Autopsia a la Champions dopada del 96: “El Supremo dijo que la Juve cometió un delito”
El Tribunal Supremo estableció en 2007 que la Juve tejió del 1994 al 1998 “un dibujo criminoso para alterar los partidos mediante la suministración ilícita de medicamentos”
Esas declaraciones espinosas del ex técnico checo (entrenador de la Roma entonces), pusieron el acento en dos futbolistas de la Juventus que habían aumentado considerablemente su masa muscular: Gianluca Vialli (falleció con 58 años) y Alessandro Del Piero, campeones de Europa en el 96 en una final agónica contra el Ajax de Van Gaal. La última, de momento, de la Vecchia Signora. “Ojo, que el Supremo dijo que fue un delito, aunque finalmente prescribió el caso. Esto no es absolución. En algunos documentos vimos el elenco de fármacos consumidos, al parecer para estar mejor. El doctor, sí, era Riccardo Agrícola”, explica telefónicamente al diario AS Raffaele Guariniello, celebérrimo magistrado y jurista italiano de la República, encargado de llevar el caso desde la Fiscalía de Turín.
Actualmente tiene 85 años, aunque no ha perdido mácula. Sigue siendo tifoso bianconero y un gran defensor de la tutela, la salud, en el trabajo. Fue él quien condenó en los setenta a la FIAT, acusada de violación de secreto profesional y abuso de poder. También se erigió en látigo para erradicar el doping en el deporte. “Una práctica que estaba difundida no solo en el fútbol, sino también otras actividades deportivas y polideportivas amateurs, como por ejemplo la petanca. Se alargó al ciclismo, el atletismo… Vinieron mujeres de deportistas muertos con serias dudas sobre lo acontecido. Tumores por amianto. Realizamos investigaciones epidemiológicas tomando como referencia nombres del álbum Panini. Una correlación que encontramos tenía que ver -también- con las víctimas de SLA (ELA, en español)”, explica. Y es que fueron varios los futbolistas que fallecieron golpeados por esta terrible enfermedad, presuntamente provocada además por el uso-abuso de pesticidas en el terreno de juego… Sí, despuntaron Marco Sguaitzer, Gianluca Signorini y Stefano Borgonovo, ex Milán y Fiorentina, como algunos de los aquejados por la esclerosis lateral amiotrófica. Hoy siguen siendo muchos los interrogantes.
Lo cierto es que eran años de fuego en Italia, en el Calcio. Una década salvaje -los noventa- en los que incluso algunos futbolistas después terminarían reconociendo haber tomado de todo. Dino Baggio, Raducioiu, Zidane (“creatina, el antidepresivo Samyr, inyecciones endovenosas y transfusiones antes de los partidos en el hotel”) o Matías Almeyda, hoy técnico del Sevilla. “En el Parma (año 2000) hacíamos transfusiones constantes. Cuando entrabas en el terreno de juego podías saltar hasta el techo”, llegó a declarar en su biografía Alma y Vida. Subrayando, también, sus sospechas en que eso de alguna manera pudo haber repercutido en problemas musculares o cardíacos.
Ahora se entiende mejor que, durante el funeral de Sinisa Mihajlovic (afectado de leucemia) en diciembre’22, Claudio Lotito (presidente de la Lazio y senador de Forza Italia) detonara la bomba. Entonces Gianluca Vialli ya estaba muy enfermo, con un estado avanzado del tumor al páncreas. “Habrá que investigar en algunas enfermedades que podrían tener un presunto vínculo entre el tipo de estrés y los tratamientos efectuados años atrás”. Se arrimó también a esta corriente precisamente el ex fiscal Guariniello: “El problema es el doping”. Fueron, rápidamente, tildados de locos. Silenciados, incluso politizados como negacionistas de la pandemia. Todo terminó instrumentalizándose para quedar en la nada más profunda.
¿Epo antes de la final de Roma?
