FC Barcelona-Real Madrid / La Supercopa de Raphinha

Un gol de fortuna del brasileño, la figura del duelo, le da el título al Barça frente a un Madrid siempre a remolque pero que presentó batalla. Partidazo de Vinicius.

Luis Nieto
As
Fue lo que parecía. El Madrid movió todos los resortes emocionales posibles, la conjura, el amor propio, el reclutamiento forzoso o forzado de Mbappé, y aún así no le alcanzó ante un Barça menos sinfónico de lo previsto, pero más certero. Fue el partido de Raphinha y Vinicius, una especie de mano a mano resuelto por la mejor puntería del azulgrana, futbolista que genera una onda expansiva en cada intervención. Vinicius no solo no escurrió el bulto, sino que fue el motor del Madrid en un duelo más igualado de lo que figuraba en el programa. No es costumbre en el club celebrar las derrotas, pero al menos sale de Yeda con una idea de por dónde debe ir su remontada.

El Barça pasó por encima del Athletic y, aun así, Flick cambió a dos de sus tres atacantes. Esperadísima la vuelta de Lamine Yamal, más debatible la titularidad de Lewandowski. Aún pesan más sus goles que sus años. En cualquier caso, la partitura fue la misma.

La Supercopa de RaphinhaRaphinha anotó así el primer gol.Vincent West

El Madrid, con peores sensaciones en el derbi, cambió menos. Solo Huijsen, que venía menguando y salía de una lesión, por un Rüdiger tocado. Mejor salida de balón y menos contundencia. Y de nuevo con Gonzalo, un nueve-nueve para producir segundas jugadas aun a costa de no espesar el centro del campo, el punto fuerte del Barça. Casi los mismos nombres, pero con papeles muy distintos: Tchouameni como tercer central, emparedado por Asencio y Huijsen, Valverde como lateral retráctil metido a exterior cuando el equipo tenía la pelota, Bellingham doblando el pivote con Camavinga, Rodrygo en la izquierda, Vinicius en punta y Gonzalo con la misión de embarrar la salida de pelota de De Jong. En definitiva, una sacudida que sonaba a confesión: jugando como ante el Atlético era imposible sobrevivir al Barça.

De la calma a la tempestad

El partido tuvo un comienzo estival, propio de la temperatura en Yeda (cerca de 30 grados): mucha calma, poco ritmo, menos riesgo. Tardó un cuarto de hora en empezar a latir. Vinicius fue el primero en abrir fuego, al dejar atrás con su enorme cilindrada a Koundé y mandar luego una inocente bengala a los guantes de Joan García. El inicio del brasileño, metido a nueve, tuvo poco que ver con la melancolía que le rodeaba antes del partido: participativo, rápido, comprometido.

El inicio del Barça no tuvo el resplandor del miércoles ante el Athletic. El Madrid juntaba líneas para estropearle la fiesta del juego interior y se defendía bien sin hundirse y sin las fugas que aparecieron ante el Atlético. La circulación azulgrana era tan abundante como plomiza. Y cuando acudía a la bomba de racimo, Lamine Yamal, ahí estaba Carreras para neutralizar la amenaza.

Las larguísimas posesiones culés en ese tramo de la primera mitad solo le dieron para un disparo de izquierda potentísimo, pero sin colocación, de Raphinha. Poca cosa para Courtois.

La Supercopa de RaphinhaVinicius cruza su disparo para el 1-1. JESUS ALVAREZ ORIHUELA

Cerca del descanso aflojaron las precauciones. El Madrid, con menos pelota, parecía más cerca del gol. Se le fue a Gonzalo, con un remate inocente a las manos de Joan García. Y de pronto llegó el Clásico que compró Arabia. A Raphinha se le fue un gol, con un mal disparo a un gran envío de Lamine Yamal, pero acertó en el segundo intento, producto de un error grave de Rodrygo, una imprudencia en el centro del campo que acabó dejando a Tchouameni solo ante el peligro. Raphinha, con habilidad, encontró la rendija para sacar un disparo cruzado imposible para Courtois.

El Madrid quedó sonado. Empezó a no encontrar salidas y fue tragándose las acometidas de Lamine, al que Carreras comenzó a perder de vista. El Barça estaba en su salsa, pero olvidó a Vinicius, que se sirve solo. Empató con uno de los goles del año. Arrancó en la izquierda, se fue de Koundé, le esperó para hacerle un caño, sorteó a Cubarsí y remató cruzado. Gol para coleccionistas que invalidó de inmediato Lewandowski, carne de área, que no dejó ir un gran pase de Pedri. Y en plena tormenta, nuevo empate, de Gonzalo, al recoger un rechace del palo a cabezazo de Huijsen. Los dos tantos llegaron fuera del descuento marcado. Nada que reclamar.

Joan García, decisivo

El Clásico, en toda su extensión, había llegado para quedarse. Un Vinicius incontenible probó dos veces a Joan García. El primer tiro le ofreció incluso la opción del rechace. Después fue Rodrygo quien exploró esa vía con el mismo éxito. Y una entrada dura de Asencio a Pedri añadió el ingrediente que faltaba: la tangana. Hubo reparto de empujones y reproches, todos de pronóstico reservado.

La Supercopa de RaphinhaEste disparo afortunado de Raphinha decidió el Clásico y el título.Stringer

La lesión de Valverde obligó a Xabi a cambiar a una zaga de cuatro, con Asencio de lateral, como vigilante de Raphinha, que está definitivamente en su torneo. El brasileño disparó mientras se resbalaba al borde del área con el partido en el aire, la pelota tocó en Asencio y Courtois quedó ya definitivamente descolocado. Por tercera vez el Barça se veía por delante en el encuentro. El Madrid ya no pudo levantarse. Mbappé, mermadísimo, intervino poco y no fue liana a la que el equipo de Xabi Alonso pudiese agarrarse, que aún pudo empatar en el descuento. Carreras y Asencio lo dejaron escapar porque Joan García estuvo en su sitio. Ahora queda pendiente el juicio al técnico, que presentó pruebas solidas en su defensa, pero en el Madrid perder un título, aunque sea el cuarto en el orden jerárquico, siempre deja cicatrices.

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