Valencia-Real Madrid / El Madrid despierta a tiempo
El equipo blanco gana en Valencia con un gol de Carreras y otro de Mbappé, pero su fútbol sigue sin despegar. Pañuelos y gritos de dimisión para Corberán.
Las bajas desgalactizaron mucho al Madrid y obligaron a Arbeloa a componer un centro del campo siderúrgico, con Valverde, Tchouameni y Camavinga en la misma línea. Triple ración de fibra para un equipo corto de creatividad y también de confianza en un estadio que le considera invasor de Mijatovic a nuestros días. Sucedió, de inicio, lo previsto: no encontraron la salida ante un Valencia presionante y presionado por su público.
También se vio remendada la defensa, en la que el canterano David Jiménez actuó como lateral derecho. No se atrevió Arbeloa con Trent, que llevaba más de dos meses fuera, ni con Carvajal, que desde septiembre había jugado 68 minutos. Ambos están lejos de sí mismos. Y arriba se inclinó por el olfato de Gonzalo en lugar de por la velocidad de Brahim, al que su gran Copa de África no le renta en el Madrid. Merece mejor trato.
Corberán, que se quedó sin Foulquier a última hora, aplicó el factor de corrección de los tres centrales con dos laterales de larga distancia, Rioja y Gayà, para tocarle los costados al Madrid después del fracaso en la Copa, enésima puñalada a una afición muy por encima del equipo y de la propiedad. Ese 5-4-1 en el que se refugió sin la pelota espesó mucho al Madrid. Y los arranques de garra le permitieron forzar algunos córners, lo más parecido a una ocasión de gol. Entre unos y otros quedó un partido corto de sal, presentado en horizontal y sin ninguna agitación más allá de un disparo raso y sin ángulo de Mbappé que rechazó Dimitrievski con las piernas y otro del novato David Jiménez, a pase del francés, que tropezó en la misma piedra.
El tostón
Quedó la impresión de que Valencia y Madrid andan muy cerca de tocar fondo. Los de Corberán, por falta de personal. El equipo lleva años mirándose en la tabla sin reconocerse y ahora anda en una desconocida economía de guerra que pasa por poner a los más peleones, que no siempre coinciden con los mejores, y esperar que le infle Mestalla, su ejército de salvación. Podría decirse lo mismo del Madrid, muy mermado de calidad, sin futbolistas de desborde ni sorpresa, un equipo conformista, aburridamente uniforme, que pretendió justificarse con un dominio que moría al borde del área y algunos tiritos esporádicos.
Cierto es que suyas fueron las pocas ocasiones del primer tiempo, casi todas impulsadas por Mbappé, pero sin salir de ese tono mustio que contrajo en Lisboa y repitió ante el Rayo. El francés asumió un liderazgo responsable sin demasiado acompañamiento. Sus acciones fueron de fabricación propia, sin respaldo de unos centrocampistas planos y sin mezclar bien con Gonzalo, delantero más de apariciones que continuidad en el juego.
Lo cierto es que el primer acto se acercó mucho al tostón, lo que conviene muy poco ahora al equipo de Arbeloa, menos aún cuando juega en el Bernabéu, cuyo fondo sonoro se vuelve cada vez más inquietante.
Los pañuelos
El descanso no desencalló el partido. El Madrid siguió sin evidenciar el estado de necesidad que la clasificación le dicta. Insistió en su fútbol al pie, poco incisivo, de empacho de pelota. Y el Valencia, que esperaba hacer fortuna en alguna de sus salidas, se quedó varado siempre en el penúltimo pase. Ahí arriba le faltan jugadores de pie fino, una mejor compañía para Lucas Beltrán, jugador intenso y emprendedor aunque corto de gol.
Mbappé marcó así el segundo gol del Madrid.JOSE JORDANMbappé, que mandó aquel mensaje con espuelas en Lisboa, quiso predicar con el ejemplo, alejándose del área, buscando una rendija que finalmente encontró otro: Carreras. En un arranque por la izquierda se metió en el jardín valencianista, ganó el primer recorte, un rebote le aclaró luego el camino y acabó marcando de derecha con un tiro que pilló a contrapié a Dimitrievski. La jugada no tuvo finura ni
El gol espabiló a todos. Primero al Valencia, que pudo empatar en un remate al palo de Beltrán. Después a Corberán, que con los cambios se ahorró un central, porque ya no había nada que proteger. Y finalmente al Madrid, al que se apareció el espacio que antes le había faltado. Para aprovecharlo metió Arbeloa a Trent y Brahim. Ahí llegaron las ocasiones que faltaron antes. Una de Mbappé fue clamorosa, pero el francés no agarró puerta. No falló a la segunda, con asistencia de Brahim, para echar el cierre. Para entonces Mestalla había dado por perdido el partido y se empleaba contra Corberán, más cuando sustituyó a Beltrán, el mejor del equipo. Ya no queda paciencia y quién sabe si esperanza en este sufrido estadio.


