Un experto analiza lo último sobre ayuno intermitente: el impacto de las calorías en los resultados
El médico especialista en nutrición Martín Carrizo repasó los datos de un estudio publicado en Science Translational Medicine
InfobaeUn reciente hallazgo científico revela que el llamado ayuno intermitente no mejora la salud metabólica ni cardiovascular a menos que se produzca una disminución en el consumo de calorías.
El médico legista especialista en nutrición, Martín Carrizo (MN 123.838), analizó en su cuenta de X la relevancia del enfoque usado en este estudio, resaltando que “se trata de un ensayo clínico aleatorizado y cruzado. Esto significa que no se compararon dos grupos distintos, sino que cada participante actuó como su propio control, pasando por ambos esquemas horarios (alimentación temprana vs. tardía). Esto es importante porque elimina las diferencias genéticas e interindividuales como factor de confusión”.

El diseño del estudio, denominado ChronoFast, consistió en alternar durante dos semanas dos ventanas de ingesta: una desde las 8:00 a 16:00 y otra de las 13:00 a 21:00. En ambas, la cantidad de calorías y nutrientes se mantuvo idéntica a diario para asegurar un régimen estrictamente isocalórico. Cada participante funcionó como su propio control pasando por los dos esquemas horarios, una metodología que elimina las diferencias genéticas e interindividuales como posibles factores de confusión.
Carrizo enfatizó que la investigación controló de manera rigurosa el consumo calórico: “Fue un estudio estrictamente isocalórico, o sea, los participantes consumieron exactamente la misma cantidad de calorías y nutrientes en ambas fases. De esta forma, los investigadores evitaron la variable ‘tiempo de ingesta’ de la variable ‘déficit calórico’”.

Las claves de la investigación
El estudio involucró a 31 mujeres con sobrepeso u obesidad y evaluó los efectos del horario de las comidas sobre el peso corporal, la sensibilidad a la insulina, la glucosa, el perfil lipídico y los marcadores inflamatorios. Los investigadores recurrieron a pruebas de tolerancia a la glucosa y análisis sanguíneos exhaustivos. Tras dos semanas en cada modalidad horaria, los resultados mostraron que “cambiar únicamente el horario de ingesta no produjo mejoras relevantes en los niveles de glucosa, insulina, lípidos ni en los marcadores de inflamación”.
Hacia el final de las observaciones, el equipo dirigido por la profesora Olga Ramich detectó un desplazamiento del reloj interno en un promedio de 40 minutos dependiendo del horario asignado para la alimentación. De acuerdo con la explicación de la investigadora, los cambios en la franja horaria de las comidas influyeron tanto en la fase circadiana, medida con un método desarrollado por el profesor Achim Kramer, como en los patrones de sueño de las mujeres sometidas al protocolo. La primera autora del estudio, Beeke Peters, detalló que “el momento en que comemos funciona como una señal para nuestros ritmos biológicos, de modo similar a la luz”.
La profesora Olga Ramich explicó que los beneficios reportados en estudios anteriores probablemente se debieron a una reducción no intencionada de la ingesta calórica más que al esquema horario estricto: los trabajos preexistentes, señaló, en su mayoría no controlaban si los sujetos ingerían menos alimentos al verse restringidos por una ventana temporal más acotada.

A pesar de la ausencia de mejoras metabólicas, el equipo científico desplegó un método avanzado para el control circadiano, determinando que el único efecto claro fue el desplazamiento de los ritmos biológicos internos. Las horas de sueño variaron de acuerdo con los horarios de comida, lo cual refuerza la hipótesis de que el acto de comer también es un sincronizador del reloj interno además de la luz.
Carrizo dialogó con Infobae y precisó: “Si bien el ayuno intermitente puede ser útil para lograr un déficit calórico, su implementación no está exenta de limitaciones que dependen de cómo se ejecute. Recordemos que, más que una dieta específica como podría ser la Dieta DASH para la hipertensión arterial o la Dieta Mediterránea, se trata de un esquema que alterna periodos prolongados de ayuno con ventanas de alimentación”.
“Fisiológicamente, es sabido que la glándula tiroides sintetiza —además de T4 y T3— una hormona ‘en espejo’ llamada T3 Reversa. Esta molécula comienza a secretarse a las horas de cesar la ingesta como respuesta adaptativa y, aunque posee una forma idéntica a la T3, carece de actividad biológica. A medida que pasan las horas sin comer, los niveles de T3 Reversa aumentan y, al ocupar los receptores celulares con una hormona inactiva, bloquean la acción de la T3 real frenando el gasto energético basal. A menor ingesta de energía, menor gasto: el cuerpo entra en ‘modo ahorro’“, dijo Carrizo.
Y siguió: “El problema aparece cuando estos periodos se extienden demasiado, provocando una caída metabólica que puede derivar en un hipotiroidismo subclínico. Su diagnóstico es complejo, ya que si no se solicita específicamente la T3 Reversa (algo inusual en la rutina), los análisis pueden arrojar valores aparentemente normales sin distinguir la fracción inactiva. Este estado predispone al efecto rebote: si la ingesta calórica se normaliza cuando el cuerpo ya está en ‘modo ahorro’, ingresará más energía de la que se gasta”.
“El resultado será un superávit que derivará en mayor síntesis de tejido adiposo, logrando exactamente lo opuesto a lo buscado. A esto se suma un riesgo nutricional que suele ignorarse, ya que las ventanas de alimentación reducidas dificultan la ingesta adecuada de micronutrientes como vitaminas, oligoelementos y Omega 3; al actuar como cofactores enzimáticos, su déficit termina empeorando aún más la respuesta metabólica general”, apuntó el médico.

