Cerrado por papelón
Nueva vergüenza de Boca, silbidos y bronca de la gente por el empate contra un recién ascendido. Riquelme bajó la cortina de su palco y se fue. En esto nos convirtió.
Ni siquiera la gente putea lo suficiente. En algún momento se va a terminar también el negocio de los turistas porque la barra se pierde en su sinfonía monocorde y alejada de la realidad, no levanta a nadie con su ritmo. El equipo, desde abajo, tampoco genera nada. Los que vienen a ver el espectáculo de la pasión, entonces, poco a poco se irán, defraudados. Hay una imagen que dice mucho sin necesidad de palabras: el toldito del palco del presidente está bajo cuando en la cancha aún queda gente. "Cerrado por vergüenza", debería decir un cartel, indicando por qué Riquelme no da la cara, por qué se esconde. Todos sabemos por qué: este es su fracaso, completito. Él es el responsable máximo de este momento. Y no me vengan con las huevadas de que el año empieza en abril porque genera una oleada de terror que el equipo haga papelones en la Libertadores después de años en los que ni siquiera fue lo suficientemente digno como para jugarla.
No alcanza para ilusionarse el ratito del segundo tiempo en el que vimos a Paredes, a Aranda -inexplicable que no sea titular con la apatía generalizada que hay-, el regreso tenue de Ander Herrera, casi en puntitas de pie. No alcanza porque el resultado final es un empate 1-1 en la Bombonera contra una formación recién ascendida que ni siquiera está adaptada al ritmo de la categoría. Úbeda regaló un tiempo y ocho minutos. ¿Alguien puede explicar por qué no hizo los cambios en el descanso? ¿Acaso había quedado conforme? Por favor, qué cero a la izquierda que es este tipo. Títere, incapaz. Es insólito que este muchacho siga en el banco de Boca. "Me generan angustia los silbidos", dijo el ayudante de campo luego del partido. Andate, viejo, no sufras más. Nadie te retiene.
Si Riquelme quiere un poquito a Boca, lo tiene que echar esta semana, pedir perdón por haberlo dejado y contratar un técnico para que en los diez días posteriores al partido con Lanús del próximo miércoles trabaje con el plantel, a ver si puede generarle algo. Y sea quien fuere el que dirija lo que viene, basta de Alarcón y de Janson. Nunca más. No necesitamos su apatía, su desidia, su falta de compromiso y de jerarquía, su liviandad. Aranda, un pibito que todavía nunca pudo ser titular, los expone. Por algo la gente lo aplaude tanto como los silba a ellos.
Tres empates y una derrota en los últimos cuatro partidos. Apenas dos goles convertidos. Fuera de los clasificados a la fase final del torneo cuando entran ocho de quince y nos queda por jugar el tramo más difícil (tres clásicos incluidos). Esa es nuestra tristísima realidad.
A destiempo, con el partido ya terminado, un público variopinto lleno de turistas, tipos que responden a los Riquelme por prebendas, gente que no sabe lo que es ir a la cancha ni conoce la historia entonó uno de esos gritos de guerra que tienen que pegarse durante el partido para generar una reacción inmediata. "A ver a ver los jugadores si pueden oír, con la camiseta de Boca ganar o morir". Ni el timing correcto tienen. En esto nos han convertido. Gimnasia de Mendoza pasó por la Bombonera como si hubiera ido a la cancha de Defensa y Justicia o de Estudiantes de Río Cuarto. Esto es angustiante, Úbeda. Inaguantable. Dejamos de ser Boca y somos un equipito más.