El cuadro es peliagudo, y está lleno de espinas. Las controvertidas declaraciones pronunciadas en su día por Zidane ante el juez Giuseppe Casalbore, hoy yacen sumidas entre los algoritmos de internet. Edulcoradas o blanqueadas a partes iguales. Sin embargo, son claras y disponen de fecha-lugar. Se remontan al proceso donde se imputó al entonces administrador delegado del club -Antonio Giraudo- y el médico social -Riccardo Agricola-, acusados de violar la ley sobre el fraude deportivo. El asunto doping terminó sumergido en la prescripción, apocopándose a otros casos de otras sentencias de una Italia ingobernable y oscura. Pero sí, el Tribunal Supremo estableció el 29 de mayo de 2007 que la Juve de Lippi, del doctor Agricola y del tridente Del Piero-Vialli-Ravanelli, tejió del 1994 al 1998 “un dibujo criminoso para alterar los partidos mediante la suministración ilícita de medicamentos”. Es lo que recoge la sentencia, a la que ha tenido acceso AS.
La trama es dramática, incluso treinta años después. Deportistas sanos, en definitiva, que mejoraban su rendimiento mediante sustancias prohibidas. Una maraña de estrellas juventinas (Birindelli, Vialli, Ferrara o Del Piero fueron a declarar…) en la que solo Zizou tuvo el valor añadir algo más al mantra teatral orquestado desde las plantas nobles del club: “No lo sé. Non me acuerdo”, decían al unísono. Quizás amparados en una ley sobre el doping aprobada en el año 2000 y en vigor desde 2001, motivo por el cual el trasatlántico turinés esquivó prácticamente cualquier iceberg, salvo su reputación, su imagen, sensiblemente dañada y mancillada.
Desgranada la letra pequeña, restaba la final en el Olímpico de Roma. Litmanen igualó el tanto inicial de Ravanelli. En los penaltis, Jugovic anotó el tanto decisivo para dar la segunda y última Copa de Europa a la Juventus, condenada en primer grado y absuelta en el Tribunal de Apelación. En esos tiempos, la televisión holandesa Nos publicó un documental dirigido por Thomas Blom, donde se entrevistó a Giuseppe D’Onofrio, docente de Hematología y Medicina de la Università Cattaolica Sacro Cuore (Roma). Fue perito de parte en el proceso. También en el de ciclismo, al médico Francesco Conconi. Habló de hasta ocho jugadores del conjunto turinés, antes del encuentro, con un nivel de hemoglobina alterado. El profesor D’Onofrio, como no podía ser de otra manera, hoy no responde al teléfono. Dios siempre fue una gran coartada. La más importante de todas.
Repertorio de fármacos
Lógicamente, hay muchos cabos sueltos en el mediático fallo del dictamen. Por ejemplo, en el plano científico la sentencia no recoge pruebas directas de la asunción o suministración de eritropoyetina (Epo). No fue óbice, sin embargo, para que el consultor técnico nombrado por el Tribunal considerara que, viendo unos sospechosos valores hemáticos (hematocrito y ferritina), fuera “deducible” su uso. El hecho, pues, que no subsiste en términos jurídicos, incide en el fraude deportivo.
Por si fuera poco, todo aliñado con algunos medicamentos (Voltaren, Neoton, Orudis, Bentelan, Mepral o Liposom) que Torriccelli, Vialli, Baggio, Peruzzi, Deschamps o Montero, en muchos casos, negaron haber ingerido para un hipotético beneficio psicofísico. Zidane, sin embargo, fue escueto, aunque -entre líneas- soltó un mundo: “transfusiones, pero de vitaminas, necesarias para jugar setenta partidos al año. Eso decían los médicos. La creatina solo lo tomé en la Juve. Ni antes, en Francia; ni después, ya en Madrid. Dos o tres gramos durante la semana. ¿Aumento de peso? Quizás por el duro entrenamiento con pesas”. Hay que recordar que su uso no es considerado infracción para la WADA. Sí, la creatina no aparece entre las sustancias prohibidas, actualizadas en 2012. El bucle, por lo tanto, puede seguir girando eternamente. Camina siempre rápido hacia ninguna parte.
Fallidos seguirán los alegatos a la UEFA desde Holanda para apropiarse una Champions adulterada que vio, bajo el cielo romano, un gol imposible de Ravanelli a Van der Sar. Zeman, por su parte, sigue vivo, pero está muy enfermo y ya prácticamente hace declaraciones. Massimo Mauro, ex futbolista bianconero en los años ochenta, prosigue con su fundación no lucrativa encargada de financiar nuevas técnicas e investigaciones que frenen ese demonio llamado ELA y prevengan el cáncer en un contexto deportivo. “Repito que incluso en petanca hay doping”, recalca Guariniello. Edgar Davids y Pogba, por citar dos ejemplos más, saben de qué va la historia.


