La Boca llena de gol...azos

Definió la llave con dos jugadas sacadas de otro partido y la jerarquía de su trío de ataque: Medina, Pipa y Merentiel. La vuelta de Zeballos también ilusiona.

Boca necesitaba un triunfo para seguir este período de oxigenación. No es un triunfo más, porque esto le permite avanzar en la Copa Argentina, que puede ser un objetivo en sí mismo y además es un pasaporte a la Libertadores 2024, a la que el equipo aún no tiene pasaje. La relevancia de este partido, con el campeonato ya terminado a manos de River, era entonces suprema. Tal vez eso explique el primer tiempo y hasta un rato del segundo: piernas atadas, poca elaboración, salidas desprolijas, control de pelota pero no del juego. El rival era Barracas, no Nacional de Montevideo, y Boca igual lo sufrió. La otra explicación puede estar en el nivel de algunos jugadores -baja toda la defensa- y en algunas decisiones controversiales de Almirón, como insistir con Advíncula de 4. El peruano es cada vez menos lateral, al punto de hacer mal un saque de manos, lo que se supone debería ser la especialidad de un lateral: lo hizo hacia el medio y lo interceptaron, con tan mala fortuna que la jugada terminó en el descuento de Barracas. El 1-2 que mantuvo la incertidumbre y la angustia hasta el final. 

Por qué Almirón rompe lo que está sano no se entiende. La sociedad Weigandt-Advíncula, una creación suya, es de las pocas certezas que tiene el equipo. Incluso en el partido pasado, cuando el peruano volvió de su lesión, funcionó como si jamás se hubiera discontinuado y terminó en un gol. Por qué mandó al Chelo al banco es una incógnita. ¿Tendrá miedo de que juegue bien y no se justifique la compra de Blondel? Todo un caso. Sin esa sociedad, y con un Fabra en modo indolente por el otro lado más un Barco que no estuvo preciso, los desbordes para el doble 9 nunca llegaron. Y ahí es donde entra a tallar la jerarquía. El primer gol, un golazo de otro país por donde se lo mire, tuvo a Pipa en su función de asistidor tirado a la derecha, a Merentiel como pivot y a Medina como el genio de la lámpara. El segundo, unos minutos más tarde (apenas cortados por el entretiempo), volvió a mostrar la categoría en el pase de Benedetto, el shock de confianza que vive Medina y la definición de 9 del uruguayo. 

Total: Boca ganó por sus jugadores, como lo hacía en tiempos de Battaglia y de Ibarra. No por el funcionamiento que había mostrado en algunos otros partidos de la era Almirón -acaso el de Gimnasia fue la versión más elevada-. La otra gran noticia de la noche de Santiago del Estero fue la vuelta del Changuito Zeballos. Picantísimo, como si no llevara tanto tiempo parado. Desbordó, pateó al arco, gambeteó, reventó el travesaño de un tiro libre. Otro solista virtuoso en medio de una orquesta que de a ratos desafinó bastante.

Tendrá que definirse Almirón, tomar decisiones firmes y sesudas para lo que viene. No hay mucho más tiempo para pruebas y lo conveniente sería aceitar el funcionamiento con lo que hay. A dos semanas de los octavos, será difícil que lleguen refuerzos que marquen la diferencia, que se pongan la camiseta y jueguen, tipos que se inserten y cambien al resto del equipo con su sola presencia. De hecho, ni siquiera está claro que la dirigencia esté buscándolos. Así que a aguantar los trapos con lo que hay. A cerrar filas y seguir para adelante. Si cae del cielo algo mejor, bienvenido. Por ahora, lo mejor que podemos hacer es poner los pies sobre la tierra y pisar firme. A lo Boca.


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