El ‘bazooka comercial’ que Europa puede usar contra EEUU por la amenaza a Groenlandia: “Proporcional al daño causado”
La Unión Europea planea convertir los aranceles de EEUU en un búmeran y castigar con impuestos a los productos que Washington venda en el viejo continente.
Si EEUU sigue con su amenaza de comprar Groenlandia y aumentar un 10% los aranceles a los países que se opongan, incluso si son aliados, Bruselas los convertirá en un búmeran: hará pagar más a Washington por cada producto estratégico que venda en la UE.
Esta respuesta ya se planeó hace casi un año, cuando el presidente de EEUU, Donald Trump, amenazó por primera vez con elevar los aranceles a prácticamente todos los países del planeta. Tras llegar a un acuerdo con Washington, la Unión Europea guardó la respuesta en un cajón. Hoy lo abre de nuevo, pero la medida, denominada ‘bazooka comercial’, ha engordado: los aranceles afectarían a unos 93.000 millones de euros de bienes estadounidenses, según Bloomberg.
El ‘bazooka comercial’ es, en realidad, un instrumento anticoerción que la UE puede activar cuando desee para evitar y eliminar “situaciones de coerción económica”. “Su objetivo principal es disuadir la coerción económica de la Unión o de un Estado miembro y permitir a la Unión, como último recurso, contrarrestar la coerción económica mediante medidas de respuesta”, explica el reglamento.
Sin embargo, el ‘bazooka comercial’ de la UE debe usarse como última bala y “bajo unas condiciones, pero pueden implementarse con rapidez si surge la necesidad”. Las medidas de respuesta “deben ser proporcionales al daño que combaten, específicas y temporales”. La medida es una paradoja: nació en 2023 para combatir las presiones de China, pero vuelve a ponerse sobre la mesa para evitar sanciones de EEUU.
Los principales gobiernos europeos están en contra de los aranceles de Trump. Giorgia Meloni, primera ministra italiana, los ha calificado como un “error”; mientras que Keir Starmer, su homólogo británico, cree que la medida de EEUU “está mal”. Varios países aliados de Washington, como Reino Unido, Francia, Alemania o Dinamarca, aseguraron en una nota conjunta que los aranceles “socavan las relaciones transatlánticas y amenazan con una peligrosa espiral descendente”.


