Atlético 1 - Getafe 0 / Los Peaky Blinders tienen acento argentino

Nahuel y Musso, decisivos. El primero por el golazo que marcó en la primera parte. El segundo porque guardó con sus paradones en la segunda. Roja a Adbar por pellizcarle a Sorloth sus partes íntimas.

Patricia Cazón
As
Los Peaky Blinders habían tomado el Metropolitano pero las estrellas de la película tuvieron acento argentino. Porque si Nahuel marcó, Musso guardó. Tres puntos más para un Atleti que venció a ese Getafe que el marzo pasado marcó el inicio del derrumbe. Simeone los cambiaba a todos menos a Pubill. Bordalás a ninguno. Con cinco atrás salían los azulones, en la tarde de amarillo y, ordenados igual, los Cholo Blinders, que todo el partido estuvo envuelto con acciones promocionales en torno a la película de la serie de Netflix. Porque a Londres mejor se va por Birmingham. Y con victoria.

Y desde Birmingham pareció disparar Nahuel a los ocho minutos. Que Simeone ha conseguido que todos sus futbolistas estén a punto cuando se debe, marzo. Nahuel, que ocupaba el carril diestro pero se había ido a la izquierda para sacar de banda a lo catapulta, legado de Gámez. El rechace favoreció al Atleti porque Femenía no controló bien y el balón terminó en los pies del mismo Nahuel, aún por la izquierda. Un Nahuel que, a más de 30 metros, ni se lo pensó. Y, como si en su cuerpo habitase por un momento Griezmann, o el mismísimo Tommy Shelby, lo golpeó con la diesta como quien percute un arma. La pelota voló a la red por la escuadra tan bonita como efectiva. Golazo. Baena, Sorloth y Pubill alzaron los brazos dibujando una ‘oooh’ de exclamación. La película tornaba a tragedia. Para Bordalás, claro. Por orden de Nahuel.

El Atleti acuchillaba por los extremos y confundía por dentro con Baena y Almada mientras al Getafe, con Djené en el centro, le pasaba todo el juego por encima. Vargas debutaba en la titularidad rojiblanca correcto, dando sentido a la circulación de pelota. El área de Musso, porque quien jugaba era el argentino y no un Oblak con molestias, era como de otro planeta de tan lejos para el Getafe, con las ideas cortocircuitadas y sin gasolina. Esa en la que Nahuel había sumergido su pierna derecha para convertirla en un cañón. Antes de la media hora había vuelto a dispararlo ante Soria, ahora para dejarle al portero los guantes llenos de pólvora, que lo paró. Iba y venía el argentino, imparable: con confianza es un jugadorazo. Y son partidos como este los que le ayudan a dejar atrás los memes.

Sorloth estrellaba un balón en el poste mientras el Getafe se ordenaba en línea de cuatro para empezar a generar en campo rival. Descubrir que Musso era humano y no un marciano. Un Musso que seguía sin sufrir aunque los de Bordalás comenzaran a llegar a ráfagas. El Atleti presionaba, el Atleti ganaba los duelos. Los Cholo Blinders eran señores y dueños. La desesperación del Getafe la representó Duarte con una tijera sobre la pierna apoyada de Baena, cayendo con todo su peso. Criminal. Aunque el árbitro no sacara tarjeta. Falta pitó de milagro.

Nahuel, el más incisivo, pudo marcar en el añadido antes del descanso, pero la pegó mal solo en el área. La grada se frotaba los ojos. El espectáculo prometido llevaba acento argentino. Y no solo sería suyo.

El Getafe salió a la segunda parte siendo el Getafe que se conoce. Más arriba e intenso. Enseguida se palpó en la hierba. Musso estrenó los guantes después de un tuya-mía-de nadie con Pubill que permitió la primera ocasión real del Getafe. El argentino detuvo ante Satriano y después tapó los espacios. Lo intentó Milla desde la frontal y lanzó el Getafe su primer córner cuando, de pronto, a Abqar le dio por hacerle a Sorloth aquello de Míchel a Valderrama pero en pellizco. El noruego reaccionó inmediato en cuanto sintió el roce en sus partes: agarró al jugador del Getafe del brazo y lo lanzó al piso. El VAR avisó, el árbitro vio: roja al primero, amarilla al segundo. El partido se había llenado de barro e interrupciones como si en efecto lo jugasen los Peaky Blinders reales. El Getafe no se resintió con 10. Esta parte era la suya y así la continuó.

Sorloth se fue ovacionado y tras jugarse la roja por dejarle a Romero el codo en la cara. No la vio. Tampoco un Vargas por pisar a Milla, que Simeone enseguida también quitó. Arambarri mandaba alta una ocasión solo ante Musso para que comenzara el tiempo del portero. El mejor suplente de Oblak desde Moyá le negó el gol a Milla justo antes de que Soria hiciera lo mismo con Grizi y Duarte evitara en la línea el de Julián. Musso estiraba su leyenda en el añadido, de nueve minutos, para desviar con la mano un cabezazo de Liso que olía a gol. Quizá sí es de otro planeta y lo aterrizó en esta tarde en la que Madrid fue Birmingham

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