Boca está desconcertado y el 0-0 con Racing hace que el ciclo de Ubeda esté más cerca de consumirse
Otra vez sin ideas ni confianza, el cuadro xeneize deambuló en la propia Bombonera; la Academia peleó más que lo que jugó
LA NACION, Leandro Contento
En un clásico cargado de tensión, mal jugado y de muy bajo vuelo futbolístico, ni Boca ni Racing lograron inclinar la balanza y el 0 a 0 terminó siendo la expresión más fiel de lo que se vio en la Bombonera por la sexta fecha del torneo Apertura: fricción, cautela y más miedo a perder que decisión para ganar.
Entre la necesidad y la urgencia, el conjunto xeneize y la Academia armaron un partido opaco y decepcionante, en el que ninguno asumió el protagonismo: primaron los roces, las discusiones y los cruces verbales, y los arqueros fueron meros espectadores de lujo. La primera mitad se cerró con cinco amonestaciones y ningún remate al arco. Con Claudio Ubeda seriamente cuestionado, Boca salió a plantear un desarrollo cortado y friccionado desde el inicio: el entrenador dispuso una formación inédita con cuatro volantes centrales, algo inhabitual. Sin Leandro Paredes, lesionado, el equipo tampoco contó con pelotas paradas de calidad, más allá de que intentó cargar contra el área con cada tiro libre en campo ajeno.
En una Bombonera en ebullición, Boca se dejó contagiar por la vorágine de la tribuna y confundió aun más los caminos: con Miguel Merentiel y Edinson Cavani desconectados del circuito de juego, faltó un volante que rompiera el molde, conectara líneas y se animara a pisar el área.
Así, ante un Racing prolijo aunque lejano al de la versión punzante e intensa que había exhibido en la semifinal del Clausura (1-0 en La Boca), el partido quedó reducido a disputas, exageraciones y gestos ampulosos para la tribuna. El árbitro, Leandro Rey Hilfer, debió llamar a los capitanes Cavani y Santiago Sosa para que hubiera colaboración y se bajara el nivel de tensión. En esa dinámica, Racing pareció sentirse más cómodo. Ordenado en un bloque bajo, no pasó sobresaltos y tuvo algún contraataque insinuante que se diluyó rápido.

A mediados de la etapa inicial, una escena resumió el desarrollo: tras un saque de arco de Agustín Marchesin hubo diez toques seguidos por el aire entre futbolistas que se prestaban la pelota. La secuencia no terminó con el balón controlado y dominado en el piso, sino con Matko Miljevic cometiendo una mano.
En el segundo período Boca intentó adelantarse y mostrar otra cara, con algunas aproximaciones y una seguidilla de tiros de esquina, aunque sin transformar ese envión en situaciones claras de gol. El impulso fue más emocional que futbolístico. Racing, por su parte, tampoco estuvo fino para lanzar contragolpes y el arco de Marchesin le quedó demasiado lejos.

A los 15 minutos Ubeda entendió que el problema no era solo de nombres, sino también de funcionamiento. Encontró frescura por la izquierda con el juvenil Gonzalo Gelini y mandó a la cancha a Ángel Romero por Merentiel, otra vez de flojo rendimiento. Cavani, titular tras cinco meses, tampoco ofreció soluciones: a destiempo, con movimientos pesados y escasa presencia en el área, quedó aislado en un equipo que casi no inquietó a Racing, más allá de algún envío detenido. Cuando la voz del estadio anunció su nombre se mezclaron aplausos y silbidos, y después llegaron los murmullos cada vez que entró en contacto con la pelota. Una reacción similar a la que generó Marcos Rojo, con una diferencia sustancial: el defensor esta vez vestía la camiseta rival.
También Costas intentó modificar la tónica con ingresos desde el banco, pero Racing no logró salir de la medianía que viene arrastrando en las últimas fechas, una versión deslucida que los resultados más recientes habían maquillado. Pese a los buenos ingresos de Matías Zaracho y Adrián Fernández, le faltaron ritmo, profundidad y decisión para ir por el triunfo. Adrián Martínez, que cumplía 100 encuentros con la camiseta de la Academia, estuvo más cerca de ver la tarjeta roja por un manotazo a espaldas de Ayrton Costa que de convertir. Su equipo casi no lo abasteció y ese cruce con el defensor central de Boca pareció sacarlo definitivamente de eje.
A falta de 17 minutos, la Bombonera bajó un grito para exigir mejor actitud, pero el reclamo no produjo efectos. El problema de Boca no pasaba por la entrega, sino por la falta de respuestas futbolísticas y una confianza resquebrajada en medio de un desconcierto colectivo. El local fue anárquico, en línea con lo que venía mostrando, condicionado además por el lastre reciente: de los últimos cinco partidos, apenas había ganado uno.
En plena efervescencia del estadio, Racing dispuso de la ocasión más clara de la noche: a Santiago Solari le quedó la pelota soñada en el área, casi en el punto del penal, con el 1 a 0 servido, pero buscó un ángulo y la definición se fue apenas arriba del travesaño. Luego de esa jugada Cavani dejó la cancha abrumado por los silbidos, en contraste con la reacción que provocaron los ingresos de los juveniles Tomás Aranda e Iker Zufiaurre, que aportaron energía y renovaron, al menos por un rato, el optimismo de la gente.
Compacto de Boca 0 vs. Racing 0
Fue, en definitiva, una prolongación de lo visto en otro 0-0, el de Platense: un Boca falto de ideas, que volvió a irse reprobado por su gente y mantiene en duda a su director técnico, sin el futuro asegurado. Racing, que llegaba en levantada, careció de determinación para asestar la estocada final a un ciclo que parece cada vez más cerca de consumirse.


