La Bestia Boca

Merentiel definió el partido, Advíncula la rompió de wing, Almirón sorprendió y acertó... El equipo arrancó con todo una semana clave y la Bombonera fue una fiesta.

Tiene varios dueños esta fiesta. Merentiel desató el carnaval final con esa corrida eléctrica en la que se cargó solito a Sigali, a Insúa y a Arias. Pero antes de que él definiera esta película a la que el gol de Reniero y las definiciones inconcebibles de Villa le habían puesto suspenso, hubo otros animadores. El principal, Jorge Almirón, con un hallazgo táctico que resultó un pleno absoluto y que le valió el reconocimiento de sus propios jugadores. La posición de Advíncula como extremo rompió a Racing. El peruano no sólo fue clave y gran figura por la asistencia a Pol Fernández en el segundo gol, sino por el desgaste a Piovi, por preocuparlo y por contenerlo, por otro pase gol a Villa inexplicablemente perdido, por el entendimiento con Weigandt. El técnico transformó un problema en una solución: el lateral no venía bien, responsable de varios goles en general por sus excursiones sin vuelta, y se transformó en una llave de ataque. Es fácil imaginarlo en ese misma función el próximo domingo en Núñez, aunque Demichelis ya esté advertido del peligro.

Hubo, también, otros jugadores en buen nivel. Romero sacó un par de pelotas difíciles y no sufrió tanto los centros; Pol Fernández volvió a ser por una noche ese jugador importante que Riquelme decidió recuperar; Vázquez se rompió el lomo aunque necesite que le salga una para terminar de destaparse; Payero fue importante por el gol, por los circuitos de juego que genera, y su expulsión es acaso el único dolor del clásico; Equi Fernández tuvo un buen ingreso; Barco levanta a la gente, que ya lo había adoptado antes de que redebutara con Almirón: le falta sopa, le falta crecer y decidir mejor, le sobra calidad.

Algunos trazos ya reconocibles del Boca de Almirón: una presión más alta (de a ratos), una marca más agresiva y menos pasiva, circuitos de pases, contribución de los volantes en el arco de enfrente -algo que el equipo venía sufriendo-, un equipo más corto y versátil, que se adapta mejor a las necesidades que surgen en pleno partido. Hubo momentos de tensión, claro, pero el partido se habría definido mucho antes si Villa no hubiera sido el desastre que fue: un empate de Racing lo habría crucificado como el gran responsable. Por suerte -para él y para Boca- no llegó.

Si había un momento para despegar, era éste. La Bestia Merentiel gritó su gol con furia, la Bestia Boca despertó después de un letargo prolongado, la gente se fue feliz. Contra Pereira, fue mucho más un desahogo que otra cosa. Frente a Central, el empate en el descuento fue un alivio y un premio. Esto es otra cosa, es fiesta. La sonrisa de vuelta en los rostros. La ilusión. Y un pedido final, el de siempre: "El domingo, cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar".  


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