El destino sudamericano de River
Nueva derrota de River en el Monumental, esta vez por paliza ante Tigre. ¿Solo una mala noche?
En River hay muchas discusiones que están atravesadas por diversas cuestiones. La nostalgia, el cariño, el respeto, la intolerancia, la histeria, la historia, lo generacional, la madurez, la inmadurez, el bait, el sobreanálisis, el exitismo, la soberbia, la desidia, el hartazgo, la obsecuencia, el interés. Hay mucho "Riversplaining", es decir, mucho hincha que se cree en condiciones de explicarle a otro u otros cómo se es hincha de River, o cómo hay que serlo. Qué atributos hay que tener, cómo hay que manejarse con diversos jugadores, con técnicos, con dirigentes, cómo comportarse en la cancha o en las redes. Marcelo Gallardo tampoco ayudó demasiado hablando de "hinchas genuinos", ¿recuerdan?
En este panorama general, cada tema es una polémica. Y cada derrota será el volver a la cornisa y amplificar los debates fraternos. Será un problema que divida aguas el mercado de pases, el cariz de las negociaciones, los pibes de inferiores que tienen que jugar y los que no, el sistema táctico, si se puede criticar o no al técnico, el grado de vehemencia que está permitido en dicha crítica, qué se tiene que cantar en la cancha, qué cosas no se tienen que cantar, qué jugadores sirven, cuáles no, etcétera. Todo absolutamente todo, será, bah, es, una controversia. Lo cual, en un punto, no está mal, los choques de puntos de vista bien elaborados generan consensos y es en el consenso donde se producen las mejoras. Pero la gran pelea por tener razón tiene un gran problema de fondo: no se advierte en el Muñeco Gallardo un sentido verdadero de autocrítica. Repite y vuelve a repetir que lo de 2025 ya está, ya pasó, ya hizo el diagnóstico que había que hacer, como si no hubiera una clara continuidad en la repitencia de errores. Que son realmente ostensibles. Por lo tanto, repito, cada circunstancia coyuntural que hay en torno a River es un problema. Se habla de "antis", de "hinchas de tener razón", de "hinchas genuinos", de "nenes con ganas de llamar la atención", de "quejosos". Quiénes ven que River deambula en la mediocridad sin sentido desde hace mucho tiempo, cuando digo mucho me remonto a 2021 para acá, enseguida son tachados de intolerantes, falsos exigentes y demás, con lo cual toda crítica queda anulada. Cuando River evidencia con sus continuos fracasos que los diagnósticos están claros pero el cariño con la estatua obnubila el pensamiento un poco, ahí la crítica dicha por aquellos exigentes cobra sentido. Todo es una gran pérdida de tiempo entre disputas infantiles. En el medio, River pierde.
River necesita que digamos en serio lo que pasa. Los tres primeros partidos de este año no significaron demasiado, no pretendan maquillar con dos victorias módicas, y un empate, un borrón y cuenta nueva, que hubo una vuelta a las bases gallardianas. Seamos honestos. Es clave, esto de la honestidad. Porque hay que decir que River juega mal y que este ciclo es un verdadero dolor de cabeza, no hay que tener miedo a ser críticos en serio. Gallardo casi no habla, cuando lo hace, en las conferencias, le preguntan siempre por lo mismo, por las "energías", la "positividad" y demases. Todo se circunscribe a la emocionalidad. Se sigue sin hablar de fútbol, se sigue careciendo en los análisis, todo es "bueh, mal año, mal torneo, mala racha, mala noche, qué le vamos a hacer". En el medio, insisto, River se está acostumbrando a perder. Por ejemplo, jamás se pensó en que jugar la Copa Sudamericana es un retroceso absoluto, no sólo en cuanto al prestigio, River se complica con cuestiones futuras como el Mundial de Clubes por caso. Se complica también en lo económico, se pierde muchísima plata por no estar en la Copa. Todo lo tratamos de vestir con los problemas de otro, se está permanentemente mirando de reojo el derrotero desgraciado que viene teniendo la gestión Riquelme como para atemperar los fracasos que son propios. El mundo Bover anda así últimamente, con los objetivos degradados, como no le va bien a ninguno, mal que mal van tirando así. La vara por el suelo.
River hoy afronta los torneos locales, donde es uno más en la mediocridad general, con el plus de que se gastaron más de 100 millones de dólares y que juega acompañado por 90 mil personas siempre en su casa. Pareciera que el club crece por todos lados menos en su razón de ser: el fútbol. River hoy afronta su destino de Copa Sudamericana, el gran objetivo de este año, un torneo que aparece como un castigo por hacer las cosas mal, aunque el castigo mayor sea para el hincha que no ha merecido ver como se ha malgastado tanto dinero en equipos indignos y partidos lamentables. Quien quiera ver en esto una oportunidad de resurgimiento, adelante. A lo largo de este tiempo hemos hecho de cada derrota un foco de ilusión. La sensación es que mientras no haya sinceramientos reales, pocas cosas de fondo cambiarán. En este sentido, los debates intra River deberían ser en función de lo edificante más que en andar explicando por ahí cómo deber ser un buen hincha o no.


