Atlético 2 -Valencia 1 / Griezmann, el rey de la baraja
El francés hizo el 2-1 para la victoria del Atleti en un partido en el que el Valencia jugó mejor pero tuvo menos tino. Koke hizo el 1-0. Beltrán, el 1-1. Gran Pubill.
Y es que, a los veinte segundos, el Valencia se pudo poner por delante. Regalo de Giuliano a Duro que fue como un pase en su área que el futbolista del Valencia estampó en el travesaño como una pedrà. El Valencia jugaba como cantando eso de “voy que ni toco el suelo”. El Atleti sonámbulo en su tango suicida. Ante ese Valencia bien plantado, que presionaba y no dejaba construir a los del Cholo. Había saltado solo una chispa en el Metropolitano. Y esa era de Corberán, que atacaba más por la izquierda, con Thierry como lateral y extremo haciendo pupa.
Pasaron quince minutos del Valencia en el área de Oblak antes de que el Atleti tuviese la primera en la de Agirrezabala: una contra de Sorloth. Uno de los hombres del Cholo había tomado el balón: “Érase una vez dentro de un mundo gris, luchando por salir una mijita de color”. Esa que todo brotaba de una C de capitán. Un Koke finísimo, como a los 25 años que, en un córner, tuvo tiempo de pensar y hasta tomarse un café, mientras Agirrezabala no blocaba el primer remate de Ruggeri. El Valencia naufragó: Sorloth le hizo sombra a Copete, Pepelu desapareció y, en el segundo rechace, Koke envió la pelota a la red con un disparo raso con la diestra. El Metropolitano explotó ensanchando el alma. Goool.
Con el partido cuesta arriba, el Valencia se pasó desde ese momento buscando el siguiente escalón. Quince minutos después hacía en el área de Oblak un autorretrato del gol recibido en la propia: un córner, varios rechaces y, el tercero, Pepelu rematándolo a la red. Pero un silbido de VAR bajó de los cielos pidiendo amnistía: la rodilla de Duro estaba en fuera de juego. En la jugada siguiente Sorloth no hizo más grande la herida porque, solo ante Agirrezabala, le estampó la pelota en el cuerpo. El Valencia no se quedó en estado de espera. Sino que siguió corriendo hacia el área de Oblak como el coyote ‘montao’ en un Vespino. Con juego fluído, aunque sin tino, ante un Atleti de regreso a la espesura inicial: precipitado, impreciso y varado en ese verso, “si te vas me quedo en esta calle sin salida”. Nico y Julián, en stand-by. Ruggeri, mal. Nahuel, peor. “Agila”, debió de gritar el Cholo en la caseta que es “espabilad” en extremeño. Y dejó en la ducha a Nahuel aunque Pubill tuviese amarilla.
Con Le Normand en el centro de la zaga, Marc se movió a su lugar natural, el lateral. Porque el Valencia quería más, menuda pesadilla. Seguía rascando, triangulando alrededor de la media luna de Oblak ante un Atleti encogido. A los de Corberán ahora no había quien les parara ya los pies. Y, con un latigazo desde la frontal, Beltrán al fin llevaría al marcador el partido sobre la hierba para decirle al Cholo: “Tú en tu casa y nosotros en la hoguera”. Porque el calor y el color eran che. El Atleti seguía sin ser, ni oír, ni dar. Pero en ese momento que ya no estaba Julián, sí lo hacía un francés con ganas de gritarle a su rival favorito: “Soy Griezmann, el rey de la baraja”. Y Grizi recibió un centro magnífico de Pubill para controlar y rematarlo aún mejor, genial. Pero es que Antoine es el rollo de siempre; salid, bebed. Su capa es su cabello rasurado. Después ampliaría Sorloth, pero en fuera de juego. Aunque ahí al Valencia ya se le había roto la cuerda que ataba el reloj. Ganaría el Atleti abrazado a sus viejos rockeros, aún todos llenos de colores.


