Champions (playoff, vuelta) | Benfica 3 - Mónaco 3 / Locura en Lisboa y aviso al Barça
El Benfica, en un partido trepidante, empata contra tres ante el Mónaco, con un gol al final, y se clasifica para los octavos de la Champions. Espera Liverpool o Barcelona.
En la Champions, en la que cualquier detalle, por ínfimo que sea, te envía a casa, el Mónaco volvió a ser endeble en las situaciones límite. Porque, además de perdonar oportunidades flagrantes, siendo casi una temeridad la suplencia de Biereth, siete goles en cinco partidos con los monegascos, sus regalos defensivos volvieron a penalizarle. Pavlidis, un delantero de primerísimo nivel, necesitó media baldosa, un error de Singo en la salida de balón, para asistir a Aktürkoglu a placer.
El resultado no era justo, más bien lo contrario, y el Mónaco, sin embargo, esta vez no se desplomó al primer golpe. Liderados por un omnipresente Akliouche, un talento único, un duende en campo rival, un mediapunta con un cerebro en sus pies, el equipo del Principado empató la contienda. Minamino, esta vez con la ayuda de Trubin, puso las tablas en el marcador. Y, justo antes del descanso, cuando el colegiado ya miraba su reloj para pitar, Akliouche, siempre Akliouche, dejó solo a Embolo en el área, pero el suizo, incomprensiblemente, inclinándose hacia atrás y no atacando la pelota, desbarató el 1-2 con un remate incomprensible por encima del larguero. El silencio fue sepulcral en Lisboa.
El silencio se transformó en funeral en cuestión de minutos. Y se encargó otra vez Akliouche, tocado por una varita, revolucionando cada jugada, de ser verdugo. En una jugada trazada en la banda derecha, tras otra conducción perentoria, el mediapunta asistió a Ben Seghir, que batió a Trubin con un remate inapelable al palo corto. El Benfica estaba contra las cuerdas.
La nueva Champions ha permitido que el espectador pueda disfrutar de partidos sin freno, locos, en los que las dinámicas cambian en cuestión de segundos. El Benfica estaba al borde del precipicio, en la lona, con el público silbándole, pero la defensa del Mónaco, un cuadro, se encargó de ponerle en bandeja su clasificación. Kehrer intentó despejar e impactó sobre el pie de Aurnsnes. El árbitro, que no señaló pena máxima, fue a ver la jugada al VAR y decretó acción punible. Pavlidis no perdonó.
Al partido, un correcalles sin mediocampo, le faltaba un final de infarto, de esos que refuerzan a los adeptos de este nuevo formato de Champions. Porque Ilenikhena, que llevaba un minuto en el campo, rubricó el 2-3 con la inestimable ayuda de Trubin. Y, sin tiempo para reaccionar, con da Luz digiriendo ese jarro de agua helada, Kökcu, solo, sin ningún defensa encimándole, empataba la contienda. El Mónaco claudicó y el Benfica celebró por todo lo alto su pase a los octavos.