“Además de la adaptación tiroidea -continuó Carrizo-, existe el peligro de que la pérdida de peso se produzca a expensas de la disminución de líquidos, masa ósea y masa muscular. Estamos hablando de perder el tejido metabólicamente más activo, aquel que gasta más energía. Esta reducción no solo implica tener un motor menos “gastador”, sino que aumenta el riesgo de caídas y lesiones. En adultos mayores o personas con obesidad, esto suele derivar en un cuadro clínico temido: la sarcopenia o la ‘obesidad sarcopénica’. donde la pérdida permanente de músculo convive con el exceso de grasa”.
Para el experto, “perder músculo es crítico porque se trata de uno de los tejidos captadores de glucosa principales, el cual regula sus niveles a través del ingreso mediado por los receptores GLUT-4, responsables también de la sensibilidad a la insulina. Al perder masa muscular, perdemos estos receptores, lo que puede desencadenar resistencia insulínica. Este cuadro se caracteriza por niveles elevados de insulina en sangre, mal manejo del perfil glucémico, hipertensión arterial y un aumento del porcentaje de grasa corporal. En definitiva, si el ayuno intermitente se utiliza para disminuir la ingesta calórica sin un control adecuado, paradójicamente puede terminar provocando estos mismos fenómenos metabólicos adversos que se buscaban evitar”.
“Para aquellos pacientes en quienes el ayuno intermitente pueda resultar una estrategia útil, la implementación ideal debe ir acompañada de la mano de un profesional que realice un diagnóstico clínico-metabólico previo. Este punto de partida requiere una evaluación exhaustiva para descartar patologías de base: perfil glucémico incluyendo hemoglobina glicosilada, hepatograma, perfil lipídico completo (colesterol total, HDL, LDL y triglicéridos) y perfil tiroideo. De ser posible, con el dosaje de vitaminas, especialmente D y B12, así como oligoelementos claves como el zinc, el selenio y el silicio”, dijo Carrizo.
Al tiempo que sugirió: “Este acompañamiento profesional funciona como estrategia de seguridad durante el tratamiento, evitando los riesgos de hipovitaminosis por la disminución de micronutrientes en la dieta. Más importante aún, el monitoreo constante permite la detección temprana de alteraciones patológicas que podrían surgir o exacerbarse, tales como elevaciones inesperadas en la glucemia, alteración de los lípidos en sangre o el desarrollo de resistencia insulínica”.

Qué es el ayuno intermitente
Según la definición de ayuno intermitente elaborada por Mayo Clinic, este patrón alimentario se basa en límites periódicos de tiempo durante los cuales se mantiene una dieta normal, seguidos de intervalos en los que se consumen muy pocas calorías o ninguna. La clínica detalla: “El ayuno intermitente es un patrón de alimentación basado en límites de tiempo. Durante una cantidad determinada de horas o días, mantienes una dieta normal. Al final del tiempo establecido pasas a consumir muy pocas calorías o ninguna, lo que se denomina ayuno”.
Mayo Clinic indica que este régimen puede administrarse de diversas maneras, con ayunos que pueden durar desde unas horas hasta jornadas completas. Describe los supuestos mecanismos biológicos: “La idea es que el ayuno intermitente hace que las células del cuerpo cambien su funcionamiento. Una alimentación programada puede hacer que las células se centren en la reparación, el uso de la energía y el equilibrio de las funciones de todo el organismo”.
Al respecto de sus efectos, Mayo Clinic menciona que “las investigaciones demuestran que el ayuno intermitente puede mejorar algunos signos de salud a corto plazo. Estos son algunos de ellos: Glucosa en la sangre. Peso. Colesterol en la sangre. Presión arterial. Inflamación crónica”. No obstante, la institución advierte que los efectos a largo plazo no están completamente claros, y varios estudios sugieren que restringir calorías en general podría conferir los mismos beneficios que el ayuno intermitente.

Las dudas en torno a la uniformidad de los efectos según el tipo de ciclo también aparecen documentadas: existen pruebas que indican que un ciclo de 16 horas de ayuno y ocho de alimentación puede aumentar el riesgo de enfermedad cardíaca en comparación con otros esquemas de restricción temporal alimentaria.
Por otra parte, Mayo alerta sobre potenciales efectos adversos: “El ayuno intermitente también puede hacer que las personas se sientan muy cansadas y mareadas. Puede afectar al control de la diabetes y causar dolores de cabeza o cambios en el estado de ánimo. El ayuno intermitente también puede causar estreñimiento y afectar al ciclo menstrual”.


