VILLARREAL 1 - ATLÉTICO 2 / Reviven Saúl y el Atleti

El lunes de Pascua vino con doble resurrección rojiblanca: la del canterano, que hizo el gol de la victoria en el 88′, y la del equipo para acabar con la mala racha a domicilio. Witsel había marcado primero, pero Sorloth empató después.

Patricia Cazón
As
Se levantó y anduvo Saúl para que lo hiciera el Atleti. Lunes de Pascua, día de resurrección. De vuelta de los besos en la muñeca del jugador que más lo necesitaba. Ese Saúl que en los últimos tiempos ha sentido el fútbol como una condena y no como lo hacía en aquellas grandes noches siempre prendidas a sus golazos. Llevaba cuatro minutos solo en el campo. Era el 88′, el partido 1-1, cuando Saúl finalizaba una jugada que había pasado por Azpilicueta y Correa. Disparo raso, desde la frontal, pegado al palo y con ese deseo: volver, solo volver. El viejo Saúl, el Atleti a ese lugar Champions que el Athletic le había dejado a tiro de una victoria.

Y eso que enfrente estaban Marcelino y La Cerámica, dos tragos. El Villarreal, condicionado por las bajas, salía sin laterales y una defensa en la que los cuatro eran centrales. Los primeros minutos los jugó como si no lo hiciera en casa. Incómodo, sin ganar un duelo, sin progresar un metro. Enfrente el Atleti salía como no se le recordaba fuera: siendo el Atleti. Verticalísimo y con mando. Riquelme y Lino ocupaban la izquierda intercambiando sus posiciones, de dentro a fuera, Koke comandaba el pivote y Grizi, que bajaba a recibir al centro, jugaba con el esguince por completo pasado. No tardó en sacar el pincel que siempre lleva en la bota para filtrar un pase que a Lino le dejó solo ante Jorgensen. Pero el portero, que es de los que también hacen milagros, sacó con la punta de la bota. Primer aviso salvado. En el segundo le tocaría recoger el balón de su red. Un segundo muy Atleti. Porque el Atleti siempre vuelve, sobre todo cuando no se le espera. Y en Vila-real fue todos los Atleti posibles. El Atleti Aviación, aquel primer Atleti del Cholo para el que los córners eran casi un penalti asomó aquí. Roro lanzaba el primero del partido para que Witsel cabeceara impecable e imparable al corazón de la red en el segundo palo. Y de espaldas. Pero es que el belga es como el dinosaurio del cuento: siempre está ahí, totémico. Y con una cabeza que resta años a su cuerpo. Siempre sabe dónde estar, dónde posicionarse, para marcar, para frenar. Porque ahí estaba, sí, también, cuando el Villarreal se arrancó el mal comienzo y se presentó por primera vez ante Oblak: Witsel haciéndose gigante para lanzarse al suelo y taponar con el pecho un peligroso pase cruzado de Guedes. Renovación ya. Al DNI le saca la lengua en cada partido que juega.

Pudo hacer Memphis el segundo entre Witsel y Witsel en una contra rápida. Lino corrió y el neerlandés disparó, pero Jorgensen volvió a aparecer al final para desbaratar. El Villarreal despertaría para tomar el control porque al partido llegaba ese otro Atleti también: el del paso atrás tras marcar. Tocaba resistir. Con un matiz: cedía el balón pero no el peligro. El amarillo era solo fogueo, disparos en largo de Gerard Moreno que siempre se iban altos. Pidió penalti el equipo de Marcelino por un manotazo de Giménez sobre Mosquera en el lanzamiento de una falta lateral. Pero el balón en ese momento no estaba en juego. Sigan. Y lo que siguió fue el Atleti sin sufrir en su muralla y lanzando, con Roro, escopetazos hacia Jorgensen en contras afiladas sin premio.

Pero si Roro había sido el más desequilibrante del Cholo antes del descanso, durante éste se quedaba en la ducha y su lugar lo ocupaba Savic (Lino se movía al carril y Witsel, al medio). Simeone quitaba talento para meter ladrillo y zasca: si el Villarreal no había disparado a puerta en toda la primera parte, a los cinco minutos de la segunda, a Oblak ya le tocaba recoger el balón de su red. Grizi perdía un balón donde nunca se deben, Coquelin robaba y cedía a Gerard Moreno para que buscara a Sörloth en el borde del área. Control, disparo raso y 1-1. El Atleti había pasado 42 minutos en Champions pero estaba otra vez fuera.

El Villarreal había volteado el juego. Al control total le sumaba el peligro que siempre ronda con Gerard Moreno suelto. Parejo, Capoue y Coquelin hacían y deshacían y Mosquera apabullaba con su físico en el lateral tanto en defensa como en ataque. La versión Míster Hyde del Atleti había aparecido en La Cerámica y los del Cholo ya solo corrían detrás del balón. Sin acción ni reacción. Simeone rebuscó en su banco para corregir ese primer cambio con un triple: Azpilicueta, Morata y Correa. Mejoró el Atleti, pero Llorente se topó con Jorgensen y Morata con el palo antes de temblar con una ocasión de Parejo. Fue justo después cuando Saúl se levantó y caminó para entrar en el campo, disparar raso y celebrar el volver. El Atleti a la victoria fuera, el Atleti a los puestos Champions. Y sus besos en la muñeca.

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