Chelsea 2 - Bournemouth 2 / Milagro del Bournemounth en Londres

Iraola contra Maresca, Maresca contra Iraola. Dos entrenadores llamados a marcar una época, pero con presente muy gris. Chelsea y Bournemouth llegaban a Stamford Bridge con el objetivo de quitarse las penas. Los últimos resultados obligaban a una victoria. Un partido a vida o muerte donde el empate no valía. Y el espectáculo no tardó en llegar.

Guardiola tiene razón

En el primer minuto Estêvão ya avisaba de lo que iba a ser el partido con un intento de gol olímpico que despejó la zaga sobre la línea. Sin embargo, el gol llegaría en la otra portería. Semenyo, con un saque de banda que casi era una jugada de pizarra, metió una pelota al corazón del área Blue. A la tercera y tras varias paradas de Robert Sánchez, Brooks abrió el marcador. El ghanés, futura bestia de Guardiola, daba la razón a todos los scouts. Es un jugador diferente, casi indescifrable. El Bournemouth perderá un gran activo en enero.

Milagro de Iraola en LondresAction Images via Reuters/Andrew Boyers Andrew Boyers

La alegría duró bien poco a los de Iraola. Al cuarto de hora Estêvão cayó en el área tras ser zancadilleado por el propio Semenyo -no se puede ser perfecto siempre-. El colegiado no vio nada, pero ahí estaba el VAR para rectificar la sentencia y Palmer, desde los once metros, no falló. El Chelsea se gustaba, vaya que lo hacía.

En diez minutos pasó de todo. Primero, por la remontada de Blue. Enzo Fernández, con asistencia de Garnacho, muy señalado por su irregularidad, perforó la red de Kepa con un golazo desde el pico del área. A partir de ahí el Chelsea se hundió porque apenas dos minutos después llegó el empate. Otra vez con Semenyo desde la banda, otra vez por la pizarra, Kluivert batió a placer a Robert Sánchez en el segundo palo.

Estêvão, eres un genio

Milagro de Iraola en LondresEFE/EPA/DAVID CLIFF DAVID CLIFF

Lejos estuvo el complementario de parecerse al primer acto. El Chelsea pecó, como casi siempre, de falta de contundencia, un ‘debe’ que Maresca no ha sabido solventar esta temporada. Arrancó con un Garnacho señalado, saliendo en el descanso tras una actuación gris más allá de la asistencia. Todo lo que no hicieron ni Palmer ni el argentino lo hizo Estêvão en una oda al fútbol más ginga, más brasileño.

Lo suyo fue una exhibición en mayúsculas. Si le dicen que es apenas un juvenil, no se lo creería nadie. Lo suyo fue una pelea mano a mano con un Álex Jiménez sobre pasado por las circunstancias. Entre baile y baile le soltaba algún que otro beso. Sirvió en bandeja de plata el gol a Delap, João Pedro y Enzo, pero ninguno supo convertir. El Chelsea no acompañó a su pequeño genio, ese salido de Franca. Salió ovacionado, exhausto y con las manos vacías. Casi caza a un Iraola que se terminó por rendir en su calidad. 

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