LeBron reclama su corona

Un partido excelso de los Lakers, con el Rey como líder, les da el octavo puesto y volverán a jugar contra los Pelicans en el play in. Los Suns pasan como sextos. Si hay victoria angelina, en primera ronda esperan... los Nuggets.

Alberto Clemente
As
A los Lakers no hay quien los entienda. Es lo que tiene este equipo, imprevisto, anárquico en sus resultados pero constante en las rectas finales de la temporada. Eso es lo que les pasó la temporada pasada, cuando acabaron con nueve victorias en los últimos 11 partidos. En esta han hecho un final también espectacular: 11 de 14. Y siempre, con dudas, el gancho, andando en esa fina línea que separa la oportunidad del oportunismo, el cielo y el infierno. El pesimismo y la esperanza. Son las sensaciones que transmite una plantilla que, tras hacer una de las peores actuaciones en Memphis (en un partido que ganaron), han dado una exhibición extraordinaria en Nueva Orleans para batir a unos Pelicans (108-124) que han sido meros juguetes en manos de un rival neta y completamente superior. Y que, cuando muestra esta imagen, parecen imbatibles. Garra, rebote, defensa, insistencia en percutir la zona, trabajo colaborativo, esfuerzo común, contraataque, fuerza... Y, si a todo eso le juntas que los triples entran, te encuentras una cosa impresionante.

Es lo que llevó a los Lakers a las finales de Conferencia de la temporada pasada y a la victoria en el In-Season en la presente. Y es el plan que tienen que seguir: con Rui Hachimura en el quinteto titular al lado de Austin Reaves, D’Angelo Russell, LeBron y Anthony Davis suman un récord de 18-6 este curso. Fue con quintetos altos cuando los Lakers ganaron el anillo de 2020 y con lo que mejor funcionan ahora, por mucho que al eternamente cuestionado Darvin Ham le haya costado tanto introducir en liza a Hachimura. El técnico, por cierto, ha estado muy bien hoy en los tiempos muertos, las rotaciones y el planteamiento del partido ante unos Pelicans que son una de las víctimas favoritas de los angelinos. Les arrollaron en la Copa NBA, les han torturado ahora y tienen una cita con el destino en el play in, que se celebrará en la noche del martes al miércoles. Ahí será donde se decida el destino de ambos equipos... con muchas variantes.

Antes de contarlas, al partido: los Lakers nunca fueron por detrás, mandaban 24-30 al final del primer periodo y 70-53 al descanso. Se zafaron en defensa liderados por un LeBron que hizo lo que quiso ante Zion Williamson (12+8+8, pero 4 de 13 en tiros y 4 pérdidas). El Rey, que resolvió el partido ante los Grizzlies anotando los últimos 6 puntos del choque, consiguió un triple-doble de 28 tantos, 11 rebotes y 17 asistencias (llevaba 8 en los primeros 7 minutos), con un 11 de 20 en el lanzamiento y perfecto (6 de 6), desde la personal. Es la 20ª temporada consecutiva que pasa de los 25 puntos de promedio, todo un récord para un hombre casado con la historia, que no quiere rendirse y que ha hecho de la longevidad su último argumento para convertirse en el mejor jugador de la historia. Los Lakers, liderados por su eterna figura (que robó 5 balones), llegaron a ir 32 arriba y se permitieron el lujo de dar descanso a los titulares al final. Anthony Davis funcionó a la perfección (30+11+3) y dominó a Jonas Valanciunas, que apenas jugó 7 minutos y presenta un problema de emparejamiento enorme que Willie Green deberá resolver en muy poco tiempo. Es lo que tiene el play in.

Los Lakers lanzaron con un 38% en tiros de campo, dominaron el rebote (47 a 41) y provocaron 19 pérdidas en sus rivales, siempre implicados en las líneas de pase y con buenas manos. Agresividad y talante. CJ McCollum, que martilleó a los Warriors en el partido anterior, llegó a 25 tantos, pero no pudo inclinar la balanza. Y Brandon Ingram, que no jugaba desde el 21 de marzo, empezó con 4 de 5 en tiros de campo, pero se fue diluyendo hasta acabar con 13 al final. Nada que ver con los 20 de Austin Reaves o los 19 de un D’Angelo Russell que esta vez no mostró su inconsistencia habitual, tendente al error (5 de 10 en triples). Hachimura llegó a los 11 tantos. Y Taurean Prince aportó 9 desde el banquillo y estuvo certero en los dos lados de la pista. Los Lakers ya están aquí: motivados, unidos cuando parecía que no y centrados en el objetivo. Con LeBron y Davis sanos. Pero con un camino tumultuoso en caso de ganar el próximo día... Entre otras cosas, porque no son los únicos que han jugado hoy.

Los Nuggets, en el horizonte

En una jornada en la que jugaban los 30 equipos de la NBA, han pasado cosas. Los Suns han conquistado Minnesota (106-125, con 36 puntos de Bradley Beal), algo que necesitaban para evitar el play in unido a la derrota de los Pelicans y se hacen con el sexto puesto, precisamente contra unos Wolves que no han dejado muy buena imagen de cara a lo que viene. ¿Qué quiere decir esto? Los Nuggets son segundos, detrás de los Thunder. Es decir, que si los Lakers ganan en Nueva Orleans se las verán con el eterno rival, el que les metió 4-0 el curso pasado en playoffs, al que no han conseguido ganar en ninguno de los tres partidos esta temporada. Ya se sabe: la Mile High de Colorado, un Nikola Jokic celestial y un rival que les tiene cogida la medida, especialmente en la altitud de Denver. El peor emparejamiento que no podía ser muy distinto, ya que si los Suns hubieran perdido tendrían que haber viajado a Arizona.

Los Pelicans parecen más accesibles en este aspecto, pero ganar te lleva a una primera ronda ante los Nuggets. Y, en caso de perder, se enfrentarían a Kings o Warriors, que han ganado sus respectivos partidos contra Blazers (121-82) y Jazz (126-116, sin Stephen Curry ni Draymond Green por descanso y asumiendo Steve Kerr que era misión imposible acceder al octavo puesto). Es decir, que especular no viene bien a nadie y lo mejor que pueden hacer los Lakers es dejarse de cuentas y conseguir su billete a la fase final en la noche del martes al miércoles (a la 01:30). Luego, ya se verá. Al fin y al cabo, nunca han rehuido de las grandes batallas, ni los angelinos ni un LeBron que ha bebido de la fuente de la juventud, ha cuajado una regular season estupenda y va a estirar todo lo posible el curso baloncestístico. Cueste lo que cueste. Es lo que tiene ser el Rey: lo normal, claro, es que reclame su corona.

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