tlético 1 - Alavés 0 / Sorloth hace verano en el frío

El noruego autor del 1-0 con el que el Atleti venció a un Alavés que le encajonó en los minutos finales. Lleva tres goles en cuatro partidos.

Patricia Cazón
As
Todo fue frío. Todo, menos su gol. Fría la tarde, frío el juego pero, como decía Camus, “en las profundidades del invierno finalmente aprendí que en mi interior habitaba un verano invencible”. El de Simeone se llama Sorloth. Al hielo, sus goles. Marcó el único de este partido en el que el Atleti regresaba a casa 36 días después y acabó pidiendo la hora ante un Alavés, en descenso, se envalentonó al final ante su clásico paso atrás.

Simeone se había guardado a Baena y Griezmann para la titularidad de Julián y Almada en un once del que ya no sale Pubill. Guridi era la sorpresa de un Coudet que apostaba por la intensidad y el ladrillo con el doble pivote de Ibáñez-Blanco y Tenaglia como central en la vuelta de los rojiblancos a un Metropolitano, hogar-dulce-hogar, en el que el sonido del himno se pinta en el aire. En bufandas, banderas y manos alzadas como proclamas, en un homenaje al primer Niño de la historia rojiblanca, Collar, por el que se guardó un emotivo minuto de silencio envuelto en aplauso. Bajo el sol de invierno del día frío, al partido le costó entrar en calor. Enredado en el centro. Los equipos con dificultades para alcanzar las áreas. Los rojiblancos tan lejos de Sivera como de la cabeza de la Liga.

Lo intentaba Giuliano con su ímpetu, pero en el partido lo único que pasaba era el tiempo, aburrido y lento. Julián le ponía ganas, pero sigue sin color. Sus remates estampados siempre en el cuerpo de un rival o fuera, sin ser capaz de desenredar los nudos en su cabeza ni los del propio partido. No le sale una. Cada pelota que pasaba por sus pies se estropeaba. El Alavés había renunciado a salir de su campo, pero sobrevivía cómodo, achicando y cerrando espacios. Almada, con su futuro entre rumores, era el rojiblanco con más intención y verticalidad. Pero bailaba solo. Cada balón al área era un balón muerto. El partido como Ruggeri, una comida sin sal. Y el tiempo seguía pasando intrascendente, sin atarse a emoción alguna hasta el final de la primera parte, que de pronto se aceleró.

Buscó primero el Atlético la red de Sivera con carreras al límite del ácido láctico de Giuliano y después a balón parado, con un disparo de Julián que salvó Otto con la cabeza. Un Otto que volvería a ser héroe justo antes del descanso, en una triple ocasión rojiblanca en la que Julián desbordó para plantarse en el área y ponérsela rasa a un Almada que, de primeras, no remató pero de segundas sí. Y aquí sacó el Alavés sus uñas y garras para rodear su área con un jardín de estacas, un foso y cocodrilos. Porque con el rechace lo intentó Barrios y tampoco. Ahí de nuevo Otto, y Parada, para evitar que la pelota espantara a los cocodrilos, derribara el foso, las estacas y el muro. El último intento, de Giuliano, acabó en córner. Después, silbó el árbitro el descanso.

Ese Atleti al que enero le ha quitado cuatro jugadores, y aún no le traído ninguno, siguió en el mismo lugar cuando el partido volvió. El del peligro. Si la segunda parte la inició con un centro lateral de Barrios al que Sorloth no llegó, al siguiente ya sí. De nuevo la puso Barrios, un centro que el noruego picó a la red impecable arrancándole la armadura a Otto y Tenaglia. El invierno es la estación de los goles de Sorloth, que abrió los brazos mientras de su boca salía el gol, gritado en mayúsculas por el anillo del techo. Coudet respondió con un triple cambio que se llevó a Toni e introdujo a Boyé. De poco le sirvió. En defensa el Cholo tiene un candado inoxidable de nombre Pubill. El primer cambio del Cholo también fueron tres: Koke, Baena y Grizi, en otro partido de Julián sin final.

Baena estrelló un balón en el palo antes de que el Atleti renunciara a cruzar la línea del centro entre pitos crecientes en la grada. El Cholo se cementó con otro central (Le Normand), llena su barriga con el unocerismo, ante un Alavés al que le habían crecido las uñas también en ataque y, en los últimos minutos, se lanzó a rascar sobre Oblak. Centros laterales, córners y ocasiones ante un Atleti con Llorente de delantero, empotrado en su área y mirando la hora y al árbitro con agonía, en este domingo frío en el que el único calor lo puso el soldado de invierno del Cholo. Ese Sorloth que es verano en el frío. Y a Estambul. Que esta semana es de Champions.

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