Brujas 3 - Atlético 3 / El Atleti se queda a medias
Los del Cholo desperdician un 0-2 en una buena primera parte y sufren para defender un empate en una mala segunda, en la que encajaron tres goles.
El partido fue una foto, cruda y sin filtros, de lo que está temporada el Atleti está siendo. Montaña rusa. Tobogán de emociones. Arriba, abajo, del cielo al suelo y vuelta a empezar. El subir y bajar de las nubes concentrado en los primeros 90 minutos de esta eliminatoria de dieciseisavos de Champions. Acarició el Cholo escribir esa línea en la historia del club que faltaba, la de al fin una victoria en Brujas. Pero, aunque primero se adelantó y después se levantó, Leko le arrebató a Simeone el bolígrafo de la mano en el 90′, cuando el argentino se disponía a firmar el 2-3 después de muchas idas, venidas y emociones cruzadas.
Había salido Simeone con la versión de entre semana y el once, con Oblak, que maravilló ante el Barça ante un Brujas sin Forbs que salió de puntillas y sin presión en campo contrario. Le costó cruzar por primera vez la línea del centro, aturullado por los hombres del Cholo que se movían con la agilidad de quien hace desaparecer bolitas en un cubilete. Julián retrasaba su posición para construir el juego con un Griezmann de interior con Llorente. Cuando los hombres de Leko quisieron darse cuenta donde estaba la bola era en el fondo de su portería. Con el Atleti instalado en su área, en un intento de despeje ante Hancko, a Seys le caía el balón sobre el brazo estirado. Penalti. El árbitro lo decretó tras pasar por pantalla. Julián lo tiró cerca del palo izquierdo como si quisiera romper el balón en la red. Y de paso un par de demonios. 0-1. El partido viró de inmediato.
El Brujas que había entrado al partido como sin querer molestar se quitó la careta. Y lo había debajo era mucho descaro. Los de Leko comenzaron a ahogar con una presión altísima sobre unos rojiblancos cuya defensa fueron pasos atrás y pérdidas. De pronto la pelota comenzó a resbalarles a los hombres del Cholo como el propio césped. Onyedika fue el primero en testar los guantes de Oblak, quien se embolsó fácil el disparo. El siguiente sería Tresoldi, pesadilla constante, tras un error de Giuliano, pero cruzaría demasiado su disparo desde la frontal. El Atleti ya no salía de su campo. Si del cielo caía agua-nieve, en la hierba había tarea: tapar los huecos para que dejaran de colarse jugadores del Brujas metiendo miedo. El primer milagro de Oblak llegó tras un despeje tierno de Llorente que Tresoldi llenó de malicia con otro latigazo buscando red. Los belgas eran avispas. Lobos. Colmillos. Manos al cuello con botas de fútbol. Onyedika y Stankovic se agigantaban en el medio para aprovechar la velocidad de Diakhon y que Tresoldi rondara las inmediaciones de Nahuel con intención de hacer sangre. Al igual que Sabbe con Ruggeri.
Reclamaron los belgas un penalti por mano de Koke al entender que espejaba la de antes de Seys. El árbitro no lo concedió y, cuando el Atleti fue capaz de volver a tejer una jugada que le llevara más allá de la línea del centro, entendió que la tormenta había pasado. Y seguía intacto. Respiró. El duelo se igualó. Aunque el Brujas siguiera sin perder a Oblak demasiado de vista, el portero volvería a negarle goles a Diakhon y Onyedika, mientras que Mignolet volvería a recoger el balón de su red antes del fin de esta parte. Le tocaba a Lookman sacar la botita. Dos minutos antes del 0-2 había avisado: Sabbe sacaba bajo palos un balón suyo tras pase de Giuliano. Dos después, en ese tiempo en el que los goles hieren, el añadido antes del descanso, volvía a estar bajo palos para acechar y embocar un córner que Julián botó y Grizi prolongó. Leko chasqueaba la boca, con la mirada perdida en el infinito de pura impotencia, cuando el árbitro pitaba el reposo y su equipo sangraba 0-2.
Una ventaja que el Atleti perdería en los siguientes 45 minutos. El partido regresó con el Brujas recortando ya, que las manchas de mora con mora se quitan. Los balones volvieron a llover sobre Oblak como si los de Leko se hubieran tomado una infusión de gasolina. Balón, control, presión y peligro. Oblak, obligado a lo de las grandes noches: tapiar su portería con milagros. Tresoldi se topó con uno cuando prolongó un remate de Vanaken en un córner. Un milagro que no fueron dos: porque Onyedika irrumpió para estirar la pata y patear esa pelota muerta a su red. Los lobos estaban de vuelta. Las avispas. Las manos al cuello. Ocho minutos después Diakhon se colaba en el área para alcanzar la línea de fondo y centrar a Tresoldi que, al fin, lograba batir a Oblak ante una defensa dormida. En ocho minutos el 0-2 había desaparecido.
Simeone aún se guardaba una carta: su banquillo. Esos Baena y Sorloth que entraron para que el Atleti recuperara control y amenaza. Atrás seguía Pubill como seguro de vida mientras el Atleti se estiraba. Baena es uno de esos futbolistas cuyos pies sienten e intuyen los pases, los huecos y a los compañeros, y para Sorloth las noches bajo cero son de verano. Su saludo al partido fue un balón a la cruceta. Después se toparía con Mignolet, en un mano a mano, antes de celebrar el 2-3 aunque no fuese suyo si no de un rival. Ordoñez, fuego amigo al intentar negarle un remate con un despeje que acabó en su propia red. Al partido le quedaban diez minutos pero el Atleti no supo guardar la ropa. El Brujas, espoleado por los cambios, incrementó el ritmo. Fútbol mordiente y adiposo. Asfixiante y con reflejo en el luminoso. En el 90′ Tzoli firmaba el empate con un zurdazo que pasó por el VAR: el talón de Nahuel rompía el fuera de juego. El 3-3 le dejaría al Cholo con el bolígrafo en el aire cuando se disponía a ponerle el check a la victoria en Brujas. Todo queda para Madrid.


