Así no se cuida al club: el mercado de pases de Boca
A la confirmación de un técnico sin espalda se le suma la preocupación por la ausencia de refuerzos. Después de la fallida novela por Hinestroza y las dilatadas negociaciones por jugadores que no son lo que se necesita ni cambian la ecuación, ahora aparecen los manotazos de ahogado. Para colmo, el 9 para el debut sería Janson. Todo dicho.
Todo había comenzado con la decisión (sin anuncio ni apoyo) de sostener a Úbeda, un técnico que arrancará cuestionado y con una enrome lupa sobre cada uno de sus movimientos
tras la insólita salida de Zeballos contra Racing. Es cierto que en el
fútbol no hay nada que pueda asegurar resultados, pero las
determinaciones permiten reducir riesgos y/o aumentar las posibilidades
de éxito. Bueno, ratificar al entrenador y desaprovechar el mercado de
pases es directamente autoflagelarse. Justo después de un
final de semestre con una pequeña luz de esperanza que se encendió a
partir de la llegada de Paredes y un puñado de buenos resultados. El
modelo de gestión, que ya estaba agotado, sigue más vigente y firme que
nunca: se sabía que las salidas de Serna y Cascini eran solo para
descomprimir, porque el mando pasa por una sola persona.
El mismo Riquelme que dice que “no hay que volverse locos” por la falta de refuerzos parece disfrutar con llevarle la contra a la mayoría. Como si imponer sus ideas y tener razón fuera lo más importante,
incluso por encima de los intereses del club. Su lectura es que este
plantel es competitivo y que solo es cuestión de tiempo para que
aquellos que todavía no explotaron lo hagan. Mejor dicho, está empecinado en que sus apuestas (las más importantes son Palacios y Velasco) funcionen a cualquier costo.
Lo mismo con Alarcón, Braida, Martegani, Aguirre y Janson, muchos de
ellos ocupando un lugar en el banco de suplentes sin ningún mérito y
relegando a juveniles que quedan olvidados sin siquiera tener la
oportunidad de demostrar si pueden estar a la altura. Ni hablar de otros
que por momentos son apartados y castigados sin saber los motivos.
La
situación se complejiza cada vez más con el paso del tiempo y el
desesperado pedido del hincha por tener a las incorporaciones lo antes
posible ya directamente se trasladó a la súplica de que en algún momento al menos llegue alguien.
Es imposible pensar en la utopía de que los nuevos estén para el inicio
de la pretemporada, algo fundamental para ganar tiempo de adaptación y
preparación (física y futbolística). Ni se confía en que haya negociaciones ocultas que los medios no puedan detectar
-como ocurrió en mercados anteriores- y que Boca sorprenda directamente
con los anuncios oficiales. Seguramente habrá compras, por la
postergación del cierre del libro de pases y los cupos que se obtengan
por ventas al exterior, pero deben ser serias. Los manotazos de ahogado salen mal y esta gestión tiene ejemplos de sobra.
Entre los temas que involucran el armado del plantel también aparecen los 26 jugadores que volvieron de sus respectivos préstamos en enero y los otros seis que aún no debían regresar: de todos ellos solo Weigandt se entrena con el primer equipo. Con esa cantidad -sin contar a los juveniles- el colmo es que Janson seguramente sea el número 9 contra Riestra.
Increíblemente no se reforzó en ese sector y las lesiones de Cavani,
Milton Giménez y Merentiel dejaron a Úbeda sin mucha más opción, con el agravante de que Simoni (goleador de la Reserva campeona) fue cedido a Gimnasia de Mendoza.
Creo que a nadie se le ocurre pedirlo como titular, pero el delantero
de 21 años hizo todos los méritos para ganarse aunque sea la oportunidad
de ser considerado como alternativa. Ya conquistó cinco títulos y en 2025 convirtió 17 goles.
A punto de cumplir tres años sin títulos, el hincha volverá a ir a la cancha con la misma ilusión de siempre. Aunque no esté justificada. Ya se acostumbró a que los resultados son casi una moneda al aire, con el riesgo que esto conlleva. La interminable y ridícula novela por Hinestroza encima no tuvo final feliz. Tampoco habrá caras nuevas. Serán las mismas que vienen de quedar en deuda. Y eso que tenía la chance de encarar un 2026 con un director técnico a la altura, futbolistas que renueven la ilusión y sin River en la Copa Libertadores. En su anteúltima chance de conquistar América antes de las elecciones, Riquelme decidió jugar con fuego. A pesar de lo que diga y sostenga, esto es darle la espalda al simpatizante. No escucharlo. Se le pide ni más ni menos que defienda el prestigio como lo hace con la Bombonera. Así no se cuida al club.


