La revista médica más importante señala el hábito cinco veces más peligroso que el cigarro: afecta a millones de personas

El sedentarismo, las largas jornadas sentados y la ausencia de actividad vigorosa han convertido la baja aptitud física en una epidemia global.

Laura Martin Sanjuan
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Durante décadas, el cigarro de combustión ha sido señalado (con razón) como uno de los mayores enemigos de la salud pública. Sin embargo, un estudio publicado en JAMA Network Open, una de las revistas médicas más influyentes del mundo, revela un dato aún más inquietante: tener una forma física muy baja puede ser hasta cinco veces más peligroso para la supervivencia que fumar.

La investigación, realizada en la Cleveland Clinic y basada en 122.007 adultos sometidos a pruebas de esfuerzo, concluyó que las personas con aptitud cardiorrespiratoria baja tenían un riesgo de muerte 5,04 veces mayor que quienes alcanzaban niveles “élite” de condición física. Los autores describen la baja forma física como un “marcador de riesgo tan potente o mayor que el tabaquismo”.

Un problema silencioso que afecta a millones

A diferencia del cigarro, cuya peligrosidad es ampliamente conocida, la falta de condición física se ha normalizado como parte del estilo de vida moderno. El sedentarismo, las largas jornadas sentados y la ausencia de actividad vigorosa han convertido la baja aptitud física en una epidemia global.

Expertos en medicina del ejercicio, como los cardiólogos de la Cleveland Clinic, advierten que no existe un nivel de forma física “demasiado alto”, y que mejorarla es una de las intervenciones más potentes y accesibles para reducir la mortalidad.

Además, una revisión de 199 estudios y más de 20 millones de personas, publicada en el British Journal of Sports Medicine, confirma que la aptitud cardiorrespiratoria es uno de los predictores más consistentes de salud y longevidad.

¿Y qué ocurre con el cigarro? Alternativas y reducción de daño

El tabaco sigue siendo un factor de riesgo crítico, pero hoy existen alternativas que reducen significativamente el daño para quienes no logran dejarlo de inmediato. Entre ellas:

  • Terapias sustitutivas de nicotina (parches, chicles, sprays).
  • Medicamentos para dejar de fumar (vareniclina, bupropión).
  • Productos de nicotina de riesgo reducido, como los sistemas de calentamiento de tabaco, bolsas de nicotina, los vapeadores regulados, que (según organismos como Public Health England) generan niveles de tóxicos muy inferiores al cigarrillo combustible.
  • Programas para dejar de fumar, supervisados por profesionales sanitarios.

Los expertos coinciden en que la mejor alternativa siempre es dejar de fumar, pero también reconocen que, en términos de salud pública, reducir el daño es preferible a no hacer nada.

El estudio de JAMA lo deja claro: mejorar la forma física es una de las intervenciones más poderosas, seguras y efectivas para reducir el riesgo de muerte, incluso más que dejar de fumar en términos relativos. La buena noticia es que la aptitud cardiorrespiratoria sí puede mejorarse, y hacerlo no requiere grandes inversiones: caminar rápido, subir escaleras, entrenar fuerza dos o tres veces por semana y evitar largos periodos sentado son estrategias sencillas con impacto profundo.

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