, cada palabra, cada esperanza depositada pesa sobre los hombros. El esfuerzo invertido se vuelve una carga que dificulta retroceder.

Según contó Grosman, soltar implica aceptar que nada de eso alcanzó y dejar atrás la ilusión de que todo puede mejorar. El temor al vacío crece y, a veces, la soledad o el dolor de la ruptura asustan más que el malestar conocido. “El miedo al vacío, a la soledad o al dolor de la ruptura es tan insoportable que preferimos quedarnos en un malestar conocido”, relató el psiquiatra.

Intensidad y obsesión: la montaña rusa emocional

La obsesión rara vez llega con una advertencia clara. Según la psicóloga Alaleh Nejafian, experta en psicoanálisis vincular, las relaciones donde predominan la intensidad, la intermitencia y la incertidumbre generan una poderosa dependencia emocional.

“Muchas veces confundimos intensidad con amor”, explicó Nejafian a Infobae. La montaña rusa de emociones, los momentos de acercamiento que alternan con distancias abruptas, las promesas que se esfuman y la expectativa constante, mantienen a la persona en estado de alerta, esperando el regreso de los momentos buenos.

“La incertidumbre mantiene la expectativa viva y nos hace permanecer ahí, esperando que el otro vuelva a ser como en los momentos buenos”, subrayó.

La obsesión por alguien transforma
La obsesión por alguien transforma la vida cotidiana y eclipsa otros intereses y vínculos personales (Freepik)

En este tipo de vínculos, la ansiedad y la rumiación ocupan el espacio mental. La tranquilidad depende de lo que el otro diga o haga. El amor se transforma en obsesión, y los pensamientos giran sin descanso alrededor de una sola persona. “El vínculo empieza a organizar la vida emocional de manera excesiva”, advirtió Nejafian.

Y agregó: “Por eso, a veces es necesario tomar distancia para poder ver con mayor claridad qué está ocurriendo. La distancia permite mirar el vínculo con más conciencia, interpretar de otro modo lo que circula ahí y reconocer cuando una relación empieza a volverse dañina”.

“El enamoramiento es una forma de idealización del objeto amado. Idealizar es parte del amor. Sin embargo, cuando esa idealización se vuelve absoluta, y no es posible admitir al sujeto real, más allá de aquél idealizado, el sujeto puede quedar atrapado en una dependencia afectiva que debilita su autonomía”, explicó Catelli.

Además, agregó: “En esos casos aparecen algunos signos característicos: dependencia emocional extrema, celos o vigilancia permanente, ciclos repetidos de conflicto y reconciliación intensa, deterioro del bienestar personal, laboral o social, reiteración e insistencia del sufrimiento referido al vínculo”.

Cuando el espacio propio se desvanece

Una señal de alerta contundente es la pérdida paulatina del espacio personal. Amistades que se enfrían, proyectos que quedan en pausa, intereses y pasiones que se apagan. Según Grosman: “La relación va absorbiendo o bloqueando progresivamente todo el espacio personal”. El amor sano, en cambio, permite crecer, sumar, convivir con la vida propia y los proyectos individuales.

La obsesión suele borrar los
La obsesión suele borrar los límites propios y convierte al otro en una necesidad constante (Freepik)

La obsesión se revela cuando todo lo demás desaparece. El otro se convierte en el centro absoluto, y la tranquilidad solo llega si esa persona responde, aprueba, está presente. “El amor permite estar con el otro sin dejar de ser uno mismo, mientras que la obsesión empieza a borrar esa frontera”, subrayó Nejafian. La diferencia no está tanto en la intensidad, sino en cómo la relación afecta la libertad, el cuidado y la vida cotidiana.

Salir de la trampa: pequeños actos de autonomía

Terminar una relación que hace daño no ocurre porque alguien lo sugiera o lo ordene. Según Grosman: “Presionar a alguien para que cambie en un punto donde siente ambivalencia suele producir el efecto contrario”. Lo que puede abrir una puerta son los pequeños gestos de autonomía: reencontrarse con una amiga, retomar una actividad que se dejó de lado, tener una tarde solo para uno. Esos actos, aunque parezcan mínimos, reconstruyen la sensación de tener una vida propia y permiten respirar fuera del vínculo.

La distancia emocional ayuda a
La distancia emocional ayuda a ver con mayor claridad si una relación es saludable o dañina (Imagen Ilustrativa Infobae)

Aceptar que el dolor será inevitable también ayuda. “No hay forma de irse sin que duela”, advirtió Grosman. El acompañamiento de amigos, familiares o el apoyo terapéutico no elimina la dificultad, pero sostiene en el proceso.

La psicóloga Alaleh Nejafian explicó que distinguir amor de obsesión no es sencillo, porque al principio ambos pueden sentirse intensos y vitales. Pero la diferencia aparece en la forma en la que el vínculo afecta la libertad y la singularidad de cada uno. “El amor tolera la existencia del otro como otro. La obsesión, en cambio, tiende a querer reducir la incertidumbre: necesita controlar, asegurar, confirmar constantemente”, afirmó. En el amor, el otro es reconocido como alguien separado, con su propio mundo, y la relación suma a la vida. En la obsesión, el otro se vuelve indispensable y se borran los límites propios.

Reconocer que la obsesión no
Reconocer que la obsesión no es amor es un paso necesario para salir de la trampa afectiva (Imagen Ilustrativa Infobae)

“En cuestiones amorosas, la vida psíquica raramente responde a soluciones instantáneas. A veces, el verdadero trabajo consiste en comenzar por descubrir que amar no debería implicar renunciar a la propia vida”, concluyó Catelli.

La especialista compartió una pregunta que puede servir de brújula: ¿este vínculo me hace crecer y me cuida, o me consume y me desordena? La respuesta no siempre llega de inmediato, y tampoco existe un único camino para salir. El proceso es íntimo, a veces silencioso, con avances y retrocesos. Como escribió Sartre, la libertad siempre está ahí, aun cuando parezca inalcanzable. Y, tal vez, el primer paso sea reconocer que la obsesión no es amor, sino una trampa que puede abrirse con pequeños gestos, sin prisa y a su propio ritmo.

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