El abrupto e insólito final de un sangriento conflicto de 30 años

Armenia y Azerbaiyán pelearon una guerra intermitente de tres décadas por el control del enclave de Nagorno Karabaj. De pronto, la distracción de Rusia en la invasión a Ucrania, el acercamiento del gobierno armenio a Occidente y una pelea interna en la región separatista, lograron un inesperado final

Lo cierto es que, tras sobrevivir a más de tres décadas de guerra intermitente y a la presión de las grandes potencias exteriores para que renunciara, o al menos redujera, sus ambiciones como país independiente con su propio presidente, ejército, bandera y gobierno, la República de Artsaj, dentro de las fronteras internacionalmente reconocidas de Azerbaiyán, se derrumbó casi de la noche a la mañana. Un insólito fin que sorprendió a todos en Occidente.

La policía de Azerbaiyán se llevan preso a Ruben Vardanyan, el hasta esta semana jefe del gobierno de la región separatista armenia de Nagorno-Karabakh. (State Security Service of Azerbaijan/Handout via REUTERS)
La policía de Azerbaiyán se llevan preso a Ruben Vardanyan, el hasta esta semana jefe del gobierno de la región separatista armenia de Nagorno-Karabakh. (State Security Service of Azerbaijan/Handout via REUTERS)

Las cadenas de televisión internacionales mostraban en las últimas horas a familias enteras que huyeron casi con lo puesto por un estrecho corredor controlado por las tropas azerbaiyanas. “Vino el jefe de la aldea y nos dijo que nos marcháramos porque “los turcos” -un insulto común para los azerbaiyanos- estaban cerca… Matarán a los niños y les cortarán la cabeza”, contó uno de los refugiados. Y agregó que esta es la tercera vez que huye de su pueblo, Nerkin Horatagh, por los enfrentamientos. “Siempre guerra, guerra: treinta años de guerra”, agregó.

Nagorno Karabaj es una región de Azerbaiyán poblada mayoritariamente por habitantes de etnia armenia, cristianos ortodoxos. En Azerbaiyán conviven 80 etnias, aunque la mayoría de sus habitantes son azeríes, que hablan una lengua túrquica, y son musulmanes. El enclave, muy montañosa, tiene una extensión de unos 4.400 kilómetros cuadrados.

La zona tenía reconocimiento legal y autonomía dentro de la provincia azerbaiyana soviética. En 1988, con el régimen de Moscú ya en crisis, surgió un movimiento separatista, partidario de unirse a la vecina Armenia. Tras la desaparición de la URSS y la independencia de ambas repúblicas en 1991, se inició una guerra entre los nuevos estados por la posesión de Nagorno Karabaj. Este primer conflicto terminó en 1994 con una victoria armenia. Los secesionistas proclamaron la autodenominada República de Artsaj, aunque sin reconocimiento internacional. Las tropas armenias conquistaron además parte del territorio azerbaiyano en torno al enclave, lo que les garantizó una conexión terrestre con Armenia y provocó una oleada de refugiados azeríes.

Refugiados de Nagorno-Karabakh llegan a Kornidzor, en la frontera con Armenia. La mayoría de la población del enclave armenio huyó por temor a una limpieza étnica por parte de los azeríes. (REUTERS/Irakli Gedenidze)
Refugiados de Nagorno-Karabakh llegan a Kornidzor, en la frontera con Armenia. La mayoría de la población del enclave armenio huyó por temor a una limpieza étnica por parte de los azeríes. (REUTERS/Irakli Gedenidze)

La euforia por la victoria se apoderó de Armenia. Tanto que cuando el primer presidente postsoviético armenio, Levon Ter-Petrosyan, quiso hacer un acuerdo de compromiso sobre Nagorno-Karabaj, en 1998, tuvo que renunciar. A su colega azerí no le fue mejor. Abulfaz Elchibey fue culpado por la derrota, derrocado y sustituido por Heydar Aliyev, líder de la era soviética en Azerbaiyán y antiguo jefe de la KGB, padre del actual presidente.

