Mastantuono se tambalea
Lisboa frenó en seco su resurgir. Pese a ser titular, se marchó sin tirar a puerta, sin generar ocasiones y con un 20% de acierto en regates. Su puesto en el once corre peligro.
Espantar los fantasmas del pasado miércoles. Cuando firmó un partido para olvidar. No tiró ni una vez (menos disparos que Huijsen o Tchouameni, quienes realizaron uno), no generó ninguna ocasión de peligro (Vinicius y Bellingham, en otras actuaciones de suspenso bajo, al menos ocasionaron una) y firmó un 20% de acierto en regates (intentó cinco y sólo le salió uno). De sus 15 pases, sólo cuatro fueron en el último tercio; ofensivos. Fue una noche pesadillesca en lo colectivo y en lo individual. Y terminó siendo sustituido en el 55′.
Mastantuono, delante de Güler, Huijsen y Tchouameni, tras encajar un gol en Lisboa.JAVIER GANDULAquella pubalgia
El asunto va más allá del acierto; es una cuestión de sensaciones. En Lisboa, Mastantuono recordó a la versión timorata de octubre. De sus últimos partidos antes de parar por la pubalgia. Unas molestias que comenzaron el 22 de junio (el día del River Plate-Rayados del Mundial de Clubes) y le tuvieron 134 días viviendo a medio gas. Hasta el 3 de noviembre, cuando asumió que debía parar. En la víspera de viajar a Anfield. Entonces, el sentimiento de que no metía la quinta marcha encontraba una enmienda a la totalidad: no estaba bien. Pero ahora, no hay excusas.
Bellingham y Mastantuono, antes de un partido.JESUS ALVAREZ ORIHUELAY aquel rendimiento
A la espera de su mejor fútbol, Mastantuono sí ha demostrado tener personalidad, desparpajo. Lo relució en sus primeros días. Cuando demostró ímpetu por encarar una y otra vez, sin importar cómo hubiese salido la anterior. Martillo pilón. Ni la camiseta, ni su precio (63,2M€), parecieron darle vértigo. Pero por X o por Y, no encuentra la regularidad. Brilló dos noches seguidas y a la tercera, faltó la vencida. La de la confirmación.
Y en esas, la conclusión es sencilla: su puesto en el once, corre peligro. Uno que tenía en el bolsillo por méritos... y fe de Arbeloa. Quien quería −y quiere− apostar por él. Pero el margen mengua. Rodrygo aprieta por detrás y Brahim ya está reasentado en la dinámica, tras la Copa África. El Madrid no espera a nadie; no puede hacerlo. El camino es tan sencillo como complejo: continuidad. Y eso pasa por espantar noches como las de Lisboa. Sin desparpajo, sin colmillo. Transparente. Mastantuono vive en una montaña rusa. Y debe dejar de hacerlo. Por ahora, se tambalea.


