Champions | Galatasaray 1 - Atlético 1 / El infierno es jugar fuera

Empate del Atlético en Estambul, ante un Galatasaray que empató con autogol de Llorente el de Giuliano en el 4′. Está en Top-8 aún pero pueden desbancarle dos esta noche.

Patricia Cazón
As
El infierno, decían, serían banderas naranjas y rojas al cielo de Estambul, un rugido de león, el himno del Galatasaray atronando. Un infierno como el de los atascos para llegar a su campo. Infierno de garganta. De silbidos que acuchillan los oídos cuando el Atleti sale a calentar, cada vez que roza el cuero cuando el balón echa a rodar. Pero no. El verdadero infierno lo lleva el Atleti en su maleta. Cada vez que la hace y juega fuera. Siempre pasa algo, y se escurre, y se escapa, y se vuelve sin ella. En Estambul también. De nada sirvieron 15 remates.

Buruk, con su once, salía con una clara idea: velocidad, área y balones a Osimhen. Lo ejecutó en la primera acción del partido, pero Hancko se lo estropeó quitándosela limpia al final. Lo que siguió fue una contra rápida del Atlético. Rápida y mortal. Corrió y Julián buscó en largo a Sorloth, que controló mal. Pero Almada, cuya presencia en el once era sorpresa porque lo hacía en lugar de Baena, intercedió para que la pelota siguiera siendo rojiblanca. Ruggeri la centró y Giuliano la remató. Gol. Un jarro de agua en el 4’ al fuego en la grada.

La presión alta de los turcos les desprotegía las espaldas y por ahí Simeone le había dado el golpe al RAMS Park. El Atleti tenía el control y el marcador, pero una concatenación de errores devolvió casi enseguida el rugido a los turcos. El espejismo Ruggeri se terminaba en el 20’, convertido ya en un juguetito para Sané: en cada carrera lo desmontaba. La segunda vez que el alemán ganó la línea de fondo el Atleti se desajustó por su banda. Almada no ayudó y la pelota le llegó a Akgun que centró a nadie pero se encontró con Llorente. El intento de despeje del 14 acabó en su propia red. Al Atleti hace tiempo que marcar primero de nada le vale. Siempre se deja alcanzar.

El Galatasaray seguía en el robar, correr y Osimhen. El Atleti alcanzaba la frontal con facilidad, pero al llegar al área, las mil y una noches: Julián era una Coca-Cola sin gas, Almada se desinfla enseguida y a Sorloth no le encontraba un balón. Con menos, el Galatasaray si pisaba el área, peligro. Antes del descanso, Osimhen acarició dos: un centro lateral que no llegó a rematar ante Oblak por un centímetro y un mano a mano que el portero detuvo. Sané seguía desnudando a Ruggeri. El reposo llegó con Yilmaz pateando alto otro de sus centros, con toda la red para él.

La mili en Turquía se le terminó a Almada al descanso: el Cholo regresó al partido con Baena. Pero el Galatasaray siguió cortando por la banda de Sané con el Atleti defendiéndose al borde del penalti. El siguiente cambio del Cholo fue quitar a Koke y a Barrios, con amarilla, para mover a Llorente al medio con Cardoso y a Pubill al lateral, su posición natural. Achuchó en un córner con dos ocasiones seguidas en el barullo de los rechaces pero, primero Hancko y después Pubill, se toparon con turcos en la línea.

Había crecido el Atlético con el paso de minutos, como si al fin se hubiera arrancado la venda que se le ponía en los ojos al pisar la frontal. El Galatasaray respondía ahogando espacios, con línea de cinco atrás y un clínic de Sallai como lateral derecho. Vertical, vertiginoso y veloz, sus anticipaciones eran oro para Buruk, y llamas en los pies del Cholo. “Solo vale ganar”, decía en la previa. Para ser de Top-8. Y su equipo estaba empatando. Y el tiempo seguía pasando. Y el empate no se movía. Los últimos 17 minutos los jugó sin Julián, ya es rutina. En su lugar, Nico, que volvía. Tampoco podía más Simeone: el resto de lo que ahora tiene en el banquillo son cinco chavales. Con Baena, Nico, Griezmann y el ímpetu de Giuliano mordieron.

El francés tuvo una falta que lanzó y voló como en Riazor pero esta la paró el portero. Quemaba el Atleti donde de verdad lo hace el fútbol: la hierba, remate a remate. El Galatasaray, mientras, era todo calambres, gemelos subidos y hombres al piso, como si firmara el empate. Aunque pudo ganar. Era la última. El Atleti se desarmó en un córner y Sara se plantó solo ante Oblak, que resolvió con milagro. La pelota quedó suelta y su rechace, franco para Sané. Un Sané que llega, que la va a patear, pero entre el segundo en el que su pie sigue en el aire e impacta, otro milagro: Llorente se la rebaña limpia en el suelo. Debe el Atleti ganar en la última jornada al Bodo/Glimt. Por goleada. Al menos jugará en casa.

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