El conflicto permaneció “congelado”, con enfrentamientos ocasionales, hasta 2020. En ese tiempo, Azerbaiyán tuvo un importante desarrollo económico, principalmente apoyado en las exportaciones de gas, y se rearmó gracias al apoyo de su aliado, Turquía, que le proveyó de armas. También Israel, le vendió drones y sistemas de misiles a cambio de información de inteligencia sobre su vecino, Irán.

Los líderes de Rusia y Azerbaiyán, Vladimir Putin y Ilham Aliyev, durante una conferencia de paz por Nagorno Karabaj en 2021. Ahora, Rusia, no intervino. (Kremlin/dpa)
Los líderes de Rusia y Azerbaiyán, Vladimir Putin y Ilham Aliyev, durante una conferencia de paz por Nagorno Karabaj en 2021. Ahora, Rusia, no intervino. (Kremlin/dpa)

El actual presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, alimenta desde hace años el odio contra los armenios. En 2012, Aliyev indultó, ascendió y aclamó como un héroe a un militar azerbaiyano que había sido condenado en Hungría por asesinar con un hacha a un compañero armenio en un curso de la OTAN. Tras cumplir seis años de cadena perpetua en Hungría, el asesino fue enviado a Azerbaiyán, que había prometido mantenerlo en la cárcel. Fue recibido en el aeropuerto con flores y puesto en libertad.

En Ereván, la capital armenia, miles de manifestantes se reúnen cada noche desde la semana pasada en una céntrica plaza para gritar maldiciones al primer ministro Nikol Pashinyan por no enviar tropas a defender a sus parientes étnicos. Aparentemente, hubo una lucha interna entre los armenios de uno y otro lado en las últimas semanas. Diferentes grupos políticos de Stepanakert, la capital de la república separatista, se enfrentaron en una lucha por el poder, forzando la salida de su presidente electo tras acusarlo de no actuar ante la tormenta que se les venía encima. El parlamento local eligió presidente a Samvel Shahramanyan, un antiguo funcionario de seguridad, que tampoco logró el apoyo del ejército armenio. Ante ese vacío de poder es que se apresuró a actuar el ejército azerí.

Rusia quiere ahora pasarle factura al gobierno armenio por lo sucedido. El canciller, Serguei Lavrov, advirtió de un futuro “muy poco envidiable” si los armenios intentan distanciarse de Rusia y tienden lazos cada vez más estrechos con Estados Unidos. Reconoció en una entrevista con la agencia TASS que en Ereván son muchas las voces que quieren desligarse de los vínculos con Moscú y “hacer nuevos amigos” en el continente americano. Pero aclaró amenazadoramente que es “imposible” desligar a Rusia de la región del Cáucaso sur a niveles “histórico, geográfico y geopolítico”.

Manifestantes se enfrentan a la policía durante una protesta contra el primer ministro Nikol Pashinián, en Ereván, Armenia, por no haber intervenido en Nagorno Karabaj. (Vahram Baghdasaryan/Photolure vía AP)
Manifestantes se enfrentan a la policía durante una protesta contra el primer ministro Nikol Pashinián, en Ereván, Armenia, por no haber intervenido en Nagorno Karabaj. (Vahram Baghdasaryan/Photolure vía AP)

El premier armenio, Nikola Pashinián, llegó al poder por una revolución popular y con una línea de desarrollo pro Occidental. Desde entonces intentó despegarse del conflicto de Nagorno Karabaj y emprendió algunas negociaciones secretas con Bakú que no tuvieron ningún resultado. La distracción de Moscú por la invasión a Ucrania le permitió acercarse a Francia y la India y abandonar las posiciones nacionalistas. También recibió a miles de exiliados rusos muy calificados.

Pareciera que tanto los armenios como los azeríes están interesados en este momento en avanzar varios casilleros y olvidar el antiguo conflicto. Pero mucho dependerá de si logran cerrar las heridas que siguen siendo muy recientes y no se produzca la tan temida limpieza étnica de la que hablan los refugiados del enclave. Las fuerzas nacionalistas siguen muy fuertes en ambos lados de la frontera. Rusia acecha. Y queda pendiente el corredor que atraviesan las montañas de Zangezur, dentro del territorio armenio, pero que es esencial para comunicar a Turquía, Irán, Azeribayán, Georgia y Rusia, con una salida por el Mar Negro y otra por el Mar Caspio.


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