Villarreal-Real Madrid / El Madrid recibe el alta
El equipo blanco logra una victoria de mérito en Vila-real con dos goles de Mbappé en un partido muy táctico, duerme líder y empieza a dar crédito al plan Arbeloa.
Marcelino eligió bien sus batallas: abrumadora mayoría de suplentes ante el Ajax el martes, bandera blanca en mano, equipo de gala frente al Madrid para la única competición en la que el Submarino alza el periscopio. De los titulares del martes solo se mantuvieron en el once Renato Veiga y Moleiro. Eso le permitió presentar una apuesta física radical, un partido a toda pastilla, de área a área, sin respiro. Dispone de jugadores para ello, Mikautadze especialmente. Empujó más que el Madrid en ese primer intercambio de golpes, aunque las mejores oportunidades se tiñeron de blanco.
Arbeloa, que defendía el top-8 en Europa, tierra santa para el club, no pudo permitirse la rotación. Así que en La Cerámica insistió en los que golearon al Mónaco con una sola variante, obligada: un sancionado salió (Tchouameni), un exsancionado regresó (Carreras). La reforma devolvió a Camavinga al centro del campo, su puesto de cuna, en el que ha demostrado, hasta el momento, cierta inestabilidad. Más si no tiene un pivote que le escolte. Le va demasiado el riesgo para un papel, el de jugador subyacente y bisagra, en el que elegir bien lo es todo. Antes del primer cuarto de hora ya ‘olvidó’ una pelota en terreno pantanoso ante Gerard Moreno. Lo que perdió de cabeza lo recuperó por piernas. En la segunda parte sí dio la talla.
El shock Foyth
El Madrid tardó en aparecer. Veinte minutos, exactamente, y en una acción puramente individual de Arda Güler, que vencido a la derecha culebreó con arte hasta encontrarse su izquierda. El remate, sin ángulo, lo rechazó Luiz Junior sin agobios. El Villarreal, con más presencia en ataque, perdía la iluminación en los últimos metros, punto fuerte de algunos de sus jugadores, Moleiro y Gerard Moreno, especialmente. Eso sí, no se afligió cuando Foyth cayó lesionado de gravedad, con una más que posible rotura del tendón de Aquiles. La propuesta de ida y vuelta no le producía vértigo.
El Madrid se mostraba muy intermitente en su primera presión. A veces apretaba, a veces se refugiaba. No está en su ADN, aunque durante algunas tardes veraniegas fue capaz de hacerlo para complacer a Xabi, pero en eso le falta constancia: no está en su cultura ni en el ánimo de sus futbolistas principales. Sus pocos éxitos en la recuperación le dieron para dos tiros poco productivos de Arda Güler y Mbappé.
A su izquierda, Pau Navarro tenía a raya a Vinicius, que aún así dejó un remate cruzado que silbó junto al palo, y Pape Gueye, que trae la Copa de África en el ánimo, le discutía el territorio a Güler, con diferencia el mejor activo del Madrid en la primera mitad. El senegalés dispuso de un disparo franco en carrera, pero apuntó mal. La jugada resumió bien el partido: hubo más acción que ocasiones, más desgaste que peligro, más partido que goles, en definitiva.
Siempre Mbappé
Ese débil equilibrio se rompió nada más volver del vestuario. Vinicius dejó atrás por primera vez a Pau Navarro y luego la suerte se alió con el Madrid, porque Gueye interceptó el centro para dejarlo a los pies de Mbappé. No había peor sitio. El francés, nueve converso y convencido, no desaprovechó el golpe de fortuna para batir a Luiz Junior. El partido pasó de alegre a abierto de par en par, un escenario en el que disfruta especialmente Vinicius. El impecable Pau Navarro de la primera mitad comenzó a ser torturado por el brasileño, más después de que viera una tarjeta con media hora de partido aún por delante.
A partir de ahí se blanqueó el partido sin exageraciones. El Madrid tuvo más pelota y más presencia, pero sin sacar de pista al Villarreal. De hecho, el Submarino se acercó al empate en una pillería de Parejo, que amagó con colgar una falta en el área y le regaló un pase raso letal a Gerard Moreno. Fue lo más parecido a un penalti con el balón en movimiento. El catalán metió mal el pie y el disparo se le marchó alto. Con el partido en rampa Marcelino fue refrescando su ataque (Pépé, Tani y Ayoze a la carga) y Arbeloa sus piernas. Mastantuono, con más trabajo que acierto, dejó paso a otro atacante obrero: Gonzalo.
Para entonces Camavinga se había dado la vuelta a sí mismo y vertebraba al Madrid. También metía un pase para coleccionistas a Mbappé. Por una vez se traspapeló el francés. Luego el Villarreal intentó acabar en el área del Madrid, pero se olvidó de que ahí seguía Mbappé, víctima de un penalti que él mismo transformó a lo Panenka para desagravia a Brahim y declarar al Madrid oficialmente optimista.


