Cómo Ucrania logró fabricar drones sin depender de componentes chinos

Kiev redujo su dependencia de Beijing del 100% al 38% en tres años y dos de sus empresas fueron seleccionadas para el programa de adquisición masiva de drones de ataque del Departamento de Defensa estadounidense

Infobae

Tres años bastaron para invertir una ecuación que parecía irreversible. Cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala en febrero de 2022, Ucrania dependía por completo de China para armar los drones que sus soldados modificaban de forma artesanal en talleres improvisados. Eran aparatos comerciales baratos, de 500 dólares, adaptados para lanzar explosivos. Hoy, según reveló The New York Times, el país alcanzó la capacidad de fabricar drones de combate sin un solo componente chino.


El dato no es menor en una guerra donde los aparatos no tripulados se convirtieron en el arma dominante. El mayor Robert Brovdi, comandante de las Fuerzas de Sistemas No Tripulados, atribuyó a los drones más del 90% de las bajas infligidas a las tropas rusas. Esa centralidad explica la urgencia de Kiev por blindar sus cadenas de suministro frente a un proveedor que, pese a declararse neutral, favoreció sistemáticamente a Moscú.

Beijing restringió la exportación de drones civiles de largo alcance en junio de 2023 y amplió las limitaciones en septiembre de 2024 a controladores de vuelo, motores, módulos de radio y cámaras de navegación. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) documentó la asimetría: en 2023, China vendió drones a Rusia por 14,5 millones de dólares y a Ucrania por apenas 200.000. Según funcionarios ucranianos citados por el Times, compradores de ambos bandos adquieren piezas en las mismas fábricas chinas, cuyos directivos organizan los turnos para que no se crucen.

Un empleado de la empresa
Un empleado de la empresa SkyFall ensambla drones interceptores FPV P1-Sun en una planta de producción, en medio del ataque de Rusia a Ucrania, en un lugar no revelado, Ucrania, 6 de marzo de 2026 REUTERS/Valentyn Ogirenko

La respuesta ucraniana fue acelerar la localización industrial. La trayectoria de F-Drones, marca de Ukrainian Defense Drones Tech Corporation, condensa ese proceso. La empresa arrancó en 2023 con el 100% de sus insumos importados de China. En un año producía marcos de carbono y antenas propias —hasta 15.000 unidades diarias—. Para 2025 sumó controladores de vuelo, reguladores de velocidad, módems de radio y sistemas de video. Solo las cámaras quedan fuera de su línea, y las obtiene de otro fabricante ucraniano con proveedores europeos.

A escala nacional, la transformación es igual de marcada. La proporción de componentes chinos en los drones ucranianos cayó del 100% a cerca del 38% en 2025, según el Consejo de Industria de Defensa y el Instituto Snake Island. El país produjo cinco millones de drones ese año y proyecta superar los siete millones en 2026, cifras que reflejan una industria bélica construida casi desde cero en tiempo de guerra.

El Pentágono tomó nota. F-Drones y General Cherry compitieron entre las 25 firmas seleccionadas para el programa Drone Dominance, dotado con 1.100 millones de dólares y orientado a equipar a las fuerzas estadounidenses con más de 300.000 drones de ataque antes de 2027. Tras las evaluaciones de febrero en Fort Benning, F-Drones fue incluida entre las 11 empresas elegidas para posibles contratos.

ARCHIVO – Un militar controla
ARCHIVO – Un militar controla un dron FPV de la empresa General Cherry en el polígono, en Ucrania, el 4 de diciembre de 2025. (AP Foto/Evgeniy Maloletka, Archivo)

Más allá del frente, la autosuficiencia refuerza la posición negociadora de Kiev. El coronel Pavlo Palisa, asesor militar de Zelensky, lo planteó en términos directos: importar equivale a depender, y cualquier dependencia debilita. Si Beijing comprueba que sus restricciones perdieron capacidad de daño, tendrá menos razones para endurecerlas. Persisten, sin embargo, cuellos de botella: baterías y materias primas como litio y tierras raras siguen atadas a cadenas dominadas por China.

La producción masiva de drones enteramente libres de piezas chinas no llegará pronto —los costes locales superan a los de importación y la demanda del frente impone límites presupuestarios estrictos—, pero la capacidad técnica ya existe como seguro ante un corte total. En una guerra que se redefine cada mes con diseños ajustados al rendimiento real en combate, esa reserva industrial vale tanto como una línea de defensa.

La experiencia acumulada en el frente ucraniano podría encontrar una aplicación inesperada en el Golfo Pérsico. Tras el inicio de la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán a finales de febrero, Teherán respondió con oleadas de drones Shahed contra países del Golfo que albergan bases estadounidenses: Kuwait, Baréin, Catar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.

Un empleado revisa el dron
Un empleado revisa el dron interceptor FPV P1-Sun antes de volarlo en un campo de entrenamiento durante un examen para operadores de drones militares de la academia de vuelo SkyFall, en medio del ataque de Rusia a Ucrania, en un lugar no revelado, Ucrania, el 6 de marzo de 2026 REUTERS/Valentyn Ogirenko

Washington descubrió que sus sistemas de defensa aérea, diseñados para interceptar misiles con proyectiles que cuestan millones de dólares, resultaban ineficientes contra los drones iraníes. Zelensky despachó especialistas a Jordania. Según declaró en sus redes sociales, 11 países solicitaron asistencia ucraniana.

Kiev desarrolló durante la guerra interceptores de bajo coste capaces de detectar, perseguir y destruir los mismos Shahed que Rusia lanza contra ciudades ucranianas desde 2022.

Zelensky ofreció la tecnología directamente al príncipe heredero saudí Mohammed bin Salmán y propuso un intercambio: drones interceptores a cambio de misiles PAC-3 para los sistemas Patriot que Kiev necesita contra los misiles balísticos rusos. La jugada refuerza la posición negociadora de Ucrania en un momento en que sus capacidades industriales dejaron de ser solo un activo militar para convertirse en moneda diplomática con valor global.

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