Wilstermann ganó con sacrificio y por el talento de Chávez
José Vladimir Nogales
JNN Digital
Wilstermann eligió la noche más imprevista para darse a la épica. Encabezado por Christian Chávez, autor de un partido glorioso, superó todas las dificultades que encontró en un choque que parecía su tumba. Cansada de soportar malas noticias, la afición se preparó para lo peor después de la expulsión de Lucas. Era el típico encuentro de consecuencias imprevisibles, porque la borrasca de una crisis habría de superar con mucho la decepción de una eventual caída. Todo al inicio de la segunda ronda, con 39 unidades por jugar, cuando cualquier equipo tiene garantizado cierto crédito, por pequeño que sea. Pero después de la exclusión de Lucas, Wilstermann parecía condenado a un curso trágico Con una hora por jugar, el partido quedó para la tragedia o para la epopeya. No había término medio. Fue la epopeya.
Más que jugar un gran partido, Wilstermann lo conquistó (venció 2-0). Chávez se encargó personalmente de conseguirlo. Una frivolidad del golero Jordán le dejó el balón para habilitar a Saucedo, que llegó vació y sediento de sangre. Pero Chávez había comenzado a desplegarse antes, refractario a una compleja coyuntura que exigía una contundente respuesta grupal, con indiscutible autoridad, por encima del imperio de la matemática.
Pasado el acelerón inicial, Always perdió energía, el valor más importante de su fútbol en estos momentos. Smedberg y Enoumba no eran capaces de ordenar nada. Bejarano pasaba por esas fases de atonía que le caracterizan y Ovejero, desabastecido y sin espacios, comenzó a diluirse. En caso de dudas, y no hace falta mucho para que aparezcan, Ahvays busca por alto a su correoso delantero como recurso insistente de su plan.
La exclusión de Lucas, por un descalificador planchazo sobre Andaveris (fractura de tibia), inflamó el partido. ¿Qué hizo Wilstermann ante la dificultad de perder un hombre? Multiplicó esfuerzos en el medio -Ortiz cuajó un gran partido-, ocupó criteriosamente los espacios (dibujó un 4-4-1), enladrilló su área y espació los contraataques ¿Por qué Always Ready no usufructuó su coyuntural superioridad numérica? Porque Baldivieso no supo dónde colocar el hombre demás que disponía. Al dejar dos centrales ociosos en el fondo, marcando a nadie, neutralizó aquella decisiva ventaja (mucho peor si Cuéllar, el más libre de los centrales, se dedicó a lanzar tóxicos balonazos para nadie). Wilstermann se acomodó a un juego sin ariete, dejó flotando a Chávez para enturbiar la salida del rival y desahogar al fondo. A Wilstermann le alcanzaba con sostenerse en su última línea, esperando que los del medio enhebraran algún contraataque.
El segundo tiempo fue un contundente ejercicio de determinación. Esta vez se sentía exigido, además, por la gravedad del momento. Uno a uno, comenzaron a aparecer sus mejores futbolistas. A Saucedo se añadió Ortiz. Y a Ortiz le siguieron Reyes, Meleán, Galindo y Montero. Serginho cobró importancia nuevamente. Pero surgió Chávez. Irrumpió el jugador cuya calidad está por encima de cualquier límite. En medio del infecundo del infecundo asedio rival y del sufrimiento de la hinchada, Chávez llevó literalmente a Wilstermann a la victoria. Marcó, corrió, ordenó, derrochó energías y fue decisivo en el segundo gol, metiendo el pase mortífero para que Serginho empujase el balón a la red. A esa altura, la impotencia de Always Ready sólo podía reflejarse en algún conjunto de versos elegíacos. Wilstermann, en cambio, expuso entereza y autoridad para metabolizar la amputación de un órgano sin padecer en demasía. Lo concreto es que Wilstermann supo imponerse a las adversidades y redondeó un 2-0 justo.


