Real Madrid-Betis / ‘Golzalo’, concierto de año nuevo
El año comenzó en el mismo zarzal en que acabó el anterior, con un enredo en el área de asalto del Madrid. Vinicius, que arrancó como si nada hubiese sucedido ante el Sevilla, cuando escuchó pitos y flautas, entró disparado en el área y Ángel Ortiz le empujó con las dos manos. Penalti pitable que no se lo pareció a Hernández Hernández en el Bernabéu ni a Pulido en Las Rozas. El discutido lance sucedió en plena ofensiva del Madrid, consciente de que, como Xabi Alonso, transita ya de ultimátum en ultimátum.
Caído Mbappé y huido Endrick, Xabi le abrió la puerta a Gonzalo, favorecido por dos circunstancias: al técnico le gusta jugar con un nueve puro y le encanta el chaval. Su presencia supuso también un cambio de registro en el Madrid, poco acostumbrado, salvo cuando atiende emergencias, a hundir un ariete en área ajena. Salió para eso y cumplió a los veinte minutos cuando metió su cabeza en el segundo palo a un centro musical de Rodrygo para adelantar al Madrid. La falta fue provocada por Vinicius, que quiso ser jugador de borrón y cuenta nueva, empeñado en recuperar el hechizo roto con el público. Se quedó a medias. A estas alturas ya está al día de que la antipatía en la grada es directamente proporcional a la falta de rendimiento.
Xabi rodeó a Gonzalo con lo poco que le quedaba, especialmente en defensa, hecho que obligó por enésima vez a alinear a Valverde como lateral por exigencias del guion.
De más a menos
También el Betis tenía de qué lamentarse, especialmente por Abde e Isco, aquel genio que terminó por hacerse gaseoso en el Madrid y volvió a ser sólido vestido de verdiblanco. Su baja dejó a Antony como duende único, que no es poco, en un equipo de buen gusto, como casi todos los que pasan por las manos de Pellegrini. Sin embargo, su puesta en escena, esta vez, no respondió a los antecedentes. Un equipo que no había perdido en todo el curso en La Cartuja se vio desbordado por un Madrid ordenado, trabajador, despierto en la recuperación y con gran vuelo por las alas.
Gonzalo marcó su segundo gol con esta volea.Florencia Tan JunEn franca rehabilitación se mostró Camavinga, uno de los que acabaron 2025 bajo investigación por su irregularidad. También Rodrygo, uno de esos jugadores de edición limitada que empieza a salir de las nubes negras, y Bellingham, otro en franca convalecencia.
El Betis dejó muy poco en la primera mitad: muchas piernas de Cucho Hernández para no llegar a ninguna parte y muy pocos apuntes de Antony y Fornals, los solistas de la orquesta. Solo constó en acta un disparo raso y desviado de Deossa y varios corners.
Sucedió cuando el Madrid se tomó un peligroso respiro antes de ganar el descanso. Eso redujo mucho las oportunidades frente a Valles, que tampoco fueron demasiadas. Esa también es una constante en la era Xabi Alonso: la baja actividad del parque de artillería. Y como el público anda con la mosca detrás de la oreja, el Bernabéu respondió con silbidos de inquietud. No hay condescendencia para quien camina sobre el alambre.
Gonzalo, segunda parte
Pellegrini entendió que no le daba con lo que había y reajustó el equipo: cambió el marcador de Vinicius (Bellerín por Ángel Ortiz) y tiró de Lo Celso para componer un equipo más vertebrado. Gonzalo no le dio tiempo a probar su eficacia con un segundo gol espectacular. Recibió de Valverde fuera del área, controló con el pecho y voleó de derecha en una secuencia perfecta. Un gol de diez para el nuevo nueve.
La tarde se había metido en cantera, porque casi de inmediato Asencio se apuntó el tercero en un cabezazo racial en un córner lanzado por Rodrygo. Visto el momento de Huijsen y la lesión de Militao, roza una merecida titularidad.
Solo entonces, tarde, el Betis dio una prueba de vida. Un gol de Cucho Hernández, que hizo desaparecer a los dos centrales del Madrid, coronó los mejores minutos verdiblancos. Y el Bernabéu, que ya no aguanta una, lanzó una pitada de advertencia. Antes, Lo Celso había mandado un balón a un palo y después, Riquelme, un segundo al otro. Madera para el descontento de un público que no sabe a qué atenerse.
En ese contexto fue sustituido un Vinicius menguante durante el choque y escuchó silbidos de nuevo. No lo mereció y tampoco que la tarde tuviera un toque agrio. Lo evitó Gonzalo con su tercer gol, de tacón. Un hat-trick variado (cabeza, derecha e izquierda) de un canterano que va para ejemplar. El Bernabéu está deseando quererle: le hizo desmonterarse al salir de una tarde inolvidable que remató Fran García en la jornada en que Valdebebas subió a los cielos.


