Atlético Baleares 2 - Atlético 3 / Musso evita una resaca
El portero sostuvo al Atleti ante un Baleares que apretó con los goles de Gerardo y Keita, de penalti. Hizo varias paradas, una a Tovar desde los 11 metros. Griezmann, dos veces, y Raspadori goleadores del Cholo.
As
Musso quiere seguir bebiendo de esta Copa, el torneo en el que Oblak es su suplente. El portero fue el mejor de los del Cholo en un partido ante un Segunda RFEF que enseñó por qué los no habituales del Atleti lo son. Si Griezmann puso los goles, sus guantes fueron los que le evitaron a su equipo la resaca ante un Atlético Baleares que, tres categorías por debajo, tuvo el control, las ocasiones y dos penaltis.
Había brotado el Atleti lleno de secundarios en busca de oportunidades, como en un casting, y una estrella, Griezmann, con el brazalete de capitán, que inició el duelo pidiéndose todo. Bajaba, recibía, caía a banda, filtraba y acechaba ante este Atlético Baleares que salió con personalidad y ya una muesca en su currículum esta Copa que decía Espanyol. Un grito congeló todo cuando los rojiblancos ya rodaban alto. Fue en su primera ocasión. Juli Rivas metía la pierna para despejar un centro raso de Raspadori cuando se escuchó un alarido casi animal: a Lenglet se le había quedado la pierna atrás y, en el suelo, se agarraba la rodilla derecha con dolor. Se iría cojeando.
Las tres categorías del Atleti por encima, un Primera ante un Segunda RFEF, se diluían cuando Nahuel tocaba la pelota. De una mala entrega suya tuvo el Atlético Baleares su primera gran oportunidad: dejaría a Durán solo ante Musso para que tapara su puerta y la sacara con el pie. En la siguiente jugada, Grizi marcaría el 0-1 para el Atleti como un Sansón a la inversa: ha sido cortarse el pelo y regresarle todos los goles. Su 205 con la rojiblanca se lo regaló Gallagher. Delicioso control orientado del inglés para regalársela al francés, quien solo tuvo que empujar. Simeone en ese momento sonreía. No quería nervios ni un sonrojo. Cuatro minutos después, el Atlético sumaría el segundo. Fue Raspadori, que entró en el área como locomotora desbocada para cabecear un centro que Nahuel le lanzó como una piedra desde la derecha.
Luis Blanco rebuscaba en la espalda del argentino como tantos otros antes. Siempre es butrón, da igual cuando leas esto. El Baleares solo necesitó un córner porque, lo que una vez fue arma cholista, hoy es drama. Lo provocó, claro, Nahuel con una cesión de cárcel a su portero. Tovar prolongó, Musso repelió el primer remate de Gerardo, pero no el segundo, también de Gerardo, después de que el balón quedase muerto entre un barullo de piernas. Goool se escuchó en ese campo de hierba artificial con gradas supletorias. Por si al Cholo se le olvidaba que sufrir es verbo rojiblanco.
El Atleti desapareció. Hasta Grizi se diluía entre la pobreza generalizada. Almada, invisible. Cardoso, oxidado. Carlos Martín, errático. Solo Raspadori aportaba algo distinto. Giros, verticalidad e intención. Con él pasa como con Pubill. Cuando le ves siempre te preguntas por qué no juega más. Fue el único no habitual que superó el casting.
Y el Baleares regresaría del descanso con ganas de más. Pero en dos mano a mano consecutivos, primero Durán y después Tovar, se toparían con el pie de Musso. El portero ya era el mejor de Simeone ante un Segunda RFEF, triste halago para el resto. Los de Luis Blanco alzaban el mentón ante un Atleti que se olvidaba de presionar si quiera. A la hora, Simeone, superado, introducía a Koke, Barrios y Giuliano para arrancarle el cuero a un Baleares que lo tenía ya por completo, con el juego y las oportunidades. Como si de los dos fuera el grande. Pero con sus titulares el Atleti volvió a hacer fútbol la diferencia de categoría. Un rato.
Si Koke lleva el orden siempre en las botas, Grizi lo subió al marcador tras rematar a placer un gran centro de Galán. 1-3 que no la tranquilidad. Porque el Baleares ocho minutos después estaba en el punto de penalti. Lo había provocado Musso al golpear de puños en la cabeza a un rival en una salida. Él mismo lo arregló con un paradón ante Tovar. El portero se pide otra ronda. Aunque el Baleares aprovechara que el Atleti hiciera aguas en su área y Nico arrollara a Keita que situarle, en el 90’, en el mismo punto. El de penalti. Ese Musso no lo detuvo. Los cuatro minutos de descuento fueron un suplicio para un Simeone que solo deseaba que encendieran las luces del campo, como en los bares, y se acabase ya este partido. Sin dejarle una resaca de las monumentales.


