Real Madrid 6 - Mónaco 1 / Vinicius se hace perdonar
El brasileño, con un golazo y dos asistencias, cambia los pitos por ovaciones. Doblete de Mbappé. Tanto con mensaje de Bellingham. El Madrid vuelve a sonreír.
Todo resultó más grato que el domingo de furia que vivió el Bernabéu frente al Levante. El público desconvocó la protesta y acudió al partido con un talante menos incriminatorio. Y el equipo, conocedor de que caminaba sobre las brasas, procuró desde el inicio compensarle. Sabe que su gente es más reactiva que propositiva. En definitiva, cogió pronto el atajo, que en el fútbol es el gol. Llegó a los cinco minutos, cuando el equipo andaba exageradamente volcado a la derecha. Ahí combinaron Valverde y Mastantuono y el uruguayo acabó sirviendo una buena pelota al borde del área que Mbappé embocó con su pericia habitual y un colocado disparo de interior.
El Madrid había comparecido con dos laterales disconformes, Valverde y Camavinga, obligados a meterse en el papel a regañadientes. Perfectamente comprensible la decisión sobre el uruguayo, porque los titulares de la plaza convalecen, sorprendente la ubicación del francés, con Fran García sano. Ya ensayó con él ahí Ancelotti, que acudió al campo y hasta cantó el himno, sin resultados concluyentes, mientras el jugador hacía pública su incomodidad, pero Arbeloa también le ve ahí. De hecho, de lateral jugó los últimos minutos del desastre de Albacete.
Mastantuono revive
El técnico también incluyó en el equipo a Arda Güler y Mastantuono, dos necesitados de promoción interna. El club, que invirtió en ellos como talentos inciertos, los necesita. El equipo, a la vista de lo que sucedió ante el Levante, también. Turco y argentino fueron magníficos socorristas en una tarde de perros ambientalmente hablando y se ganaron la oportunidad.
La puesta en escena de Mastantuono resultó estupenda. Fue primer plato en los inicios de Xabi y se evaporó después, aquejado de una pubalgia. Ahora vuelve a rodar, más concienciado de que, a diferencia de lo que fue su apacible vida en River, aquí es principiante y no principal. Puntúa en él ese gen argentino rebelde y peleón. Y mezcló bien con Valverde, al que permitió moverse por dentro en numerosas ocasiones.
Vinicius se abraza con Arbeloa tras marcar.Violeta Santos MouraPor ese costado creó mucho el Madrid en los primeros minutos, plenos de oportunidades. Ese género de acción, que tampoco libra al equipo de salir malparado en el tiroteo (a Ansu Fati se le fue un gol clarísimo por no sincronizar su remate sin oposición), le encanta al Bernabéu.
Al empuje inicial de Mastantuono fue sumándose el equipo. Se incrementó la producción de ocasiones y apareció por primera vez Arda Güler para filtrar un pase diagonal hacia Vinicius que este, en una segunda entrega, sirvió para el segundo gol de Mbappé, también a un toque. Nadie duda ya de que ha completado la transición a un nueve puro. La jugada había nacido en un lujo de Camavinga que no fue para la galería, sino para abrir brecha.
El ciclón Vinicius
Vinicius también salió en son de paz. Se sacudió el disgusto del domingo y volvió a ser el jugador repetitivo que le alzó a ídolo en el estadio. También puso de su parte en defensa, consciente de que dejarse el pellejo en el Bernabéu es sacar el aprobado. Se movió entre la división de opiniones y el desagravio absoluto. El perdón está en marcha.
Enfrente, el Mónaco no disimuló su condición de noveno en la Liga francesa. No tuvo ni juego ni suerte. Un latigazo de Teze dibujó una rosca magnífica que devolvió el larguero. Otro de Balogun se encontró a Courtois, muralla no erosionada por la crisis. Dos lances adversos que evitaron que se marchara al descanso abrazado a la esperanza y se viera abocado a la goleada.
Bellingham hizo así el sexto.

