La frustración desata el caos en Irak con una ola de protestas y una treintena de muertos

Los manifestantes exigen la dimisión de los políticos "corruptos" y más empleos para los jóvenes

Ángeles Espinosa
Dubái, El País
Irak ha estallado de nuevo. Miles de manifestantes, sobre todo jóvenes, han vuelto a tomar las calles este jueves para reclamar servicios públicos, puestos de trabajo y que se acabe con la corrupción. La protesta, que se inició de forma aparentemente espontánea en Bagdad la semana pasada, se ha extendido a varias ciudades del sur del país, a pesar de que los antidisturbios han usado armas de fuego. La violenta respuesta policial ha dejado una treintena de muertos, además de cientos de heridos, y pone contra las cuerdas al Gobierno de Adel Abdel Mahdi.


Las autoridades, que se han visto desbordadas por la movilización, impusieron de madrugada el toque de queda en Bagdad y otras ciudades, sin demasiado éxito. Además, en un intento de acallar a los manifestantes, cortaron el acceso a Internet en buena parte del país. Pero ello no desanimó a los centenares de jóvenes reunidos en la plaza de Tahrir (Independencia), en el centro de la capital, que mantuvieron su desafío a pesar de los gases lacrimógenos que les lanzaba la policía, según informaciones de las agencias de noticias.

No está claro qué ha desatado la repentina furia de los iraquíes. Pero dos años después de que las autoridades proclamaran el fin de la guerra contra el Estado Islámico (ISIS en sus siglas inglesas), muchos jóvenes, especialmente licenciados universitarios, están perdiendo la paciencia y la esperanza. El 60 % de los 39,5 millones de iraquíes tiene menos de 25 años, según datos de la ONU, y el desempleo juvenil ronda el 40 %. Las protestas parecen fruto de esa frustración.

“Resulta inconcebible que haya 83.000 extranjeros empleados en Irak cuando los jóvenes iraquíes no pueden encontrar trabajo”, se quejaba un chico identificado como Alnael en Twitter donde bajo la etiqueta “protesto por mis derechos” se anima a participar en las manifestaciones.

Ningún partido político ni líder religioso parece estar al frente de este movimiento popular, aunque el miércoles por la noche el populista clérigo chií Muqtada al Sadr animó a sus seguidores a que organizaran “sentadas pacíficas”. Si los sadristas, que ya paralizaron el país en 2016, se unen a los manifestantes, tal vez cambie el carácter de la protesta. Hasta ahora no ha tenido una afiliación comunitaria particular, aunque la brecha geográfica apunta hacia la población chií predominante tanto en Bagdad como en el sur, donde se están produciendo los incidentes; al norte y al oeste de la capital así como en el Kurdistán (todas zonas de mayoría suní) se mantiene la calma.

El mayor número de muertos, diez manifestantes y un policía, se produjo el miércoles en las ciudades sureñas de Naseriya, Kut y Amara, según la Comisión de Derechos Humanos (gubernamental). Además, seis resultaron muertos el martes también en el sur y dos más en Bagdad, y hay al menos un millar de heridos en todo el país, según la misma fuente. Las protestas también han alcanzado a Nayaf, Babilonia y Basora, la ciudad petrolera meridional.

No es la primera vez que los iraquíes se manifiestan contra la penuria de agua potable, electricidad y empleos. El año pasado las protestas fueron más violentas. La población culpa a políticos y funcionarios de la corrupción que impide la recuperación tras años de conflicto sectario y que convierte a Irak en el 12º país más corrupto del mundo, según Transparencia Internacional. Algunos eslóganes piden la dimisión de Abdel Mahdi, que aún no ha cumplido un año como primer ministro.

Los agentes intentaban por todos los medios que los manifestantes no cruzaran el puente de Al Yumhuriya (La República) que conecta con la Zona Verde, donde se encuentran la mayoría de los ministerios y embajadas extranjeras, incluida la legación de EE. UU. Antes del amanecer se habían producido varias explosiones en esa área, aunque no causaron daños y tampoco parece que tuvieran relación con las protestas.

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