Dortmund 2 - Bayern 3 / Golpe definitivo del Bayern
Los bávaros toman Dortmund para dejar la Bundesliga sentenciada a falta de diez jornadas para el final.
A diferencia de otros clásicos en los que terminó vapuleado, el Dortmund esta vez optó por no plantearle al Bayern un partido a cara descubierta, se centró en mantenerse sólido atrás y acertó. Estuvo a punto de quedarse con diez después de una feísima entrada de Schlotterbeck a la altura de la tibia de Stanisic, pero, por lo demás, los borussen supieron cortarle las alas al campeón anulando a Olise y Luis Díaz en banda con dos guardaespaldas para cada uno. Les costó la vida a los bávaros conectar con Kane, que apenas entró en juego en los primeros 45 minutos.
Por ahí pasaba la primera parte del plan de Kovac; la segunda era enchufar una de las pocas que se le fueran a presentar arriba para tumbar al coloso. Y Schlotterbeck fue el encargado de ejecutarlo a la perfección: el internacional alemán saltó más alto que nadie en un libre directo lanzado por Svensson para cabecear el cuero hacia el fondo del marco protegido por Urbig y desatar la locura en las gradas del Signal Iduna Park. Fue la guinda a una buena primera parte por parte de los locales que solo quedó empañada por una lesión de Can que le obligó a pedir el cambio.
Eso sí: todos y cada uno en el coliseo westfálico eran conscientes de que su eterno rival no había dicho la última palabra. Y apenas necesitó diez minutos del segundo período para ponerlo a prueba. Desde la frontal, Kimmich proyectó a Gnabry en el área; este la cruzó de cabeza y Kane superó a Kobel para silenciar al Muro Amarillo. Ya con Musiala sobre el verde, el Bayern fue creciendo, el Borussia se fue desinflando y, finalmente, terminó sucediendo lo inevitable: una falta de Schlotterbeck sobre Stanisic en el área obligó al colegiado a señalar al punto de penalti y Kane no perdonó.
Quedaban 20 minutos por disputarse en el oeste de Alemania; el Signal Iduna parecía un funeral, pero los de negro y amarillo aún creían. Y despertaron a los suyos de la única forma posible: marcando un auténtico golazo, una volea de Svensson a centro de Sabitzer, que les brindó a los 80.000 en la grada un final de infarto. Todo el estadio se puso en pie. Para animar a los suyos más fuerte que nunca. Hasta que Kimmich empalmó un rechace de Jobe Bellingham y lo hizo impactar en la escuadra y en el corazón del Dortmund para darle tres cuartos de ensaladera al Bayern. Un clásico, vamos.


