“Haciendo lo mismo era imposible que pasara nada”
El mensaje es claro desde la cúpula. Los dirigentes veían pasar el tiempo y nada de lo que observaron en el último mes y medio llevaba tras de sí evolución alguna.
El mensaje es claro. Los dirigentes veían pasar el tiempo y nada de lo que observaron en el último mes y medio llevaba tras de sí evolución alguna. No era cuestión de resultados y sí de esas sensaciones que empezaron a ser contrarias al técnico tras los cinco goles del Metropolitano, que continuaron en sucesivos partidos y que culminaron tras lo visto ante el Celta, momento y partido tenso como pocos se han vivido últimamente en el palco del Bernabéu.
La llegada del ex del Leverkusen llegó tras petición periodística, aclamación popular y convencimiento desde el club de que podía ser la mejor opción para dejar atrás el legado de Carlo Ancelotti, el entrenador más laureado de la historia del Real Madrid, empresa complicada para cualquiera.
Lo que más ha lastrado en estos meses ha sido la relación entre los jugadores y Xabi Alonso, que, por cierto, en ningún momento pidió hacer pasillo al Barcelona en Yeda y sí que el equipo se agrupara lejos de las cámaras de televisión. De hecho, el gesto de Mbappé va dirigido hacia los operarios televisivos y no contra el técnico.
Equipo de confianza
La relación no ha sido fluida en momento alguno, aunque no quiere decir que haya sido tan mala como se ha querido pintar en muchos casos. Lo que pidieron en su momento al técnico es que se abriera, que no se encerrara en su grupo de trabajo como único argumento para lograr los objetivos marcados y que en el Real Madrid pasan por ganar y lograr que equipo desprenda sensación de poder con los partidos.
Xabi Alonso ha querido construir con su equipo de trabajo la idea que tenía de lo que podía ser su Real Madrid. No ha querido renunciar a trabajar con sus hombres de confianza. Desde el club en varias ocasiones insinuaron la necesidad de contar con Antonio Pintus, algo que nunca se concretó porque el técnico así lo quiso y que se explica a la perfección con aquello de “haciendo lo mismo, era imposible que pasara nada”.


