Brasil 1 - Francia 2 / La samba de la tortuga
Mbappé marca 46 días después, ilusiona y decide una exhibición descafeinada. Vinicius pasa de puntillas y Raphinha es sustituido al descanso. Brasil mejora tras la roja a Upamecano
El suyo no fue un recital memorable, en sintonía con el resto de la orquesta. El Gillette Stadium, guarida de los Patriots, vivió un partido que tuvo más momentos de trantrán que de traca. Con electricidad a chispazos. Pero que dejó lo que tantos esperaban: el rugido de Mbappé. Quien llevaba 46 días sin marcar y los mismos sin ser titular. Sin ser él. Y tras varios días bajo el huracán mediático. Una arrancada made in Bondy, unos segundos de suspense y una vaselina para dejar petrificado a Ederson. El gol que tantas y tantas veces ha hecho. Dejando tan atrás a los defensas, que sonroja. Que destroza. Fue el jaque a un partido con Vinicius prácticamente desaparecido. Y con Raphinha inquietando: sustituido al descanso. Que demuestra que Francia, más allá de no ser brillante, es Francia. Y que esta Brasil, no es Brasil.
Mbappé y Ancelotti se saludan en la banda.MICHAEL OWENSVinicius, de ‘delantero’
Quedará como enmienda a la parcialidad que ambos tuvieron murallas de circunstancias. Sobre todo, la canarinha: sólo a Wesley se le espera en el once del Mundial. Marquinhos, Gabriel y Alex Sandro eran baja por molestias; también Alisson, teórico guardián y Militao, kaiser. En Francia, faltó el más importante: Saliba, ausente en este parón por unas dolencias que sintió durante la final de la Copa de la Liga. Junto con Dembélé y Mbappé, son la libertad, igualdad y fraternidad particular de un país cuya pólvora atemoriza, pero organización tranquiliza. Huérfano de un timón. En el fondo, un espejo de Brasil. En donde Ancelotti mantiene su apuesta de Vinicius como delantero, en una dupla con Cunha. Con Martinelli por detrás y Raphinha, a la derecha.
Vaya acostumbrándose. Empiezan a asomar por debajo de la puerta las garras −de diferentes dimensiones− de dos monstruos de este Mundial. Equipos que prefieren la verticalidad, a la horizontalidad. Que no corren, vuelan. Y que viven más del talento de ciertas voces, que de la belleza del coro. El impulso individual también ha llevado al éxito. A veces, funciona. Pero se antoja difícil... especialmente para Brasil. Carente de un generador de juego; de un organizador. Casemiro da un paso al frente en su ausencia y recoge galones, pero no da abasto. El equipo se aferra a que la verticalidad lleve el balón a sus genios y ellos froten sus propias lámparas. Una fórmula con un techo no muy alto.
Vinicius observa a Maignan tras una acción.FRANCK FIFEInclemente Kylian
Así, el guion de partido fue un sota, caballo y rey. Francia dominaba casi por inercia, mientras que Brasil intentaba correr cuando recuperaba. Que era casi nunca. La primera parte fue una tiranía bleu. Tras una primera media hora tan soporífera que la pausa de hidratación pilló a los equipos sin haber roto a sudar, se abrió el bote de kétchup. Mbappé, cuyas participaciones habían sido mínimas, demostró que esto no va tanto de la cantidad, sino de la calidad. Tuvo una y la metió. Reluciendo velocidad y pegada. Siendo Kylian; la tortuga que vuela. Massachusetts enloqueció por fuera y Ancelotti, por dentro, incapaz de entender el desajuste de Léo Pereira en defensa. Brasil es frágil en líneas generales; pero es gelatina en defensa.
Mbappé supera a Ederson con una vaselina.MICHAEL OWENSAlerta y harakiri
Casi sin sustos, se llegó al descanso. Donde llegó la noticia de la marcha de Raphinha, aparentemente por molestias musculares. Bien porque los picos de adrenalina son impredecibles o porque Carletto se convirtió en Ancelotti y destrozó un puro en el descanso, salió otra Brasil. Durante 10′, Francia sufrió. Sufrió mucho. Achicando agua, despejando balones. Hasta que llegó el harakiri de Upamecano: falta sobre Cunha siendo el último y polémica servida. El árbitro lo saldó con amarilla, pero este, probablemente de los pocos amistosos con VAR que se han realizado en el globo terráqueo, hizo alarde de su tecnología. Gonzales Junior, juez, acudió al 16:9 de la banda. Y sentenció que era el último hombre: roja directa.
Upamecano derriba a Cunha siendo el último.MICHAEL OWENSMbappé, hasta el 66′
Pareció ser el momento de Brasil. Pero fue todo lo contrario. La perfecta demostración de un equipo que sigue lejos de lo que debe ser. Contra diez, empeoró. Vislumbró tantos espacios, que sufrió parálisis por sobreanálisis. Y terminó siendo víctima de los propios. Desajuste, contragolpe de Francia y gol. Balón a la espalda de la defensa, mano a mano y zarpazo de Ekitike. Vaselina con calidad. Sencillo, sutil. Tan sencillo que fue sonrojante. Entonces, llegó el momento del cambio: Mbappé duró 66′, marchándose sin atisbos de molestias y con la ovación de Massachusetts. Su trabajo estaba hecho.
Y la tuvo Vinicius
Con media hora por delante y tras Ancelotti agitar la coctelera del once, hubo reacción. Breve, inconsistente. Pero Betadine para sanar una herida irrefutablemente dolorosa. Balón parado desde la izquierda, acción embarullada y Bremer, dentro del área, hizo el 1-2. Inyectó emoción en una recta final que la tuvo. Con dos equipos, para entonces, ya absolutamente de circunstancias. Y con Vinicius aún sobre el campo. Innegociable; luciendo el brazalete de capitán. Y quien tuvo el empate en el 97′, la última. Pero su remate, tras un balón raso que perforó el área, fue al aire. Ahí estuvo.
Punto final en Massachusetts. A 5.500 kilómetros del Bernabéu, en la guarida de los Patriots, se cruzaron Mbappé y Vinicius. Allí se acogerán más de media docena de partidos en este Mundial; entre ellos, uno de cuartos. El tiempo dirá qué Galácticos lo pisarán. Este jueves, Kylian lo hizo para volver a ser titular, tras 46 días. Para volver a marcar, tras 46 días. Para ilusionar y decidir una exhibición descafeinada. Pero que, en el fondo, vino a exhibirle a él. Entre liebres, ganó la tortuga. Enésima demostración de la fábula interminable. Y promesa a Sabina: nada, ni nadie, le robará el mes de abril.


